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martes, 26 de diciembre de 2017

Antes de llegar a Alaska te enamoras de Yukon

Inmersos en la Alaska Highway tocábamos tierra en el Territorio del Yukon, la provincia canadiense puerta de entrada a Alaska. Allí comenzaríamos a descubrir el enorme significado de los ríos Yukon y Klondike en la historia de ese remoto lugar del mundo. Y gracias a una casualidad viviríamos un encuentro único en nuestro viaje. 

ETAPA 3: DE WATSON LAKE A LA FRONTERA CON ALASKA

Yukon, dicho así, no dice mucho. Para nosotros, mientras vivíamos en Penticton, en una zona bastante cálida para ser Canadá, el nombre de esta provincia canadiense nos sonaba a frío, montañas y osos. Poco o nada sabíamos de su apasionante historia, pero para eso estábamos aquí. Pasamos la noche en Watson Lake, cruce de caminos entre los viajeros que usan la Alaska Highway y la Stewart-Cassiar Highway, en el camping ubicado a las afueras. Esta noche descubrimos que por mucho que leyéramos carteles nuestro miedo vencía al sentido común. Antes de ir a dormir fuimos al baño, apropiados con todas nuestras armas: el spray de osos, ojos y oídos atentos. Al primer sonido (a nosotros nos pareció un rugido, pero vete tú a saber), actuamos de la forma en que te dicen que no actúes: nos giramos y salimos como alma que lleva el diablo del bosque. Sí, ya lo sabemos. Hay que andar de espaldas al peligro (si es que lo había, igual era un mapache), no hay que huir, hay que hacer sonidos. Y no lo cumplimos. Pero estamos vivos, que es lo que importa.

El camping donde nos jugamos la vida para ir al baño...
A la mañana siguiente visita a la oficina de turismo, con wifi, que no es que nos sobrara estos días atrás, y junto a uno de los lugares icónicos de Yukon. Allí nos encontramos con un español en bicicleta. Hola, qué tal, encantados, adiós. Poco más. Por ahora. Dedicamos toda la mañana a visitar el famoso Sign Post Forest, un bosque de postes de madera lleno de señales de todas partes del mundo. Aquello comenzó como suelen comenzar muchas cosas buenas, con la morriña. La morriña de un soldado estadounidense, Carl Lindley, que en 1942 trabajaba en la construcción de la Alaska Highway y echaba de menos su pueblo, así que decidió colocar un cartel con el nombre del lugar y la distancia a la que estaba de casa: Danville, Illinois, 2835 millas. No sabía el bueno de Carl que cuando fue invitado 50 años después, en el ocaso de su vida, allí había más de 60 mil señales llegadas de todo el mundo. Había creado un punto obligado en el viaje a Alaska para miles de personas al año.


Arriba, la imagen de Lindley en sus días en Yukón; abajo, el bosque de señales de Watson Lake.
Seguimos la ruta, ya que queríamos llegar lo antes posible a Whitehorse, la principal ciudad de Yukon. El camino es pura naturaleza. El manto verde de las copas de los árboles se extiende kilómetros alrededor de la carretera, con enormes montañas nevadas en el horizonte. Hay pueblos minúsculos, lagos salpicados por el terreno y los ríos más anchos que hemos visto. Para que os hagáis una idea, la extensión de Yukon es muy parecida a la de España y la población similar a la de la ciudad de Soria. El 70% vive en Whitehorse. Kilómetros y kilómetros sin ver nada más que unas pocas casas que forman diminutos pueblos. Y a su alrededor la naturaleza salvaje.


Dos imágenes de Yukon, con lagos y ríos junto a bosques y montañas nevadas.
Llegamos a Whitehorse y fuimos directos al aparcamiento del Walmart donde pasaríamos la noche. Al llegar nos sorprende algo: hay decenas de caravanas y furgonetas en el aparcamiento, muchas más que en cualquier otro aparcamiento. Buscamos un buen lugar donde nos gusten nuestros “vecinos” y entramos al supermercado. El ambiente es casi el de un camping. Las familias hablan entre ellas, pasean a sus mascotas, van a la cafetería, comen el McDonald´s. Tenemos pensado pasar tres noches aquí, así que nos entró la curiosidad de saber si también serían así. Antes de dormir disfrutamos del Sol de Medianoche, que no es otra cosa que luz solar durante las 24 horas del día. Hay que cerrar bien las cortinas de Abedul.

Al día siguiente visita a Whitehorse, que no es que sea una gran ciudad pero tiene sus cosas. Principalmente queremos descansar de carretera y pasear tranquilamente sin pensar en que un puma te va a estar devorando 15 minutos después. Whitehorse tiene un par de calles con edificios bonitos de la fiebre del oro, una oficina de turismo enorme y bien cuidada, el río Yukon y un barco de principios de siglo, el SS Klondike. Lo visitamos gracias a nuestro Pase Anual de los Parques Nacionales de Canadá, gratis por ser el 150 aniversario del país, y aprendemos detalles curiosos sobre la fiebre del oro. Por ejemplo, que el viaje en barco desde Whitehorse a Dawson City, centro neurálgico de la búsqueda del oro, tardaba apenas un par de días (en coche son unas 7 horas), mientras que la vuelta se hacía en 5 por culpa de las corrientes. O que el billete de vuelta era 10 veces más caro para obligar a la gente a quedarse en Dawson City y repoblar aquella zona. Poco a poco nos vamos enamorando de toda la historia del oro en Yukon y aún nos quedaba lo mejor por descubrir. A la noche el aparcamiento del Walmart sigue igual de concurrido y ya reconocemos a gente de la noche anterior. Nos encanta este ambiente de viajeros tan heterogéneos y a la vez tan similares en muchas cosas.



