sábado, 3 de octubre de 2009

La turística roca de Saint Michel (23/09/08)

Por la mañana conocimos al chico, realmente amable y atento, del albergue. Nos contó que cuando se fue para su casa el día anterior nos estuvo buscando por la carretera por si íbamos andando. También nos dijo que teníamos que haber parado en St Maló y de ahí coger un bus hasta el albergue. Pagamos (17€ por noche y persona), desayunamos y nos acercó a la parada más cercana de autobús para ir a Mont Saint Michel.

Para ir a Saint Michel desde allí tuvimos que coger un bus hacía Pontonsson (2’4€) y allí montamos en otro bus (2€) para llegar. Los conductores son muy majos, toda la gente bretona que nos encontramos fue realmente amable. Tardamos una hora o más en llegar a la hermosura del destino.

El lugar dónde se encuentra esta majestuosa abadía gótica es impresionante. Aunque ya no es lo que era. Siglos de acumulación de sedimentos en torno a la maravilla francesa de Mont Saint-Michel han propiciado que el continente se acerque más de la cuenta. De los cuatro kilómetros que mediaban hace siglos entre la tierra firme y la roca se ha pasado por el efecto del hombre y el turismo a unas decenas de metros.
Más de tres millones de turistas visitan cada año este lugar clasificado Patrimonio Mundial de la Unesco por partida doble: por su bahía, que se extiende sobre 500 kilómetros cuadrados, y por la joya arquitectónica que representa su abadía gótica, construida desafiando la geografía de la roca de granito.

Precioso, pero la masificación hace que pierda encanto, sus calles abatidas de turistas, autobuses y coches a la entrada del monte; un pueblo donde no hay población, sólo tiendas, restaurantes, museos y turistas. Para entrar en la abadía pagamos 16€ con audio guía. Lo recomiendo, las vistas que hay desde lo más alto son lo mejor. Sólo un tercio de visitantes se atreve a subir los 80 metros de altura que hay a la cima, el resto se queda atrapado en la principal calle del pueblo. En verano dicen que hay hasta 1 hora de cola para entrar en la Abadía.

Por la tarde nos fuimos a ver St Maló. Volvimos a coger un bus hacia Pontonsson (2€) y de ahí otro para la ciudad de los piratas (2’35€). Esta ciudad fortificada no es muy conocida, pero es muy bonita, muy bien restaurada y con mucho encanto. No tuvimos mucho tiempo para verla; volveremos a la Bretaña, eso sí, con coche. Por la noche cogimos otro bus hacia el albergue (1€) y pasamos una agradable cena con una catalana, contándonos experiencias de viajes en la cocina del albergue. Los únicos despiertos y cenando a las diez de la noche.

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