Ruta mochilera por Hawái

Nueva Zelanda con la Working Holiday Visa

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Amsterdam, la escapada perfecta

viernes, 23 de septiembre de 2016

Del corazón de la Isla Sur a la bucólica Península de Banks

Cruzábamos la Isla Sur de Nueva Zelanda desde la West Coast a la ciudad de Christchurch por el famoso Arthur Pass con la vista puesta en la Península de Banks y Akaroa, uno de nuestros lugares favoritos del país. Pero antes teníamos pendiente una parada en un escenario de película y la comida en un famoso lugar de pies.

DÍA 26 DE OCTUBRE: DEL LAGO PEARSON A AKAROA




En el Parque Nacional del Arthur Pass hay tantas cosas por hacer que es muy difícil elegir a qué se dedica el tiempo. Se pueden hacer grandes rutas de varios días, otras de unas pocas horas, unas más difíciles, otras más fáciles, etc. Nosotros habíamos decidido pasar de largo del epicentro del Parque y dedicar las primeras horas de la mañana a un paseo en lo que para nosotros (ruta oeste-este) era el tramo final de la carretera. 

Cogimos un desvío por una carretera de gravilla que llevaba en dirección a la ruta del Hawdon Valley. Esta ruta forma parte de otra mayor que lleva hasta 5 días completarla. Transcurre a lo largo del valle del río Hawdon y la dificultad no es muy alta, aunque nuestro principal objetivo era tener una visión general y en cuanto pisamos el cauce del río y caminamos unos minutos nos dimos la vuelta para seguir con el día. La imagen es la típica de esos ríos neozelandeses nacidos en las faldas de los Alpes: cauces enormes repletos de piedras, ríos con poco caudal y las montañas de fondo. Un paisaje seguro muy distinto a los momentos de crecidas de esos ríos.

Una vista la valle del río Hawdon
Volvimos a tomar la carretera 73 en dirección Christchurch para visitar el Castle Hill, un punto muy turístico destinado a familias y muy popular sobre todo a partir de su aparición en la trilogía de El Hobbit. Habíamos leído en Campermate que en los últimos tiempos había habido varios robos a los coches de los que realizaban la visita, pero al llegar allí nos dimos cuenta que no sería problema ese día. Coincidía con el puente del Día del Trabajo y estaba a rebosar de familias. El paisaje es bastante llamativo, con una colina de verde hierba salpicada por enormes piedras en su cima. Agradable para un paseo, muy fotogénica y lugar ideal para ir con niños o para hacer escalada.



Distintas vistas de Castle Hill y sus curiosas formaciones rocosas
Y antes de encarar el final del día nos paramos en el pequeño pueblo de Sheffield a comer sus famosas pies (o eso dicen ellos), esas empanadas tan británicas y que en este sitio se pueden encontrar de muchos sabores distintos y, todo sea dicho, estaban realmente buenas. No destaca Nueva Zelanda precisamente por su cocina, pero nos mereció la pena la parada.


Las pies de Sheffield, que bien ricas que estaban, con un riesling de Felton Road
La carretera 73 muere a la entrada a Christchurch, la gran ciudad de la Isla Sur, y nosotros teníamos pensado dar un rodeo a la ciudad y entrar a la Península de Banks, ese trozo de tierra adosado que tiene en el Pacífico. Gracias a que hace años fue un antiguo volcán, la península deja un paisaje de incontables colinas, carreteras que suben y bajan y una carretera que la atraviesa hasta el pequeño pueblo de Akaroa. Y también gracias a ese pasado volcánico son muchas las pequeñas rías que hay en sus costas y nosotros decidimos bajar a una para ver cómo es la vida en ese remoto punto del planeta. Cuando muere la carretera encuentras un lugar de retiro idílico, con enormes casas habitadas por gente de apariencia tranquila, sonriente, que no se altera cuando ve aparecer una furgoneta color verde chillón. Frente a sus casas, playas vacías y el océano en plena calma. Es complicado afirmar algo así, pero posiblemente aquel fuera uno de los lugares donde no nos importaría vivir un apacible retiro.



Arriba, vistas de la Península de Banks, abajo la playa de Le Bons Bay
Pero sin duda el punto neurálgico de toda la Península de Banks es el pequeño y afrancesado pueblo de Akaroa. Como explicamos en la entrada donde contamos nuestra primera visita a este rincón de Nueva Zelanda, la llegada en el siglo XIX de colonos franceses a la península desembocó en una petite France muy curiosa. Los carteles de las calles comienzan por Rue y los negocios locales han aprovechado para vender productos franceses a los turistas. Puedes aprovechar para comprar una baguette, comer unos crêpes y beber un café au lait junto a la bahía. Y después del paseo por el pueblo es visita obligada su faro, del siglo XIX y posiblemente su mayor emblema.


