Ruta mochilera por Hawái

Nueva Zelanda con la Working Holiday Visa

Irlanda, castillos y verdes colinas

China, 21 días por libre

Amsterdam, la escapada perfecta

29 de agosto de 2016

Las eternas postales de la West Coast

Apurábamos nuestros últimos días en la Isla Sur de Nueva Zelanda y encarábamos la subida de la West Coast recorriendo sus carreteras y parando en los numerosos puntos de interés de esta zona del país. No sólo los famosos glaciares Franz Josef y Fox o las Pancake Rocks dejan preciosas escenas en las retinas o los carretes digitales. Ríos, playas, bosques o acantilados. Y siempre rodeados de sandflies.

DÍA 23 DE OCTUBRE: DEL LAGO WANAKA AL GLACIAR FRANZ JOSEF


La West Coast se puede considerar iniciada una vez sales de Wanaka en dirección norte. Y ojo porque entre Wanaka y los glaciares sólo hay una gasolinera, en Haast, y a un precio bastante por encima de la media. Además, la cobertura de teléfono se pierde en ese tramo, así que conviene prevenirse. Desde que dejas Wanaka vas a dirigirte poco a poco a través del Haast Pass hacia el Mar de Tasmania, dando cuenta de cómo el paisaje comienza a tornarse más tropical y abandonas la vegetación montañosa propia de los Alpes neozelandeses. Las lluvias dejan buena muestra de su presencia en esta zona de la isla y se agradece cuando uno disfruta del paseo en la carretera que une Wanaka y Haast. Una de las paradas obligatorias son las Blue Pools, las piscinas naturales de un agua azul turquesa intenso. El lugar, muy frecuentado por los turistas, es zona habitual de baño incluso en esta época del año, cuando el calor no está precisamente presente.

Continuamos conduciendo hasta Haast, momento en que la carretera vuelve por fin a situarse al pie del inmenso océano. Es el momento en el que se aprecia que se está en la West Coast. Grandes playas de arena se alternan con acantilados de decenas de metros de altura. Al lado contrario, la vegetación, dominada por el omnipresente helecho plateado (el Silver Fern, uno de los símbolos del país), se agolpa en las colinas que poco a poco comienzan a erigirse hasta convertirse en montañas. En este recorrido decidimos parar en dos puntos de interés no demasiado publicitados. El primero fue el Ship Creek, una playa de arena blanca enorme donde a su lado se encuentra una ruta de apenas 20 minutos caminando por el bosque de Swamp. En la desembocadura del río, árboles que nacen en el lecho y helechos se mezclan, dejando una estampa más propia de paisajes amazónicos. El agua se torna de un color rojizo y el cantar de las aves te acompañan, rompiendo el silencio que, pese a estar a pocos metros de la carretera, domina la escena.


La ruta por el bosque de Swamp en el Ship Creek con un helecho a punto de nacer
La carretera de la West Coast se puede dividir en tres zonas: dos de ellas discurren junto al mar y otra se adentra en los Alpes hasta los glaciares Fox y Franz Josef. Poco antes de que esto ocurra si se parte desde Wanaka se puede hacer una parada en el Knights Point, un mirador con un paisaje que no por habitual en el país deja de ser atractivo para el que pasa junto a él. Como suele ocurrir en Nueva Zelanda, puede que no sea nada que no hayas visto antes, pero casi de manera automática tienes la inexplicable necesidad de parar y echar un vistazo a los acantilados, las enormes rocas que parecen haber caído al océano y la fuerza del mar chocando contra ellas, empujada por el viento. Si aún se quiere hacer una parada más antes de pasar al paisaje montañoso se puede optar por la playa de Bruce Bay. En esta bahía predomina el color blanco de las rocas de cuarzo que los turistas aprovechan para colocar de forma apilada. O también para dejar sus mensajes, románticos la mayoría de ellos, escritos sobre su superficie. Se ha convertido en una atracción para muchas parejas que viajan por el país (hay muchas lunes de miel atravesando Nueva Zelanda) y llenan sus cuentas de redes sociales de fotografías con sus nombres en las rocas.


Las vistas del mirador del Knights Point y los mensajes en las rocas de cuarzo en Bruce Bay
Para terminar el día nos tocaba la visita al Glaciar Fox. Como ya escribimos en un artículo anterior, si hay que elegir uno de los glaciares es mejor que sea el Fox, sobre todo por el paisaje. Y por supuesto que nadie espere caminar por un enorme glaciar en total soledad. Pero si dejas a un lado las elevadas expectativas puedes disfrutar de una caminata agradable y sencilla con bonitas vistas a tu alrededor y aprender que el cambio climático, ese que muchos niegan, ha hecho reducir cientos de metros en las últimas décadas el tamaño del glaciar. Como siempre decimos, para visitantes nivel usuario de glaciares no tiene porque ser decepcionante.