Una imagen exterior del S.S. Klondike y dos recreaciones del interior del barco.
El siguiente día ni siquiera hicimos visita. Paseamos por la ciudad, con ritmo tranquilo, sin prisas. El día anterior comimos gratis carne de alce y salmón recién ahumado en un acto organizado por los nativos. Decidimos ir a un concierto callejero de una artista country hasta que la lluvia obliga a suspenderlo. Luego una vuelta por un pequeño mercado ecológico. Por la tarde a casa, a Abedul, a ver una serie, conectarnos a internet, seguir disfrutando del ambiente de un aparcamiento de un supermercado, que claro, dicho así, pues no suena a planazo. Pero es que nos apetece descansar un par de días. Y otra noche más, la tercera, con nuevos vecinos, con otros que repiten, con el Sol de Medianoche, con la partida de cartas de después de cenar, con el desayuno a la mañana siguiente viendo quién hay en la autocaravana de al lado. Esas pequeñas cosas.


Salmón ahumándose y carne de alce haciéndose a la brasa al estilo nativo.
Nos vamos de Whitehorse sabiendo que hay que volver a este Walmart. No es por nada, pero es que es la única carretera que hay en Yukon para entrar y salir de Alaska y, para qué engañarnos, hemos estado a gusto. Nos acercamos poco a poco a la frontera y aquellas montañas del horizonte se van haciendo más altas y su nieve más blanca. El Parque Nacional de Kluane nos regala estampas impresionantes. Cuando imaginábamos esas carreteras rodeadas de montañas y naturaleza no sabíamos que sería algo así. Hasta qué punto es salvaje Yukon que tuvimos que irnos de un camping porque había aviso de osos grizzlies y no queríamos correr el riesgo. 


Las montañas del Parque Nacional de Kluane, muy cerca de la frontera con Alaska.
Y hay osos grizzlies en la zona. Lo podemos certificar. Nada más dejar el camping condujimos un par de kilómetros, una enorme figura marrón deambulaba al lado de la carretera. Frenamos poco a poco sabiendo que era un oso, pero igual era uno negro, o un bisonte, a saber. Pero no, era un grizzly, con su color marrón y su joroba, y a su alrededor dos oseznos. ¿Cuánto estuvimos allí? ¿Media hora? Más o menos. Haciendo fotos de todas las poses. Al principio con la ventanilla del coche cerrada. Que no la abro, no vaya a venir. Ábrela, que no tendrá otra cosa que hacer el oso que venir. Y de respuesta un vale, pero con el pie en el acelerador. Y de fondo las montañas y los árboles, y el grizzli que se pone sobre dos patas, y los oseznos que asoman la cabecita por encima de las hierbas, y que no nos queremos ir. Aquello fue un regalo, una casualidad, el destino o qué sé yo. Si hubiéramos dormido en el camping dondese supone que había grizzlies posiblemente no hubiéramos visto ninguno. Y por irnos vimos a este. ¿El mejor momento del viaje hasta ahora? Pues no es cuestión de hacer listas, pero parece que sí.



"Nuestro" oso grizzly y el paisaje que le rodea.
Hicimos noche a unos cuantos kilómetros de la frontera con Alaska. En la oficina de turismo de Whitehorse nos hicimos con un pasaporte que hay que rellenar con sellos de distintos lugares de la provincia para entrar en un sorteo. Y a nosotros, que nos encanta un concurso y un reto, íbamos parando para sellar donde tocara. Todo es una sensación extraña, casi olvidada con el paso del tiempo. Una mezcla de la ilusión de un niño, las ganas de aprender, un cierto miedo y la expectación de no saber qué será lo que te espera al día siguiente. Aunque en concreto este día sí que lo sabíamos. Íbamos a cruzar la frontera con Alaska, donde nos darían una noticia que nos haría cambiar la ruta.

Puedes leer todas nuestras entradas de este viaje en este enlace.


sábado, 16 de diciembre de 2017

La Alaska Highway es despertarse junto a un oso

Podríamos decir que oficialmente nuestro viaje hacia Alaska daba comienzo en Dawson Creek. Allí se encuentra el punto de inicio de la Alaska Highway, la histórica carretera que te lleva hasta “La última frontera”. Por el camino descubriríamos el significado de la soledad, no nos aburriríamos de admirar la inmensidad de los bosques canadienses y nos comenzaríamos a enamorar perdidamente de toda la gente con la que compartíamos ruta hacia el Norte.