Tiendas con decoración francesa y el faro de Akaroa
Así acabó nuestro día, que nació en pleno corazón de los Alpes y acabó junto al mar, dejándonos seducir por el tranquilo oleaje del Pacífico, contemplando la puesta de sol y dándonos cuenta de que hay lugares de este país que te atrapan. Lugares que meses después, puede que años, servirán de refugio imaginativo a los momentos de estrés, idealizados en nuestro recuerdo. Para momentos así cerraremos los ojos y diremos: “Vámonos a la Península de Banks”.

jueves, 15 de septiembre de 2016

El rugir del mar en las Pancake Rocks

En nuestra segunda visita a las Pancake Rocks, al norte de la West Coast de Nueva Zelanda, pudimos disfrutar de una de sus más reconocidas características: los géiseres marinos (o blowholes). Además nuestros días de alquiler de la Jucy iban acabando y debíamos cruzar la Isla Sur de costa a costa a través del paso de montaña más famoso del país, el Arthur Pass y sus keas.

DÍA 25 DE OCTUBRE: DE LAS PANCAKE ROCKS AL LAGO PEARSON


Esta mañana tocaba madrugar si queríamos cumplir con el plan del día y, sobre todo, si queríamos aprovechar la pleamar. El porqué de estar presentes en las Pancake Rocks (traducido como rocas filloas o crepes, por su forma) durante la subida de la marea es bien sencillo. Es durante esas horas cuando es más fácil ver los géiseres marinos (blowholes en inglés) que se producen al penetrar el agua con fuerza entre las rocas. Así, el agua sale disparada a metros de altura como si se tratara del lomo de una ballena. Un atractivo más para un paisaje ya de por sí espectacular.

Nada más abrir las puertas el recinto que lleva hasta las rocas, muy bien acondicionado y con explicación muy detallada de la curiosa formación geológica, aparcábamos la caravana e hicimos una parada en la tienda de recuerdos. Después de una breve lluvia nos dispusimos a ver las Pancake y al agua saltar. Pudimos estar cerca de una hora observando la virulencia con que el mar penetra entre las rocas, formadas a base de finas láminas, una encima de la otra. No siempre se forman géiseres (el término no es exacto, porque no se producen de la misma manera), pero el sonido del mar chocando ya es un disfrute en sí. Y cuando una de esas olas entra de la manera perfecta, ves el agua elevarse varios metros y deshacerse simulando una lluvia. No sólo es la belleza del paisaje, con las extrañas rocas en una zona de acantilados, sino el conjunto de sensaciones: el sonido de las olas, el agua caer difuminada, el rugir del mar. Es curioso que algunas de las formaciones geológicas más curiosas que hemos visto estén en Nueva Zelanda, como estas Pancake Rocks o las piedras redondas de los Moeraki Boulders.


Las Pancake Rocks y los blowholes que se forman cuando sube la marea
El día continuaba y no queríamos demorarnos mucho para poder disfrutar del Arthur Pass con suficiente luz. Debíamos entregar la caravana tres días después y aún nos quedaban cosas que ver cerca de Christchurch. Paramos a ver la portuaria ciudad de Greymouth, otro importante centro minero de esta zona del país. No es muy destacable casi nada salvo algunos edificios antiguos en la zona céntrica que recuerdan cómo debía ser este asentamiento en sus años de esplendor, allá por la segunda mitad del siglo XIX. Eso sí, paramos a comer y disfrutamos de un “desayuno del minero”, con salchichas, huevos, patatas y verdura. Un escándalo.

Esto es el "Desayuno del minero", buena fuente de proteínas
A las afueras de Greymouth, cuando la carretera 7 se dirige a los lagos Nelson, se encuentra el sitio histórico de la mina de Brunner. Dimos con este lugar gracias a una humilde recomendación en la aplicación Campermate y pese a que no contaba en nuestro recorrido, fue una agradable sorpresa, aunque esté basada en un hecho trágico. En esta mina de carbón se produjo en 1896 una explosión que produjo la muerte de 65 trabajadores, hasta la fecha la mayor tragedia laboral en la historia de Nueva Zelanda. El impacto en la zona es fácilmente imaginable. Casi todas las familias tenían a algún miembro trabajando para la mina y muchas de ellas sufrieron de una u otra forma alguna pérdida. Lo que hoy queda, además de los memoriales a la víctimas y multitud de paneles explicativos (una vez más sólo queda admirar cómo se organizan los neozelandeses para compartir su patrimonio), son los restos de los antiguos edificios que formaban todo el complejo, además de un puente restaurado sobre el río Grey. Puede llevarte una media hora la visita y, aunque no es el lugar más espectacular del país, tampoco te irás con la sensación de haber perdido el tiempo.