El Glaciar Fox y la ruta que lleva hasta él
Para dormir elegimos el único lugar gratuito en la zona para vehículos self-contained, el Doherty Creek. Antes paramos en el pueblo de Franz Josef, muy ambientado, y cenamos en uno de los restaurantes gracias a que la tía de Ana nos invitó. Un lugar muy agradable, decorado al estilo alpino, donde la carrillada de ternera es un escándalo. Al día siguiente continuaríamos nuestra ruta por la West Coast neozelandesa ampliando paisajes, guardando escenas.

15 de agosto de 2016

El mejor glaciar de Nueva Zelanda

Uno de los lugares más concurridos en lo que a turismo se refiere en Nueva Zelanda es la zona de los glaciares Fox y Franz Josef, pero para nosotros existe otro glaciar más espectacular y mucho menos saturado: el glaciar Rob Roy. Dejábamos Fiordland para adentrarnos en el Parque Nacional del Monte Aspiring y huimos de Queenstown para disfrutar de la mucho más tranquila Wanaka.

DÍA 20 DE OCTUBRE: DEL LAGO WAKATIPU A WANAKA


La noche anterior Ana condujo desde el Milford Sound hasta una zona de acampada a unos 20 minutos al sur de Queenstown a la orilla del lago Wakatipu. Habíamos llegado con la noche cerrada y no imaginábamos que al despertar lo haríamos ante unas vistas espectaculares. En Nueva Zelanda por suerte abundan estos lugares, pero eso no impidió que nuestro desayuno aquella mañana fuera algo más lento de lo habitual. El plan del día era pasear por Queenstown, visitar Arrowtown y llegar hasta Wanaka.

Nuestras vistas para desayunar
El paseo por Queenstown, la capital del turismo en Nueva Zelanda, no difirió mucho de lo que habíamos hecho días anteriores: caminar por sus calles atestadas de turistas, visitar tiendas y poco más. La única nota diferente fue probar los helados de la cadena de chocolaterías Patagonia, que sí que merecen la pena (hay otra en Wanaka y Arrowtown). Apenas un par de horas después de haber llegado estábamos saliendo en dirección a Wanaka.

Antes hicimos una parada en Arrowtown. Esta antigua ciudad minera destaca por dos cosas: la primera es por mantener un centro histórico al estilo de los días de gloria de este asentamiento, cuando la gente se agolpaba en las orillas del río Arrow en busca de oro. Hoy día ese centro histórico está a reventar de turistas, la mayoría de ellos chinos que quieren visitar los restos del poblado minero de sus compatriotas, todos ellos llenando las tiendas y cafeterías que restan encanto a lo que puede ser un lugar tranquillo para pasear. Sobre todo porque en sus alrededores está el segundo encanto de la ciudad: las montañas que rodean al valle, con sus diferentes tonos de colores en función del momento del año. Esta vez en plena primavera primaba el verde intenso, pero en los meses de abril y mayo el amarillo y naranja propio del otoño es el protagonista de una estampa preciosa.

Los alrededores de Arrowntown
Una vez terminamos en Arrowtown condujimos hasta Wanaka por la carretera que atraviesa el Crown Range y llega hasta Cardrona, también con edificios de la fiebre del oro como principal reclamo (además de las estaciones de esquí). Nuestra idea en Wanaka era dormir en el aparcamiento del lago Diamond y subir a la cima de la Rocky Mountain, desde donde se ven unas vistas preciosas de los alrededores de la ciudad y de los picos nevados del Parque Nacional. Esta ruta lleva alrededor de unas tres horas ida y vuelta y en algunas zonas aumenta la dificultad. No es una ruta difícil, pero si llegas con poca preparación o algún problema físico puede costar. Una vez arriba las vistas merecen la pena. Bajamos al aparcamiento y ahí pasamos la noche.