ETAPA 2: DESDE HINTON A WATSON LAKE


Mientras viajamos tratamos de aprender. Puede sonar manido o incluso un recurso fácil: muchos lo dicen y a veces no lo hacen. En este viaje queríamos aprender tantas cosas que echando la vista atrás puede que los resultados no fueran los esperados. Salíamos de Penticton con un rumbo aproximado pero no estricto y queríamos aprender a convivir con esa incertidumbre. Dormiríamos dentro de un coche en mitad de bosques y teníamos que aprender a no tener miedo. Estaríamos más de tres meses viajando y debíamos acostumbrarnos a estar tanto tiempo sin establecernos, cada noche durmiendo en un lugar distinto. Y por supuesto queríamos aprender de los lugares que visitaríamos: su historia, su cultura, sus costumbres, su gente…

La llaman Alaska Highway y es la carretera 97, parte desde Dawson Creek y te lleva sin desvíos hasta Alaska, acabando en el pequeño pueblo de Delta Junction, ya en territorio estadounidense. Bien, esa es la teoría, lo básico. Los datos. Pero más allá de eso esta carretera esconde mucha mística. Este 2017 cumplía 75 años desde su construcción, pensada para facilitar la llegada de soldados estadounidenses a Alaska para protegerla de la amenaza japonesa durante la Segunda Guerra Mundial. Hoy día se ha convertido en ruta obligada cada verano para cientos de turistas que se aventuran a recorrer miles de kilómetros perdidos entre millones de árboles, ansiosos por cruzarse con un oso o un bisonte, visitar los determinados puntos clave y, por qué no, hacer algún amigo.

Aparcamos bajo el cartel que da inicio a la Alaska Highway para hacernos la fotografía de rigor. ¿Que es algo típico? Bueno y qué. Para nosotros ese momento era especial y marcaba el inicio de algo que llevábamos meses deseando, un plan que casi se viene abajo y en el cual ya estábamos plenamente inmersos. Observamos el paisaje humano del lugar: moteros en grupo, sonrisa al aire y botas de cuero; un matrimonio septuagenario, cumpliendo un sueño, tal vez uno de los últimos; una familia con cajas llenas de ropa y niños que revolotean… Formamos parte de ello. Nos recorre la ilusión.


Saltando de alegría al iniciar la Aslaka Highway con Abedul.
El camino desde Dawson Creek hasta el norte de la Columbia Británica es, digamos, aburrida. En Fort Saint John, un pueblo industrial, quedamos con nuestro amigo Diego, al que conocimos en Nueva Zelanda y con el que seguimos manteniendo una buena y afectuosa amistad. Gente que conoces en ruta y con los que siempre que puedes tratas de reunirte. La emoción comenzó a las afueras de Fort Nelson, un pequeño pueblo donde teníamos pensado hacer noche. Un oso negro se paseaba junto a la carretera. Era el primero que disfrutábamos, aunque no pudimos parar a hacerle fotografías. Dicen las tazas de desayuno hoy día que en la vida cada momento hay que aprovecharlo como si fuera el último. Nosotros en este viaje aplicábamos esa frase a los osos. Dormimos a la entrada del pueblo, en una zona donde había varias caravanas, después de haber preguntado a los trabajadores del Tim Hortons si podíamos dormir en su aparcamiento. Nos dijeron que sí, pero siempre preferíamos dormir donde hubiera más gente. No aprendíamos a dormir en soledad. A la mañana siguiente, antes de nada, compramos el spray de osos con la esperanza de no tener que usarlo nunca.

Un oso negro de los tantos que encuentras en la Alaska Highway
Los dos días posteriores serían días muy especiales. Paramos en Muncho Lake donde Álvaro, de El coleccionista de ciudades, había trabajado unos meses antes y visitamos el bar donde estuvo, con todo el techo lleno de gorras de todas partes del mundo, y comimos una hamburguesa bastante generosa. Pero el tema de las gorras llenas de polvo sobre nuestras cabezas, todo hay que decirlo, no transmitía excesiva higiene. No hay muchos sitios donde parar a tomar algo o estirar las piernas, así que aquí nos reuníamos muchos de los que viajábamos por la Alaska Highway. De nuevo un buen momento para estudiar a los compañeros de ruta. Hay de todo, como se suele decir, y eso nos alegra. 

La carretera pasa por un conocido lugar termal, las Liard River Hot Springs, gestionado por el gobierno de la Columbia Británica. Se puede visitar únicamente para relajarse en sus aguas o también hacer noche en el camping. Nosotros decidimos que era una buena excusa para pagar por primera vez en alojamiento y, pese a que estaba lleno, te dejaban dormir en un descampado al otro lado de la carretera. ¿Un camping con baños decentes, sombra y sin ruido de la carretera o un descampado con camiones pasando a unas decenas de metros con baños de obra por el mismo precio? Parecía un negocio fallido, pero ya veréis que no.

Vista de las termas de Liard River.
El caso es que aquella tarde la pasamos a remojo, con ese olor que odias o te encanta propio de las aguas que surgen del corazón de la Tierra. Pensábamos que había duchas y allá que fuimos hasta con el champú y el gel. Menos mal que nadie nos vio. En el agua o sentados alrededor, unas 40 personas. Conversaciones cruzadas. Algunos vienen juntos, pero otros no. “¿Habéis estado ya en Dawson City?”, preguntaba uno. “No, vamos hacia arriba”, respondía otro. Uno de Texas, otro de Indiana, otro puede que de Vancouver. Uno hombre habla con otro, que no lo esperaba y le pilla de sorpresa. Que de dónde era y el otro le decía que eran alemanes, que habían mandado la caravana en barco hasta Halifax, que les salía más barato que alquilar una para estos tres meses. Sería nuestra primera experiencia con las caravanas europeas en este viaje. Aquí todo el mundo habla, hasta con nosotros. Lo mismo, que de dónde éramos, que dónde habíamos trabajado con la visa esa, que qué lejos está España. Nos gusta este ambiente, esa curiosidad por conocerse, esa cercanía, ese algo que tenemos todos en común, aunque en nuestro día a día nunca lo hubiéramos pensado.