Restos de la mina abandonada de Brunner
Nada más salir de la antigua mina se puede coger la carretera hacia Moana (pequeño pueble a la orilla del lago Brunner) que enlaza con la carretera 73, o lo que es lo mismo, el Arthur Pass. Aunque la zona más espectacular está al final del paso (empezando por la West Coast), siempre merece la pena hacer una parada en el mirador sobre el viaducto y dejarse embelesar por los keas que por allí andan, paseando bajo los coches o subiéndose a sus techos. A partir de ahí la carretera baja hasta el pueblo y por el camino se puede parar a hacer alguna de las rutas que se proponen. En nuestra anterior visita sí que hicimos un par, pero en esta ocasión paramos a tomar algo en el pueblo antes de ir a dormir al camping junto al lago Pearson.

Los omnipresentes keas en el Arthur Pass
Esta zona de acampada está al final del paso de montaña, en una zona algo menos abrupta y por donde la carretera discurre menos empinada, donde también hay bastantes zonas para poder caminar y donde en nuestra opinión las vistas son más espectaculares. Conduces rodeado de montañas, a veces muy nevadas, pero a la vez la anchísima cuenca del río Waimakariri permite una perspectiva muy fotogénica. 

Pasamos la noche junto al lago Pearson en la caravana, justo un día antes de la visita a la Península de Banks y a Ataroa, a pasear por sus diminutas playas al final de las carreteras que desembocan en las rías de este antiguo volcán. 

lunes, 12 de septiembre de 2016

Donde el agua cambia de color

La ruta por la West Coast de Nueva Zelanda no acaba ni empieza en los glaciares Fox y Franz Josef. De hecho, es al norte de estos donde, para nosotros, están los mayores atractivos de esta zona del país. Aguas que cambian de color en el Hokitika Gorge, bosques de helechos al pie de la carretera y extrañas formaciones rocosas que escupen agua a decenas de metros de altura en las Pancake Rocks.

DÍA 24 DE OCTUBRE: DEL GLACIAR FRANZ JOSEF A LAS PANCAKE ROCKS


En Nueva Zelanda los buenos planes suelen empezar con una caminata bien temprano, da igual si te va a llevar cinco o dos horas. Nosotros teníamos planeado para nuestro segundo día en la West Coast acercarnos a echarle un vistazo al glaciar Franz Josef. Si bien es cierto que no estás demasiado cerca como para apreciar el glaciar en su esplendor, al menos puedes verlo con más claridad que el Fox. Aunque seguimos defendiendo que este último merece más la pena si sólo se quiere optar por uno. La ruta hasta poder llegar al glaciar te llevará aproximadamente una hora y la dificultad es baja (salvo alguna pequeña pendiente), por lo que es habitual que este sea uno de los lugares más visitados de Nueva Zelanda por turistas de todo tipo.

Las vistas del glaciar en su punto más cercano
La visita al glaciar Franz Josef, después de haber visitado el día anterior el Fox, duró el tiempo de realizar las dos horas de ruta. Ya teníamos claro que después de estar en el glaciar Rob Roy, para nosotros el mejor glaciar de los que visitamos en Nueva Zelanda, el Franz Josef sabría a poco, por lo que nos lo tomamos como un paseo de buena mañana a disfrutar del paisaje. Ahora lo que debíamos era seguir en ruta hacia el norte, a nuestro próximo destino: Hokitika.

El pequeño pueblo de Hokitika se convierte en una buena parada a mitad de la West Coast. Dependiendo de si haces la ruta desde el norte o desde el sur, es parada obligada para repostar gasolina, comprar algunos víveres en los supermercados y de paso una visita a sus dos principales atracciones: la garganta del río Hokitika (Hokitika Gorge) y la playa de jade. Según se cuenta no es muy difícil encontrar este mineral mientras se pasea por ella, pero también hay que tener en cuenta que hay que saber cómo es el jade en bruto. Salvo que se quiera gastar horas mirando piedras, lo mejor en la playa de Hokitika es disfrutar de su atardecer y de sus esculturas hechas a base de los troncos que durante años han arribado a su orilla.