Las vistas desde lo más alto de la Rocky Mountain
DÍA 21 DE OCTUBRE: WANAKA

El día siguiente estaba reservado al relax, el descanso y las obligaciones con la higiene. De camino al pueblo paramos en el viñedo Rippon a una cata de vinos gratuitas, del que nuestros compañeros en Felton Road nos habían hablado muy bien, especialmente por las vistas. Una vez allí compramos una botella de Riesling y fuimos hasta Wanaka, un pueblo que nos encanta ya que aún mantiene la tranquilidad que le falta a Queenstown, aunque con suficiente oferta de ocio y un entorno que nada tiene que envidiarle. Tras la comida paseamos por la orilla del lago y fuimos a ducharnos a las duchas de la gasolinera Caltex (1 NZD por cada minuto), tomamos algo en la cafetería Alchemy y de ahí a dormir. Al día siguiente nos esperaba un buen día y había que llevar los músculos relajados.

DÍA 22: ROB ROY GLACIER Y AL LAGO WANAKA


Si se continúa la carretera que lleva al lago Diamond se llega a la estación de esquí del Treble Cone. Ahí comienza una carretera sin asfaltar que te adentra en el valle del impronunciable río Matukituki. En un comienzo la carretera es sencilla, pero a partir de un punto comienza los pequeños riachuelos a invadir la “calzada”. Si no ha habido lluvias abundantes o mucho deshielo estos ríos se pueden atravesar con coches o furgonetas (la Jucy pudo), aunque hay que andar con ojo. No es sólo un arroyo o dos, sino varios, así que hay que medir bien las posibilidades de cada vehículo.

Así luce el camino que te lleva hasta el inicio de la ruta
 La carretera que te lleva hasta el último aparcamiento es un auténtico espectáculo. Notas que estás dejando atrás todo y te internas en mitad de un Parque Nacional, rodeado de montañas que superan los dos mil metros, con sus picos nevados, y conduces junto a un río helado y con la atenta mirada de ovejas, vacas y ciervos. Cuando la carretera se acaba tienes varias rutas de senderismo para realizar. Algunas de ellas requieren de varios días de caminata y tener que dormir en refugios o tiendas, pero nosotros teníamos la idea de visitar el glaciar Rob Roy.

Momento inicial de la ruta, antes de empezar a ponerse cuesta arriba
La ruta hasta el glaciar lleva aproximadamente hora y media o dos horas con dificultad media-alta. Es una subida continua en la mayor parte del trayecto, caminando de forma paralela a un río de fuertes corrientes hasta llegar al final, con la impresionante vista del glaciar (se ve desde lejos, como suele pasar) encajado en una montaña nevada. Para nosotros tanto el camino como las vistas del glaciar superan en mucho a los famosos glaciares Fox y Franz Josef y además no está tan saturado, sobre todo porque el camino es bastante más complicado.

Las vistas desde el final de la ruta
Iniciamos el camino de vuelta cuando tras nosotros oímos un fuerte rugido. Al girarnos descubrimos que parte de la nieve acumulada en una de las montañas caía en una suerte de pequeña avalancha, muy lejos de nosotros, y disfrutamos de otro nuevo momento en nuestra vida: nuestra primera “avalancha” de nieve. Continuamos la bajada hasta el aparcamiento, parando en algunos momentos a disfrutar de la vista y a respirar profundamente el aire puro y limpio de estos rincones del planeta. Al final hicimos la ruta en unas seis horas con parada larga para comer con vistas al glaciar.

Sí, no es una avalancha como para una película, pero nos pareció espectacular
Nuestros días en Wanaka habían terminado y nos dirigíamos hacia la West Coast. Pasamos la noche en una zona de acampada a la orilla del lago Wanaka, con un bello atardecer, para seguir al día siguiente viendo glaciares.

El anochecer a las afueras de Wanaka

11 de agosto de 2016

Resumen viaje a Hawái

En esta entrada os dejamos una relación de todos los posts escritos sobre nuestro viaje de diez días a Hawái. Están las entradas de los diarios de cada una de las cinco islas visitadas, así como información que puede resultar de utilidad: cómo organizamos el viaje, cómo poder dormir de camping y cuál ha sido nuestro presupuesto.


PREVIO:


DIARIOS:


INFORMACIÓN:

8 de agosto de 2016

Presupuesto para un viaje a Hawái

En este post queremos detallar cuál ha sido el presupuesto en nuestro viaje de diez días por Hawái. Los diarios cuentan qué hacemos, cómo pasamos los días y de qué forma hemos estructurado esta semana y media en las islas, pero quien nos lea se dirá: “Vale, ¿y esto cuánto cuesta?”. Aquí os detallamos gastos:

Cambio dólar USA-Euro a 18 de abril de 2016: 0'8850

VUELOS

Un gasto fijo para todo aquel que quiera ir a Hawái (salvo que vivas allí, tengas un velero o seas un excelso nadador). Nosotros lo hicimos desde Nueva Zelanda y salimos hacia Canadá, por lo que este precio será menor que desde otras partes del mundo. Además cuando organizamos el viaje decidimos visitar cinco de las seis islas turísticas, por lo que debimos añadirle vuelos internos (sólo hay ferrys desde Maui a Molokai y Lanai).