Ana disfrutando del agua calentita.
A la mañana siguiente nos tocó el gordo. Nos despertamos y charlábamos antes de ir al baño de obra junto al que hemos aparcado, apenas a un par de metros. Entonces Ana mira asombrada por la ventanilla y señala: “¡Mira mira!”. Un oso negro paseaba entre Abedul y el baño de obra, tranquilamente. Nos pusimos nerviosos, que si coge la cámara, limpia el cristal del coche para quitar las gotas de vaho, hazle una foto al oso, que se va alejando. Al baño estábamos a punto de ir e imaginaos abrir la puerta y encontrártelo de frente. Menudo susto. Pero no, fue todo disfrute, a cubierto, aunque sin grandes fotos para enseñar. Y qué más da, fue nuestro oso mañanero. Si no hubiéramos dormido en ese descampado no los habríamos perdido.

Nuestro oso de buena mañana, que siempre será el más especial.
Después de la excitación y el desayuno volvimos a repetir en las aguas termales, menos tiempo porque queríamos continuar en ruta y en junio el agua caliente no apetece tanto. Cómo sería estar aquí con todo nevado, nos preguntamos. Ojalá volvamos algún día, nos respondemos. Al poco de conducir una figura negra junto a la carretera. ¡Otro oso! Pero no, era un bisonte. Enorme, de figura imponente. Ese animal que llegó a estar al borde de la extinción cuando el hombre blanco se saltó el pacto histórico entre animal y nativos y los cazó sin ton ni son hasta dejar apenas unos centenares. Seguimos conduciendo y ya no hubo una figura negra, eran tres o cuatro. Y un poco más adelante ya no fueron un puñado, fueron decenas. Más de 40 bisontes tumbados al sol. Otro de esos momentos que sabes que no vas a olvidar nunca.

Un montón de bisontes echando la tarde al sol.
Esa noche llegábamos a Watson Lake, cruce de caminos y punto de entrada a una nueva provincia canadiense, el Territorio del Yukón. Nos quedaban unos días para pisar Alaska, pero antes disfrutaríamos de esta desconocida pero impresionante provincia canadiense de la que nos enamoraríamos. Y donde, en un aparcamiento de un Walmart, nos sentimos parte de una comunidad de la que no queríamos salir.

Puedes leer todas nuestras entradas de este viaje en este enlace.

domingo, 22 de octubre de 2017

Dónde dormir gratis en el coche en EEUU y Canadá

“¿Dónde dormimos esta noche?” Esta pregunta nos la hacíamos cada día durante nuestra ruta por Canadá y Estados Unidos. Salimos en junio desde el sur de la Columbia Británica hasta las Rocosas Canadienses, empezamos la famosa Alaska Highway que nos llevaría hasta la “última frontera” atravesando el salvaje Territorio del Yukon. Una vez visitada Alaska empezaríamos a conducir en nuestro coche camperizado dirección sur hasta Santa Mónica, en California. A mediados de agosto cruzamos hacia el interior para comenzar a visitar los conocidos Parques Nacionales de Arizona, Colorado, Utah y subimos al norte despidiéndonos los últimos días en Yellowstone y el Parque Nacional de los Glaciares a mediados de septiembre.


Ciento siete días y veinte mil kilómetros de recorrido, con veintidós noches en bosques, veintitrés en aparcamientos de supermercados, cinco en casas de amigos, nueve en áreas de descanso, trece noches en aparcamientos de casinos, dieciséis noches de voluntariado en un hostel, once en campings de pago, dos en un apartamento de Airbnb y cuatro noches de lujo en hoteles. En total nos hemos gastado 437€ entre los dos, unos 4€ por noche. Esta cifra pudo ser cero pero a veces no pudimos o no quisimos. Por eso en este post queremos ayudarte a que puedas disfrutar o pasar la noche gratuitamente en tu coche durante tu viaje por Canadá y Estados Unidos.

APLICACIONES PARA TU MOVIL
Aplicaciones imprescindibles.
Cuánto hemos echado de menos la aplicación Campermate que tanto usábamos en Nueva Zelanda. No hay ninguna mejor pero sí que se aproximan a su utilidad. Nuestras cinco aplicaciones que tendríamos en la pantalla principal para este viaje son:

Maps.me: descarga mapas y los podrás ver sin internet, busca la gasolinera más cercana y ponle una chincheta, apunta los sitios para dormir cercanos, la entrada al Parque Nacional o los puntos de interés.

Wikicamps Canadá: filtra la búsqueda para que te salgan los campings gratis, ponle un corazón para guardar tus favoritos, lee los comentarios de los demás campistas, busca la dirección y envíalo a Mapsme para ponerle la chincheta.

Wikicamps Estados Unidos: lo mismo que la canadiense. 

IOverlander: una aplicación menos atractiva pero a veces útil como último recurso. La gente apunta los sitios donde ha podido dormir gratis y no han sido molestados. No nos fiamos mucho porque estaba desactualizada y con pocos comentarios, pero aún encontramos algún sitio interesante.