La playa de Hokitika no es de arena fina y aguas claras, pero tiene su encanto
En nuestra opinión la garganta que atraviesa el río Hokitika, a casi una hora del núcleo urbano, es la mejor manera de gastar tu tiempo en esta ciudad. La carretera hasta llegar al aparcamiento atraviesa una zona de llanura y casas de campo, granjas de vacas y plantaciones en dirección a las montañas. Una vez allí, una ruta sencilla de una media hora te coloca sobre el río Hokitika para atender al estado de ánimo de sus aguas ese día y por tanto, de su color. Hasta tres tonalidades distintas se pueden apreciar en sus aguas (sí, el agua siempre es transparente, eso lo sabemos) en función del día y la temperatura de ésta: turquesa, gris y azul. La primera vez que lo visitamos, en el mes de abril (el otoño neozelandés) nos tocó disfrutar del gris. En esta ocasión sus aguas eran turquesas. Eso sí, no olvides una cosa: estás en la West Coast y al lado de un río, así que prepárate para estar rodeado de las sandflies y no dar abasto para quitártelas de encima. Es uno de los precios que hay que pagar.


Las aguas del río Hokitika de color turquesa.
Volvimos a la Jucy para continuar el camino hacia el norte. Recorrimos los kilómetros restantes hasta la que sería nuestra próxima parada, las Pancake Rocks, apreciando los enormes helechos abrirse paso al pie de la carretera. Pasamos la noche en el aparcamiento de una ruta de senderismo cercana, sin cobertura de móvil, hasta que a la mañana siguiente nos plantaríamos frente a la que es una de nuestras atracciones favoritas de Nueva Zelanda.

lunes, 29 de agosto de 2016

Las eternas postales de la West Coast

Apurábamos nuestros últimos días en la Isla Sur de Nueva Zelanda y encarábamos la subida de la West Coast recorriendo sus carreteras y parando en los numerosos puntos de interés de esta zona del país. No sólo los famosos glaciares Franz Josef y Fox o las Pancake Rocks dejan preciosas escenas en las retinas o los carretes digitales. Ríos, playas, bosques o acantilados. Y siempre rodeados de sandflies.

DÍA 23 DE OCTUBRE: DEL LAGO WANAKA AL GLACIAR FRANZ JOSEF


La West Coast se puede considerar iniciada una vez sales de Wanaka en dirección norte. Y ojo porque entre Wanaka y los glaciares sólo hay una gasolinera, en Haast, y a un precio bastante por encima de la media. Además, la cobertura de teléfono se pierde en ese tramo, así que conviene prevenirse. Desde que dejas Wanaka vas a dirigirte poco a poco a través del Haast Pass hacia el Mar de Tasmania, dando cuenta de cómo el paisaje comienza a tornarse más tropical y abandonas la vegetación montañosa propia de los Alpes neozelandeses. Las lluvias dejan buena muestra de su presencia en esta zona de la isla y se agradece cuando uno disfruta del paseo en la carretera que une Wanaka y Haast. Una de las paradas obligatorias son las Blue Pools, las piscinas naturales de un agua azul turquesa intenso. El lugar, muy frecuentado por los turistas, es zona habitual de baño incluso en esta época del año, cuando el calor no está precisamente presente.

Continuamos conduciendo hasta Haast, momento en que la carretera vuelve por fin a situarse al pie del inmenso océano. Es el momento en el que se aprecia que se está en la West Coast. Grandes playas de arena se alternan con acantilados de decenas de metros de altura. Al lado contrario, la vegetación, dominada por el omnipresente helecho plateado (el Silver Fern, uno de los símbolos del país), se agolpa en las colinas que poco a poco comienzan a erigirse hasta convertirse en montañas. En este recorrido decidimos parar en dos puntos de interés no demasiado publicitados. El primero fue el Ship Creek, una playa de arena blanca enorme donde a su lado se encuentra una ruta de apenas 20 minutos caminando por el bosque de Swamp. En la desembocadura del río, árboles que nacen en el lecho y helechos se mezclan, dejando una estampa más propia de paisajes amazónicos. El agua se torna de un color rojizo y el cantar de las aves te acompañan, rompiendo el silencio que, pese a estar a pocos metros de la carretera, domina la escena.


La ruta por el bosque de Swamp en el Ship Creek con un helecho a punto de nacer
La carretera de la West Coast se puede dividir en tres zonas: dos de ellas discurren junto al mar y otra se adentra en los Alpes hasta los glaciares Fox y Franz Josef. Poco antes de que esto ocurra si se parte desde Wanaka se puede hacer una parada en el Knights Point, un mirador con un paisaje que no por habitual en el país deja de ser atractivo para el que pasa junto a él. Como suele ocurrir en Nueva Zelanda, puede que no sea nada que no hayas visto antes, pero casi de manera automática tienes la inexplicable necesidad de parar y echar un vistazo a los acantilados, las enormes rocas que parecen haber caído al océano y la fuerza del mar chocando contra ellas, empujada por el viento. Si aún se quiere hacer una parada más antes de pasar al paisaje montañoso se puede optar por la playa de Bruce Bay. En esta bahía predomina el color blanco de las rocas de cuarzo que los turistas aprovechan para colocar de forma apilada. O también para dejar sus mensajes, románticos la mayoría de ellos, escritos sobre su superficie. Se ha convertido en una atracción para muchas parejas que viajan por el país (hay muchas lunes de miel atravesando Nueva Zelanda) y llenan sus cuentas de redes sociales de fotografías con sus nombres en las rocas.