Gastos por pareja en los vuelos internos
ALOJAMIENTO

Hawái es un destino caro si se quiere dormir en hoteles o hostels. Una de las formas más baratas es ir de acampada y la más segura y legal es hacerlo en los numerosos campings que ofrecen las distintas administraciones (en este enlace tenéis una guía de cómo dormir de acampada en Hawái). En Honolulu tuvimos que ir a un hotel y en la isla de Hawái nos vimos obligados a pagar una habitación por una tromba de agua. Aun así redujimos el gasto por alojamiento a mucho menos que la media de los viajeros.


Gastos de alojamiento sin desayuno por pareja en cada noche
TRANSPORTES

Dentro de las islas puedes moverte en transporte público o alquilar un coche. La manera más económica es la primera, pero la segunda permite mayor libertad de movimientos y si se utilizan dos días por isla, como fue nuestro caso, se optimiza tiempo. Nosotros los reservamos a través de Rentalcars y con un mes de antelación. La gasolina en Hawái es bastante barata comparada con Europa o Nueva Zelanda (lo que conocemos), por lo que no es un gasto demasiado alto.



COMIDAS

Otra categoría en la que hemos intentado ahorrar y evitar lujos innecesarios. No es cuestión de pasar hambre, pero tampoco íbamos a ir a restaurantes de 50 dólares el plato. Comida rápida, compras en supermercados (no son muy baratos) y algún postre o fruta local.



ENTRADAS Y ACTIVIDADES

El único punto donde decidimos realizar un gran gasto extra. El vuelo en helicóptero por Kauai fue el mayor gasto del viaje, pero también el momento cumbre (la mitad del coste fue un regalo de cumpleaños). No era la compañía más barata pero repetiríamos con ellos si volviéramos a ir. Tuvimos suerte de visitar Hawái en la semana de los Parques Nacionales y nos ahorramos las entradas (y con ello el gasto de dormir en sus campings).


VISADOS

El trámite administrativo irremediable para entrar a Estados Unidos. El ESTA se adquiere por internet y tiene una validez de dos años (estancias máximas de 90 días consecutivos), así que como tenemos pensado viajar por el país más adelante se convierte en una inversión a dos años.


GASTOS TOTALES

Finalmente el presupuesto total de nuestro viaje a Hawái fue más o menos lo previsto. Lo que ahorramos en alojamiento o comida lo pudimos invertir en el vuelo en helicóptero (la mitad que no estaba incluida en el regalo de cumpleaños) y sólo tuvimos un gasto imprevisto: la noche de hostel en Hawái.


Puedes ver todas nuestras fotos de Hawái en nuestra página de Flickr y leer en este enlace todas las entradas del viaje.

4 de agosto de 2016

Dónde dormir de camping en Hawái

Hawái suena a hotel, cóctel, luna de miel, playa y palmeras y en consecuencia suena a destino caro. Nosotros no íbamos a descubrir ese tipo de viaje, no teníamos suficiente presupuesto, no nos gusta mucho beber cócteles, no nos hemos casado (todavía) y no somos grandes amantes de la playa. Aun así decidimos ir a Hawái porque sabemos que las islas nos ofrecen mucho más que playa y surf. Podemos encontrar bosques de bambúes, volcanes, montañas de una belleza que quitan el aliento, carreteras que son un gusto conducirlas y gente maravillosa que siempre sonríe y vive tranquila. Por eso teníamos que ponernos manos a la obra para buscarnos el alojamiento más barato posible, ya que, después de echar un rápido vistazo, descubrimos que sería mejor llevar la tienda de campaña que ir de hoteles.
No hay nada que envidiar a un resort en primera línea de playa. Molokai One Ali'i Park.
 La forma más barata de acampar es buscar las zonas públicas permitidas e ir diseñando la ruta según los distintos organismos que rigen las zonas de acampada:

- A nivel federal: los Parques Nacionales permiten dormir gratuitamente después de pagar la entrada del parque (10$ por coche o 5$ por persona si no se entra con coche, válido para siete días).
- A nivel estatal: los Parques Estatales, cuestan 18$ hasta seis personas
- A nivel insular: los Parques del Condado, su precio depende de cada isla

Os iremos mostrando por islas dónde dormir y cómo comprar el permiso para acampar. Pinchando en los iconos de lo mapas encontrarás más información de cada zona de acampada.