GasBuddy: la gasolina es barata en EEUU pero no tanto en Canadá, en esta aplicación encontrarás las gasolineras más cercanas y sus precios (no funciona sin internet).

WEBS DONDE ENCONTRAR LUGARES GRATUITOS

Si en las aplicaciones anteriores no encuentras ningún lugar que te guste o no hay nada cerca de donde te encuentres puedes echar mano de estas webs donde la gente va añadiendo los puntos de pago o gratuitos. 

Freecampsites: busca en el mapa el lugar que te interese y lee los comentarios. Los verdes son los nuestros, los gratis. Fíjate bien a quién pertenecen las tierras para saber dónde pasarás la noche. 

Campendium: mismo funcionamiento que la anterior, podrás ver los sitios gratis o de pago. En algunos sitios la gente añade fotos y los servicios que ofrece.

AllStays: busca el estado o provincia de Estados Unidos o Canadá que te interese. En esta web tienes todos los sitios donde podrás acampar legalmente y también campings privados con sus precios. Más complicado encontrar lugares gratis. Cuenta con aplicación pero nos pareció carísima y no la compramos. 

EN LA NATURALEZA


British Columbia, Canadá
En Columbia Británica, Canadá, el gobierno te permite acampar o aparcar en zonas rústicas un poco alejadas y con servicios básicos como mesas de picnic, baños sin cisterna u hogueras, pero no dispone de agua potable ni electricidad. Estos campings son muy comunes entre los locales y nunca hemos estado solos. Algunos están en una zonas con una vistas preciosas. Web: http://www.sitesandtrailsbc.ca

El único camping gratuito dentro de un Parque Nacional. Death Valley
En Estados Unidos está permitido dormir gratis en los National Forests (Bosques Nacionales) o en las Bureau Land Management (o BLM, Tierras de gestión pública). Nos fue muy complicado encontrar en la costa oeste, cerca del mar, sitios para dormir gratis. Una vez en el interior hay más opciones pero no son como los de Canadá que explicamos anteriormente. No hay zonas asignadas, no hay baños, ni mesas, ni para hacer fuego. Simplemente es alejarte cinco kilómetros de la carretera principal hacia el interior y aparcar o acampar donde quieras. Alrededor de los Parques Nacionales suele haber un anillo de protección y estos suelen ser Bosques Nacionales donde podrás acampar. Pregunta al Ranger del parque o a los locales, recoge tu basura siempre y ayuda a que los demás puedan seguir disfrutando de la naturaleza gratuitamente. Webs: https://www.fs.fed.us y https://www.blm.gov

SUPERMERCADOS
Anochece en el Walmart de Prince George, Canadá.
Walmart, la gran cadena de supermercados de Norte América. En algunos te permiten dormir en su aparcamiento siempre en las zonas más alejadas de la puerta de entrada. Siempre pregunta dentro de la tienda porque, aunque ponga que no está permitido, suele ser una norma municipal, pero a ellos no les importa y te dirán si te aconsejan pasar la noche o no. No se puede poner la tienda de campaña ni pasar el día como si fuera un camping. Más bien es para llegar tarde e irte por la mañana. Hemos disfrutado mucho en algunos como en Whitehorse (Yukon), donde era una auténtica comunidad de caravanas. Algunos supermercados son 24 horas así que podrás usar los baños, agua o incluso el wifi si te llega hasta el coche.

Safeway es otra cadena de supermercados un poco más cara pero con más variedad y mejor presentación de los productos. Además tiene zona para comer con mesas y comida ya preparada. No es tan común como el Walmart y en algunos no nos han dejado dormir en su aparcamiento, pero en otros sí que hemos preguntamos y no nos han puesto problemas.

APARCAMIENTOS DE CASINOS
Casi solos en un casino del estado de Washington.
Comenzamos nuestro viaje por Washington durmiendo en uno y terminamos pasando la noche en once diferentes casinos. Nos salvaron de pagar unos campings carísimos por toda la costa. No se puede en todos y no hay en todos los estados. Primero buscábamos en Wikicamps y si no había buscábamos en la web Casino Camper.

Al no tener una RV o autocaravana grande siempre preguntábamos si podíamos pasar la noche. Nunca nos pusieron problemas, son sitios súper limpios, algunos están abiertos 24 horas, con wifi, baños y hasta con bebidas y café gratuitos. No tienes por qué jugar en las máquinas y nadie te controla. En algunos te piden tus datos y los del vehículo para tomar nota, te dan una hoja y la tienes que poner en el cristal para que el guardia de la noche lo sepa. Son muy seguros y, aunque en algunos el ambiente no es el ideal, hay mucha vigilancia. Ponte cerca siempre de las caravanas para sentirte más arropado.

ÁREAS DE DESCANSO
Se mete el sol en un área de descanso de California.
Tardamos mucho en descubrir que se podía pasar la noche en las áreas de descanso y que los locales las suelen usar para pasar la noche en sus largos viajes en carretera. En algunas hay carteles que indican que sólo se puede estar ocho horas, pero nadie vigila y no son muy estrictos. Encontramos áreas muy limpias con baños, mesas de picnic, agua potable e incluso máquinas expendedoras con comida y café. Algunas son ruidosas por los camiones o porque están cerca de autovías, pero para pasar la noche están bien. Tendrás que buscar estado por estado. Dejamos el enlace de donde nos fue más difícil encontrar dónde dormir gratis, California

RESUMEN

Como veis opciones hay pero tienes que encontrarlas. También depende del tipo de gustos que tengas. A nosotros no nos importaba dormir en asfalto en medio de camiones o recorrer unos kilómetros hacia dentro en el monte para ahorrarnos los carísimos campings. Las veces que pagamos campings fue porque se nos hacía tarde para movernos, por cansancio, por querer ducharnos, lavar los platos o estar en un sitio agradable.