Las vistas del mirador del Knights Point y los mensajes en las rocas de cuarzo en Bruce Bay
Para terminar el día nos tocaba la visita al Glaciar Fox. Como ya escribimos en un artículo anterior, si hay que elegir uno de los glaciares es mejor que sea el Fox, sobre todo por el paisaje. Y por supuesto que nadie espere caminar por un enorme glaciar en total soledad. Pero si dejas a un lado las elevadas expectativas puedes disfrutar de una caminata agradable y sencilla con bonitas vistas a tu alrededor y aprender que el cambio climático, ese que muchos niegan, ha hecho reducir cientos de metros en las últimas décadas el tamaño del glaciar. Como siempre decimos, para visitantes nivel usuario de glaciares no tiene porque ser decepcionante.


El Glaciar Fox y la ruta que lleva hasta él
Para dormir elegimos el único lugar gratuito en la zona para vehículos self-contained, el Doherty Creek. Antes paramos en el pueblo de Franz Josef, muy ambientado, y cenamos en uno de los restaurantes gracias a que la tía de Ana nos invitó. Un lugar muy agradable, decorado al estilo alpino, donde la carrillada de ternera es un escándalo. Al día siguiente continuaríamos nuestra ruta por la West Coast neozelandesa ampliando paisajes, guardando escenas.

lunes, 15 de agosto de 2016

El mejor glaciar de Nueva Zelanda

Uno de los lugares más concurridos en lo que a turismo se refiere en Nueva Zelanda es la zona de los glaciares Fox y Franz Josef, pero para nosotros existe otro glaciar más espectacular y mucho menos saturado: el glaciar Rob Roy. Dejábamos Fiordland para adentrarnos en el Parque Nacional del Monte Aspiring y huimos de Queenstown para disfrutar de la mucho más tranquila Wanaka.

DÍA 20 DE OCTUBRE: DEL LAGO WAKATIPU A WANAKA


La noche anterior Ana condujo desde el Milford Sound hasta una zona de acampada a unos 20 minutos al sur de Queenstown a la orilla del lago Wakatipu. Habíamos llegado con la noche cerrada y no imaginábamos que al despertar lo haríamos ante unas vistas espectaculares. En Nueva Zelanda por suerte abundan estos lugares, pero eso no impidió que nuestro desayuno aquella mañana fuera algo más lento de lo habitual. El plan del día era pasear por Queenstown, visitar Arrowtown y llegar hasta Wanaka.

Nuestras vistas para desayunar
El paseo por Queenstown, la capital del turismo en Nueva Zelanda, no difirió mucho de lo que habíamos hecho días anteriores: caminar por sus calles atestadas de turistas, visitar tiendas y poco más. La única nota diferente fue probar los helados de la cadena de chocolaterías Patagonia, que sí que merecen la pena (hay otra en Wanaka y Arrowtown). Apenas un par de horas después de haber llegado estábamos saliendo en dirección a Wanaka.

Antes hicimos una parada en Arrowtown. Esta antigua ciudad minera destaca por dos cosas: la primera es por mantener un centro histórico al estilo de los días de gloria de este asentamiento, cuando la gente se agolpaba en las orillas del río Arrow en busca de oro. Hoy día ese centro histórico está a reventar de turistas, la mayoría de ellos chinos que quieren visitar los restos del poblado minero de sus compatriotas, todos ellos llenando las tiendas y cafeterías que restan encanto a lo que puede ser un lugar tranquillo para pasear. Sobre todo porque en sus alrededores está el segundo encanto de la ciudad: las montañas que rodean al valle, con sus diferentes tonos de colores en función del momento del año. Esta vez en plena primavera primaba el verde intenso, pero en los meses de abril y mayo el amarillo y naranja propio del otoño es el protagonista de una estampa preciosa.

Los alrededores de Arrowntown
Una vez terminamos en Arrowtown condujimos hasta Wanaka por la carretera que atraviesa el Crown Range y llega hasta Cardrona, también con edificios de la fiebre del oro como principal reclamo (además de las estaciones de esquí). Nuestra idea en Wanaka era dormir en el aparcamiento del lago Diamond y subir a la cima de la Rocky Mountain, desde donde se ven unas vistas preciosas de los alrededores de la ciudad y de los picos nevados del Parque Nacional. Esta ruta lleva alrededor de unas tres horas ida y vuelta y en algunas zonas aumenta la dificultad. No es una ruta difícil, pero si llegas con poca preparación o algún problema físico puede costar. Una vez arriba las vistas merecen la pena. Bajamos al aparcamiento y ahí pasamos la noche.