MOLOKAI



A nivel estatalPālāʻau State Park.

Reserva: únicamente vía web.
Precio: 18$ por reserva (máximo seis personas).


Reserva: en las oficinas del condado y en efectivo, no se puede vía web.
Dirección de la oficina: PO Box 1055 – Kaunakakai, HI 96748.
Horario: de lunes a viernes de 8 a 13 y de 14:30 a 16.
Precio: 10$ por adulto y por noche.

MAUI



A nivel federalKipahulu y Hosmer Grove en el Parque Nacional Haleakala.

Reserva: con la entrada al Parque Nacional tienes permiso a acampar en las zonas habilitadas. Comunícalo en las oficinas del Parque. Hay otras zonas de acampada en mitad de las rutas de senderismo.
Precio: gratuito, está incluído con el precio de la entrada (10$ por coche) al parque y es válido para siete días.


A nivel estatal: Polipoli Spring State Recreation Area (solo accessible con coches 4x4) y Wai'anapanapa State Park.

Reserva: únicamente vía web.
Precio: 18$ por reserva (máximo seis personas).

A nivel condado: Papalua Wayside y Kanaha Beach (este último lo descartamos después de estar allí y nos diera mala sensación).

Reserva: en las oficinas del condado y el pago en efectivo.
Dirección: Maui County Parks and Recreation.
                  700 Halia Nakoa Street, Wailuku HI 96793
Precio: 10$ por adulto y por noche

ISLA DE HAWÁI



A nivel federal: Kulanaokuaiki en el Parque Nacional de los Volcanes.

Reserva: con la entrada al Parque Nacional tienes permiso a acampar en las zonas habilitadas. Comunícalo en las oficinas del Parque.
Precio: gratuito, está incluído con el precio de la entrada (10$ por coche) al parque y es válido para siete días.


A nivel federalNāmakanipaio en el Parque Nacional de los Volcanes.

Reserva: en efectivo a la entrada del camping.
Precio: 15$ por noche (aparte hay que pagar la entrada del Parque Nacional si quieres visitarlo).


Reserva: únicamente vía web.
Precio: 18$ por reserva (máximo seis personas).

A nivel condado: en la Isla de Hawái tienen diez distintas opciones para acampar.

Reserva: únicamente vía web.
Precio: 21$ por pesona y noche.

KAUAI





Reserva: únicamente vía web.
Precio: 18$ por reserva (máximo seis personas). Excepto el Napali Coast que son 20$ por persona y noche y se encuentra en mitad de la famosa ruta de senderismo de Kauai.

A nivel condado: en la Isla de Kauai tienen siete parque para acampar.

Reserva: se puede ir a las oficinas del condado o el ránger te cobra en persona.
Precio: 3$ por persona y noche en la oficina. 5$ por persona y noche si te cobra el ranger en el parque.

OAHU 



A nivel estatal: Malaekahana State Recreation AreaAhupua'a o Kahana State ParkKeaiwa Heiau State Recreation AreaSand Island State Recreation Area.

Reserva: únicamente vía web.
Precio: 18$ por reserva (máximo seis personas).

A nivel condado: en la popular isla de Oahu hay quince zonas de acampada donde sólo se puede acampar por tres o cinco días y de viernes a lunes/miércoles.

Reserva: vía web o en la oficina de Honolulu
               Fasi Municipal Building (FMB)
               650 South King Street
               Honolulu, HI  96813
Precio: 32$ por reserva y durante los tres días o 52$ por reserva y durante cinco días. Máximo diez personas y dos tiendas por reserva.

NUESTRA EXPERIENCIA  

Hemos visitado cinco islas y en todas hemos acampado en distintas zonas, menos en la isla de Oahu. En Honolulu (el único sitio que vistamos)  tuvimos que descuadrar las cuentas para poder dormir ya que leímos en muchas páginas que está prohibido y además desaconsejan acampar por la delincuencia. En Maui no pudimos dormir en las zonas de acampada ya que la oficina estaba cerrada para comprar el permiso y la pasamos en el aeropuerto y la segunda noche en la Isla de Hawái llovía a mares y la tienda la teníamos empapada de la noche anterior.