Recomendamos buscar en las aplicaciones primero, pero si no encuentras no desesperes, busca en las webs o pregunta a los locales. Algunos sitios no vienen en esas aplicaciones porque creemos que dan por hecho que se puede dormir ahí, como las áreas de descanso o en los bosques. Sé generoso o generosa y añade a Wikicamps o comenta ese sitio que te gustaría que los demás también puedan disfrutar en el futuro, recoge siempre la basura, no hagas ruido de noche, respeta a los animales y no hagas fuego donde no está permitido. Durante nuestro año en Nueva Zelanda hemos visto cómo han ido prohibiendo los sitios gratuitos por culpa de unos cuantos idiotas. Evitemos esto cuidando el medio ambiente y siendo responsables.

Podéis leer todas las entradas de nuestro viaje en este enlace:

El aparcamiento más concurrido de caravanas: Walmart de Whitehorse

domingo, 8 de octubre de 2017

Presupuesto del viaje a Alaska, Canadá y Costa Oeste de Estados Unidos

Como siempre nos gusta hacer después de cada viaje vamos a detallar en esta entrada cuál ha sido el presupuesto de nuestro viaje en coche por la costa oeste de Canadá hasta Alaska y después por la costa oeste de Estados Unidos. Este presupuesto está divido detallando los gastos más importantes de este tipo de viajes (gasolina, comidas, alojamiento) y también gastos más personales. Nosotros viajamos de forma Low Cost, lo cual significa, en nuestra definición, "ahorrar en lo prescindible para gastarlo en lo imprescindible". Esperemos que pueda ser de ayuda por si alguien se decide a realizar un viaje similar.


DATOS BÁSICOS


El viaje tuvo lugar durante los meses de junio, julio, agosto y la primera mitad de septiembre de 2017. Recorrimos aproximadamente 23.000 kilómetros durante 107 días, pisando tres provincias canadienses y doce estados de Estados Unidos. Visitamos 29 Parques Nacionales de ambos países, llegando al punto más norte en Fairbanks (Alaska) y el más al sur en Santa Mónica (California). Este es el desglose de los gastos por pareja, publicados en euros según el cambio a 25 de septiembre de 2017 (1$ CAD= 0,68€).


En esta categoría incluimos los gastos relacionados con toda la burocracia que supone el viaje. Aquí se detallaría también el gasto en vuelos (para poder llegar al destino), pero en nuestro caso ese gasto no existe, ya que estuvimos viviendo en Canadá desde enero tras nuestro viaje a Nueva York. Por tanto, los gastos se resumen en los costes de los visados de entrada por tierra a Estados Unidos (a nosotros no se nos aplicaba el ESTA, pero si tenéis que obtenerlo hacedlo desde este enlace, que es el oficial) y el de extensión desde la Working Holiday Visa al Visado de Visitante en Canadá, además del seguro de viaje, algo básico en cualquier viaje. Para este elegimos el Seguro IATI Bloggers y Grandes Viajes de 6 meses, del que recibimos un descuento de 2x1 (recordad que accediendo desde este enlace recibís un 5% de descuento en los seguros IATI).



Un viaje que supone conducir durante 23.000 kilómetros tiene su eje principal en esta categoría. Los gastos del coche suponen la diferencia entre lo gastado en su compra y preparación y la venta. En este enlace podéis ver cómo convertimos el coche en una campervan para vivir dentro y todos los gastos, además de un video mostrándolo. El resto de categorías son el gasto de gasolina y otros gastos de transportes, que van desde el ferry de Seattle a la Península de Olímpica o el pago del peaje de puentes.



Esta ha sido la categoría en la que pusimos más esfuerzo en ahorrar. De hecho, posiblemente este viaje nunca se hubiera realizado si no hubiéramos podido dormir dentro del coche. Hemos detallado las noches que hemos dormido en los distintos alojamientos de pago y también el total de noches en las que no hemos pagado por dormir. Hemos utilizado los descuentos obtenidos con AirBnB (25€ si te registras por este enlace) y Booking (15€ si reservas a través de este enlace). También estuvimos dos semanas de Workaway en un Hostel de Anchorage, en Alaska, en los que no pagamos alojamiento.



En un viaje de más de tres meses hay mucha variedad de formas de alimentarse. Desde desayunar un café en alguna cafetería hasta cenar en un restaurante, pasando por cocinar arroz en el coche o parar a devorar una hamburguesa. Posiblemente el gasto más personal, en el que puedes gastar mucho o ahorrar el máximo posible. Nosotros no nos hemos cortado, pero también hemos tratado de controlarnos. En la categoría Comidas se incluyen cafés o refrescos y almuerzos o cenas en restaurantes, en Comida Rápida las veces que hemos comido en este tipo de cadenas y por último en Supermercados las compras para cocinar en el coche. En el Hostel de Anchorage nos proveían toda la comida, así que eso nos los ahorramos.