Las vistas desde lo más alto de la Rocky Mountain
DÍA 21 DE OCTUBRE: WANAKA

El día siguiente estaba reservado al relax, el descanso y las obligaciones con la higiene. De camino al pueblo paramos en el viñedo Rippon a una cata de vinos gratuitas, del que nuestros compañeros en Felton Road nos habían hablado muy bien, especialmente por las vistas. Una vez allí compramos una botella de Riesling y fuimos hasta Wanaka, un pueblo que nos encanta ya que aún mantiene la tranquilidad que le falta a Queenstown, aunque con suficiente oferta de ocio y un entorno que nada tiene que envidiarle. Tras la comida paseamos por la orilla del lago y fuimos a ducharnos a las duchas de la gasolinera Caltex (1 NZD por cada minuto), tomamos algo en la cafetería Alchemy y de ahí a dormir. Al día siguiente nos esperaba un buen día y había que llevar los músculos relajados.

DÍA 22: ROB ROY GLACIER Y AL LAGO WANAKA


Si se continúa la carretera que lleva al lago Diamond se llega a la estación de esquí del Treble Cone. Ahí comienza una carretera sin asfaltar que te adentra en el valle del impronunciable río Matukituki. En un comienzo la carretera es sencilla, pero a partir de un punto comienza los pequeños riachuelos a invadir la “calzada”. Si no ha habido lluvias abundantes o mucho deshielo estos ríos se pueden atravesar con coches o furgonetas (la Jucy pudo), aunque hay que andar con ojo. No es sólo un arroyo o dos, sino varios, así que hay que medir bien las posibilidades de cada vehículo.

Así luce el camino que te lleva hasta el inicio de la ruta
 La carretera que te lleva hasta el último aparcamiento es un auténtico espectáculo. Notas que estás dejando atrás todo y te internas en mitad de un Parque Nacional, rodeado de montañas que superan los dos mil metros, con sus picos nevados, y conduces junto a un río helado y con la atenta mirada de ovejas, vacas y ciervos. Cuando la carretera se acaba tienes varias rutas de senderismo para realizar. Algunas de ellas requieren de varios días de caminata y tener que dormir en refugios o tiendas, pero nosotros teníamos la idea de visitar el glaciar Rob Roy.

Momento inicial de la ruta, antes de empezar a ponerse cuesta arriba
La ruta hasta el glaciar lleva aproximadamente hora y media o dos horas con dificultad media-alta. Es una subida continua en la mayor parte del trayecto, caminando de forma paralela a un río de fuertes corrientes hasta llegar al final, con la impresionante vista del glaciar (se ve desde lejos, como suele pasar) encajado en una montaña nevada. Para nosotros tanto el camino como las vistas del glaciar superan en mucho a los famosos glaciares Fox y Franz Josef y además no está tan saturado, sobre todo porque el camino es bastante más complicado.

Las vistas desde el final de la ruta
Iniciamos el camino de vuelta cuando tras nosotros oímos un fuerte rugido. Al girarnos descubrimos que parte de la nieve acumulada en una de las montañas caía en una suerte de pequeña avalancha, muy lejos de nosotros, y disfrutamos de otro nuevo momento en nuestra vida: nuestra primera “avalancha” de nieve. Continuamos la bajada hasta el aparcamiento, parando en algunos momentos a disfrutar de la vista y a respirar profundamente el aire puro y limpio de estos rincones del planeta. Al final hicimos la ruta en unas seis horas con parada larga para comer con vistas al glaciar.

Sí, no es una avalancha como para una película, pero nos pareció espectacular
Nuestros días en Wanaka habían terminado y nos dirigíamos hacia la West Coast. Pasamos la noche en una zona de acampada a la orilla del lago Wanaka, con un bello atardecer, para seguir al día siguiente viendo glaciares.

El anochecer a las afueras de Wanaka

jueves, 11 de agosto de 2016

Resumen viaje a Hawái

En esta entrada os dejamos una relación de todos los posts escritos sobre nuestro viaje de diez días a Hawái. Están las entradas de los diarios de cada una de las cinco islas visitadas, así como información que puede resultar de utilidad: cómo organizamos el viaje, cómo poder dormir de camping y cuál ha sido nuestro presupuesto.


PREVIO:


DIARIOS:


INFORMACIÓN:

lunes, 8 de agosto de 2016

Presupuesto para un viaje a Hawái

En este post queremos detallar cuál ha sido el presupuesto en nuestro viaje de diez días por Hawái. Los diarios cuentan qué hacemos, cómo pasamos los días y de qué forma hemos estructurado esta semana y media en las islas, pero quien nos lea se dirá: “Vale, ¿y esto cuánto cuesta?”. Aquí os detallamos gastos:

Cambio dólar USA-Euro a 18 de abril de 2016: 0'8850

VUELOS

Un gasto fijo para todo aquel que quiera ir a Hawái (salvo que vivas allí, tengas un velero o seas un excelso nadador). Nosotros lo hicimos desde Nueva Zelanda y salimos hacia Canadá, por lo que este precio será menor que desde otras partes del mundo. Además cuando organizamos el viaje decidimos visitar cinco de las seis islas turísticas, por lo que debimos añadirle vuelos internos (sólo hay ferrys desde Maui a Molokai y Lanai).


Gastos por pareja en los vuelos internos
ALOJAMIENTO

Hawái es un destino caro si se quiere dormir en hoteles o hostels. Una de las formas más baratas es ir de acampada y la más segura y legal es hacerlo en los numerosos campings que ofrecen las distintas administraciones (en este enlace tenéis una guía de cómo dormir de acampada en Hawái). En Honolulu tuvimos que ir a un hotel y en la isla de Hawái nos vimos obligados a pagar una habitación por una tromba de agua. Aun así redujimos el gasto por alojamiento a mucho menos que la media de los viajeros.


Gastos de alojamiento sin desayuno por pareja en cada noche
TRANSPORTES

Dentro de las islas puedes moverte en transporte público o alquilar un coche. La manera más económica es la primera, pero la segunda permite mayor libertad de movimientos y si se utilizan dos días por isla, como fue nuestro caso, se optimiza tiempo. Nosotros los reservamos a través de Rentalcars y con un mes de antelación. La gasolina en Hawái es bastante barata comparada con Europa o Nueva Zelanda (lo que conocemos), por lo que no es un gasto demasiado alto.



COMIDAS

Otra categoría en la que hemos intentado ahorrar y evitar lujos innecesarios. No es cuestión de pasar hambre, pero tampoco íbamos a ir a restaurantes de 50 dólares el plato. Comida rápida, compras en supermercados (no son muy baratos) y algún postre o fruta local.



ENTRADAS Y ACTIVIDADES

El único punto donde decidimos realizar un gran gasto extra. El vuelo en helicóptero por Kauai fue el mayor gasto del viaje, pero también el momento cumbre (la mitad del coste fue un regalo de cumpleaños). No era la compañía más barata pero repetiríamos con ellos si volviéramos a ir. Tuvimos suerte de visitar Hawái en la semana de los Parques Nacionales y nos ahorramos las entradas (y con ello el gasto de dormir en sus campings).


VISADOS

El trámite administrativo irremediable para entrar a Estados Unidos. El ESTA se adquiere por internet y tiene una validez de dos años (estancias máximas de 90 días consecutivos), así que como tenemos pensado viajar por el país más adelante se convierte en una inversión a dos años.


GASTOS TOTALES

Finalmente el presupuesto total de nuestro viaje a Hawái fue más o menos lo previsto. Lo que ahorramos en alojamiento o comida lo pudimos invertir en el vuelo en helicóptero (la mitad que no estaba incluida en el regalo de cumpleaños) y sólo tuvimos un gasto imprevisto: la noche de hostel en Hawái.


Puedes ver todas nuestras fotos de Hawái en nuestra página de Flickr y leer en este enlace todas las entradas del viaje.

jueves, 4 de agosto de 2016

Dónde dormir de camping en Hawái

Hawái suena a hotel, cóctel, luna de miel, playa y palmeras y en consecuencia suena a destino caro. Nosotros no íbamos a descubrir ese tipo de viaje, no teníamos suficiente presupuesto, no nos gusta mucho beber cócteles, no nos hemos casado (todavía) y no somos grandes amantes de la playa. Aun así decidimos ir a Hawái porque sabemos que las islas nos ofrecen mucho más que playa y surf. Podemos encontrar bosques de bambúes, volcanes, montañas de una belleza que quitan el aliento, carreteras que son un gusto conducirlas y gente maravillosa que siempre sonríe y vive tranquila. Por eso teníamos que ponernos manos a la obra para buscarnos el alojamiento más barato posible, ya que, después de echar un rápido vistazo, descubrimos que sería mejor llevar la tienda de campaña que ir de hoteles.
No hay nada que envidiar a un resort en primera línea de playa. Molokai One Ali'i Park.
 La forma más barata de acampar es buscar las zonas públicas permitidas e ir diseñando la ruta según los distintos organismos que rigen las zonas de acampada:

- A nivel federal: los Parques Nacionales permiten dormir gratuitamente después de pagar la entrada del parque (10$ por coche o 5$ por persona si no se entra con coche, válido para siete días).
- A nivel estatal: los Parques Estatales, cuestan 18$ hasta seis personas
- A nivel insular: los Parques del Condado, su precio depende de cada isla

Os iremos mostrando por islas dónde dormir y cómo comprar el permiso para acampar. Pinchando en los iconos de lo mapas encontrarás más información de cada zona de acampada.