El ocio y la diversión no tiene porqué estar ligado al gasto y menos aún en dos países que destacan por la naturaleza. Los Parques Nacionales de Canadá han sido gratuitos en 2017 por el 150º aniversario del país y para los de Estados Unidos compramos el Pase Anual que incluye la entrada a todos los Parques (por separado cuestan entre 10 y 30$) por vehículo (no por persona). Salvo la entrada al Museo de las Primeras Naciones de Teslin (absolutamente prescindible), el resto son gastos más que recomendables (casi obligatorios). Gracias al Workaway de Anchorage realizamos varias actividades a las que nos invitaron que estaban valoradas en más de 500 euros.



No seáis muy duros juzgándonos por el gasto en duchas. Hay que tener en cuenta que en las noches en campings de pago u hoteles nos duchábamos y no aparecen en este gasto. Pero también hay que decir que no hay que ducharse todos los días. Solíamos poner lavadoras cada dos semanas aproximadamente. En las dos semanas de Workaway en Alaska estos gastos no se produjeron.



La clásica categoría en la que meter un poco de todo. En teléfono e internet aparecen la compra de las tarjetas de teléfono de las compañías Metro PCS (basura) y AT&T (esta es la buena) y las cuotas de un mes (ambas 40$). El spray de osos era imprescindible para ir menos asustados al baño antes de dormir o hacer alguna ruta. En otros gastos básicamente hay compra de postales y los envíos (compramos el pack de postales vintage del centenario de los Parques Nacionales de Estados Unidos).


En esta tabla detallamos los gastos en cada una de las provincias canadienses y estados de Estados Unidos. Obviamente sólo debe servir como guía, no significa obligatoriamente que unos estados sean más caros que otros (salvo en la gasolina, donde sí hay diferencias). Puede asustar el dato de Nevada, pero no hay que olvidar que allí está Las Vegas. Y lo que se gasta en Las Vegas se queda en Las Vegas.


Y aquí el resumen por categorías y el porcentaje que supone en el total del viaje. Como era de esperar el gasto en transporte y alimentación se lleva más de dos tercios del total. Estamos bastante contentos con haber reducido el gasto en alojamiento a menos del 10%. La diferencia entre los gastos por estados/provincias de la tabla de arriba y este resumen es el precio del seguro y los gastos del coche, que no cuentan dentro de ningún estado.


Esperamos que os haya resultado útil esta entrada y os anime a realizar un viaje similar u os ayude en caso de que ya lo tengáis planeado. Cualquier duda nos podéis escribir un comentario o contactar con nosotros a través de Redes Sociales o email.

Podéis leer todas las entradas de nuestro viaje a Alaska y por la costa oeste de Canadá y Estados Unidos en este enlace.

jueves, 3 de agosto de 2017

Nos vamos a Alaska, pero con un susto

Después de muchos meses de trabajo y ahorro echábamos a rodar. Nuestro próximo viaje nos llevaría a través de las provincias canadienses de Columbia Británica, Alberta y Yukón hasta Alaska a lo largo de la famosa Alaska Highway. Serían al menos dos semanas en los que asombrarnos con los paisajes, encontrarnos con animales que nunca habíamos visto y volver a sentirnos viajeros.

ETAPA 1: DESDE PENTICTON A HINTON


Habíamos pasado muchos meses en el viñedo y en la pequeña ciudad de Penticton, donde nos habíamos sentido muy a gusto. Nos daba pena dejar a Sal y su familia, pero por otro lado estábamos excitados con la idea de volver a viajar y conocer rincones del mundo nuevos para nosotros. Ya teníamos preparado el coche para que además fuera nuestra casa los próximos cinco meses, por lo que nada nos podía parar ya.

Nuestro primer destino iban a ser las Montañas Rocosas canadienses. Ya habíamos estado viviendo en Jasper durante el pasado noviembre, cuando comenzaba el crudo invierno, y ahora lo hacíamos en plena primavera, por lo que el paisaje cambiaría bastante. Pasamos la primera noche durmiendo en Abedul en uno de las numerosas zonas de acampada gratuitas de la Columbia Británica antes de adentrarnos en la sucesión de Parques Nacionales de las Rocosas.

Nuestro segundo día en ruta sería un día de contrastes. Comenzábamos la jornada visitante el Parque Nacional del Monte Revelstoke, una carretera que asciende casi hasta el pico de este monte. En función de la época del año y de las condiciones meteorológicas esta carretera te dejará llegar más o menos lejos. Existen varias rutas de senderismo que también te permiten adentrarte en los bosques y varios miradores con vistas al valle, en una subida no excesivamente dura. Sabíamos que no iba a ser el Parque Nacional más espectacular que veríamos en el viaje, así que estaba bien ir abriendo boca con un aperitivo.

El "Broken Bridge", una de las pequeñas rutas de senderismo de este Parque.
El primer gran Parque que visitaríamos sería el Parque Nacional de Glacier, ya de pleno en las Rocosas. Si no eres un amante de las grandes rutas de senderismo desde la carretera se pueden hacer varias caminatas cortitas en las que visitar una laguna o un bosque repleto de enormes cedros. Y fue precisamente en esta última donde nos llevamos el palo: de repente, sin previo aviso, Abedul no arrancaba. Después de la experiencia en Nueva Zelanda con la Delica volvieron a nuestra cabeza muchos amargos recuerdos. Un hombre que pasaba por allí le echó un vistazo y, sin mucho vacilar, dedujo que era un problema con la bomba de la gasolina. Exactamente el mismo problema que habíamos tenido en Nueva Zelanda. No nos quedaba otra que llamar a la grúa. Por suerte, al ser miembros Premium del BCAA el servicio de grúa hasta Banff no saldría gratis.

La grúa llevándose al taller a un enfermo Abedul.
Por el camino vimos a nuestro primer oso negro, un poco lejos, pero el estado de ánimo en el que estábamos no nos dejaba disfrutar de ese momento. La verdad que había sido un palo que rompiera al segundo día, aunque viéndolo bien nos alegraba que hubiera sido ahí y no en mitad de Alaska o Yukón, donde hay menos servicios y arreglarlo sería mucho más caro. O no.

Llegamos a Banff y Oriana y Miguel nos acogieron con una cálida hoguera a la orilla de un lago y unos cuantos perritos calientes, además de las habituales charlas y risas. Por suerte podríamos estar en su casa hasta que el coche estuviera arreglado. Eso tardaría unos días, así que a la mañana siguiente visitamos los lagos Peyto y Moraine y sus espectaculares colores. Ambos lagos son de los lugares más visitados del Parque Nacional de Banff y cuando estás allí todo cobra sentido. El entorno es espectacular, con las escarpadas montañas rodeándote y ese tono azul intenso en el caso del Peyto y tonos turquesas en el Moraine. La propia carretera que te lleva hasta ellos ya es un espectáculo y puedes parar tu coche a un lado y disfrutar del paisaje. La nieve ya se estaba poco a poco retirando, pero aún quedaba lo suficiente para adornar de blanco el paisaje.



Lago Peyto (arriba), Bow (centro) y Moraine (abajo).
Los siguientes días los pasaríamos en Banff esperando a arreglar el coche. Los mecánicos en este pueblo deben estar muy saturados de trabajo, porque sólo te atendían a los dos o tres días de llegar. Y para colmo teníamos que estar encima de ellos, llamándoles para que nos lo miraran y arreglaran lo antes posible. Por fin, un viernes por la tarde estaba arreglado y listo para ser conducido, justo cuando parecía que tendríamos que pasar el fin de semana allí. Volvíamos a estar listos para rodar.

A la mañana siguiente nos despedimos de Miguel y Oriana hasta que nuestros caminos se volvieran a cruzar. Nos dirigimos de nuevo al oeste, para retomar la visita a los Parques Nacionales de Columbia Británica empezando por el Yoho, apenas a una hora y media en coche de Banff. Este parque, muy desconocido al tener que compartir espacio con Banff y Jasper, tiene algunos lugares muy especiales. Es lugar de varias excursiones para los turistas que se alojan en Banff, así que es normal encontrar algunos de estos lugares muy saturados, en especial el Emerald Lake. Este lago hace honor a su nombre y sus aguas te deleitan con un tono esmeralda que incluso en un día nublado resulta embriagador. También nos encantó el encuentro entre los ríos Horseshoe y Yoho, un punto donde las aguas alcanzan una velocidad que te hace pensar que en cualquier momento desbordará y te llevará por delante. Todo en las Rocosas adquiere una dimensión mayor.



El Natural Bridge y el Lago Emerald, en el Parque Nacional de Yoho.
Condujimos de vuelta a la Icefield Pathway, la carretera que conecta con los pueblos de Banff y Jasper, que es posiblemente la más increíble que hayamos conducido nunca. En la Columbia Icefield, justo en la frontera entre ambos parques, se tienen unas vistas preciosas del glaciar Athabasca y en su centro de Información hay wifi y una cafetería para hacer una parada técnica. Nuestra intención era llegar hasta Jasper ese mismo día y visitar el cañón del río Maligne, a las afueras del pueblo.

El glaciar Athabasca, desde el Centro de Visitantes.
Llegamos al cañón ya de tarde, pero por suerte en estas latitudes y a estas alturas del año el sol permite una tregua y nos regala varias horas de luz, así que pudimos visitarlo con cierta tranquilidad. El camino que bordea el río Maligne es bastante sencillo y puede llegar hasta las 2 horas ida y vuelta, en función de lo que cada uno quiera ver. Consta de seis puentes que lo cruzan y la ruta está programada para que calcules hasta qué punto llegar y volverte. Nosotros los hicimos hasta un poco más lejos del cuarto puente, pero lo más espectacular estaba al comienzo de la ruta. Las paredes del cañón se estrechan y las aguas aceleran, viéndose y oyéndose todo a más de 15 metros de altura. En invierno este cañón es visitable con rutas en las que puedes caminar sobre el agua helada del río. Debe ser espectacular, pero por desgracia nos fuimos de Jasper antes de que se pudiera hacer y ahora en primavera ya era tarde.

Con la visita al cañón acababa nuestra primera etapa y poníamos rumbo a Hinton. Habíamos disfrutado mucho del espectáculo que nos brindaba la naturaleza canadiense, aunque lo habíamos hecho en los Parques Nacionales más turísticos. Pero también decidimos que el percance con Abedul no nos iba a privar de disfrutar de este momento tan especial que teníamos la oportunidad de disfrutar. Aún nos quedaban muchos kilómetros por recorrer, muchas montañas que admirar y muchos animales que fotografiar.

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