MOLOKAI



A nivel estatalPālāʻau State Park.

Reserva: únicamente vía web.
Precio: 18$ por reserva (máximo seis personas).


Reserva: en las oficinas del condado y en efectivo, no se puede vía web.
Dirección de la oficina: PO Box 1055 – Kaunakakai, HI 96748.
Horario: de lunes a viernes de 8 a 13 y de 14:30 a 16.
Precio: 10$ por adulto y por noche.

MAUI



A nivel federalKipahulu y Hosmer Grove en el Parque Nacional Haleakala.

Reserva: con la entrada al Parque Nacional tienes permiso a acampar en las zonas habilitadas. Comunícalo en las oficinas del Parque. Hay otras zonas de acampada en mitad de las rutas de senderismo.
Precio: gratuito, está incluído con el precio de la entrada (10$ por coche) al parque y es válido para siete días.


A nivel estatal: Polipoli Spring State Recreation Area (solo accessible con coches 4x4) y Wai'anapanapa State Park.

Reserva: únicamente vía web.
Precio: 18$ por reserva (máximo seis personas).

A nivel condado: Papalua Wayside y Kanaha Beach (este último lo descartamos después de estar allí y nos diera mala sensación).

Reserva: en las oficinas del condado y el pago en efectivo.
Dirección: Maui County Parks and Recreation.
                  700 Halia Nakoa Street, Wailuku HI 96793
Precio: 10$ por adulto y por noche

ISLA DE HAWÁI



A nivel federal: Kulanaokuaiki en el Parque Nacional de los Volcanes.

Reserva: con la entrada al Parque Nacional tienes permiso a acampar en las zonas habilitadas. Comunícalo en las oficinas del Parque.
Precio: gratuito, está incluído con el precio de la entrada (10$ por coche) al parque y es válido para siete días.


A nivel federalNāmakanipaio en el Parque Nacional de los Volcanes.

Reserva: en efectivo a la entrada del camping.
Precio: 15$ por noche (aparte hay que pagar la entrada del Parque Nacional si quieres visitarlo).


Reserva: únicamente vía web.
Precio: 18$ por reserva (máximo seis personas).

A nivel condado: en la Isla de Hawái tienen diez distintas opciones para acampar.

Reserva: únicamente vía web.
Precio: 21$ por pesona y noche.

KAUAI





Reserva: únicamente vía web.
Precio: 18$ por reserva (máximo seis personas). Excepto el Napali Coast que son 20$ por persona y noche y se encuentra en mitad de la famosa ruta de senderismo de Kauai.

A nivel condado: en la Isla de Kauai tienen siete parque para acampar.

Reserva: se puede ir a las oficinas del condado o el ránger te cobra en persona.
Precio: 3$ por persona y noche en la oficina. 5$ por persona y noche si te cobra el ranger en el parque.

OAHU 



A nivel estatal: Malaekahana State Recreation AreaAhupua'a o Kahana State ParkKeaiwa Heiau State Recreation AreaSand Island State Recreation Area.

Reserva: únicamente vía web.
Precio: 18$ por reserva (máximo seis personas).

A nivel condado: en la popular isla de Oahu hay quince zonas de acampada donde sólo se puede acampar por tres o cinco días y de viernes a lunes/miércoles.

Reserva: vía web o en la oficina de Honolulu
               Fasi Municipal Building (FMB)
               650 South King Street
               Honolulu, HI  96813
Precio: 32$ por reserva y durante los tres días o 52$ por reserva y durante cinco días. Máximo diez personas y dos tiendas por reserva.

NUESTRA EXPERIENCIA  

Hemos visitado cinco islas y en todas hemos acampado en distintas zonas, menos en la isla de Oahu. En Honolulu (el único sitio que vistamos)  tuvimos que descuadrar las cuentas para poder dormir ya que leímos en muchas páginas que está prohibido y además desaconsejan acampar por la delincuencia. En Maui no pudimos dormir en las zonas de acampada ya que la oficina estaba cerrada para comprar el permiso y la pasamos en el aeropuerto y la segunda noche en la Isla de Hawái llovía a mares y la tienda la teníamos empapada de la noche anterior.

Resumen de nuestra noches de nuestro viaje en abril de 2016

Puedes ver todas nuestras fotos de Hawái en nuestra página de Flickr y leer en este enlace todos las entradas del viaje.