Resumen de nuestra noches de nuestro viaje en abril de 2016

Puedes ver todas nuestras fotos de Hawái en nuestra página de Flickr y leer en este enlace todos las entradas del viaje.

31 de julio de 2016

Pearl Harbor y poco más: nuestro último día en Hawái

Nuestro viaje por Hawái estaba llegando a su fin. La isla de Kauai nos había impresionado hasta el punto de prometernos a nosotros mismos que algún día volveríamos, pero ahora nos tocaba disfrutar de nuestro último día en el archipiélago visitando la más turística de las islas, Oahu, y la gran ciudad y capital hawaiana, Honolulu. Este sería, además, nuestro punto de partida hacia nuestro siguiente destino, mucho más frío que las playas del Pacífico.

DÍA 26 DE ABRIL: OAHU


Honolulu y su área metropolitana es una de las mayores urbes de Estados Unidos y punto de referencia para muchos turistas que llegan a Hawái. Tal vez por eso y por todo lo que habíamos leído era el destino que menos nos atraía. Y una vez que pusimos pie en tierra en su aeropuerto nos dimos cuenta de por qué nos habíamos decantado por el resto de las islas: tráfico, asfalto, personas.

Oahu sería la única isla en la que no alquilaríamos coche y también en la única en la que no dormiríamos de camping (salvo la excepción de la isla de Hawái y su tromba de agua), por lo que nos tocaba experimentar el transporte público de la ciudad. Tomamos el autobús número 19 que lleva desde el aeropuerto a la zona de Waikiki Beach, donde teníamos nuestro alojamiento. El ticket cuesta 2,50 USD por persona (hay que llevar el importe exacto) y disfrutamos de un viaje de casi una hora en un trayecto que en circunstancias normales sería de 20 minutos. Los atascos no nos transmitían nada de Aloha. Al menos pudimos echar un vistazo al centro de la ciudad y a algunos de sus edificios y monumentos más representativos y que no teníamos planeado visitar ese único día, como la estatua de Kamehameha, el Palacio de Iolani y el edificio de la Corte Suprema de Hawái.

Llegamos a Waikiki Beach, la zona donde se acumulan decenas de hoteles, y anduvimos hasta el nuestro, el White Sands Beach, un hotel bastante funcional que había vivido mejores años, aunque bastante mejor de lo que esperábamos. Pudimos entrar temprano en la habitación y preguntamos cómo llegar al que considerábamos único punto de interés de la ciudad y sus alrededores, la base militar de Pearl Harbor. Tras las indicaciones, que incluían volver a realizar el mismo trayecto en autobús en sentido inverso, fuimos a comer algo y a descubrir ese pequeño trozo de historia mundial en Hawái.

Nuestra habitación en Honolulu.
Las presentaciones sobran cuando se habla de Pearl Harbor y su papel en la Segunda Guerra Mundial. La zona del ataque japonés, hoy convertido en Museo y Monumento Nacional, abarca desde la visita a exposiciones, centros de interpretación, el interior de un acorazado o los restos del Arizona, el más famoso de los que fueron hundidos aquel "día de la infamia". La entrada básica es gratuita (tuvimos que pagar 3 USD por dejar la mochila en la taquilla) y se puede complementar con visitas de pago. Nosotros no lo hicimos, así que no entramos a valorar si merecen o no la pena, pero la zona gratuita da buena muestra de lo que supuso aquello para el devenir de la Guerra y para Estados Unidos.



Arriba el mapa del sitio histórico de Pearl Harbor y abajo el Acorazado USS Bowfin, visitable previo pago.
Posiblemente lo más interesante sea la visita al Arizona. En unas taquillas situadas frente a la entrada puedes recoger tu ticket que te da hora para tomar el barco hasta el Memorial de las victimas de ese acorazado que hoy posa en el fondo del segundo mayor puerto natural del mundo (después de Mahón). Antes hay que visionar un video de unos pocos minutos para ponerte en situación y, una vez cruzas la bahía en barco, llegas a un moderno memorial donde poder apreciar los restos bajo el mar. Resulta bastante impresionante saber que ahí debajo descansan decenas de marineros estadounidenses que nunca pudieron ser rescatados.

Además de los restos del Acorazado, el Memorial recoge los nombres de todos los fallecidos.
Pero en el otro lado uno no termina de sorprenderse de que, como suele ocurrir, la historia la escriben los vencedores. En la sala de interpretación apenas se hace referencia a la manera en que Estados Unidos puso fin a su guerra con los japoneses, con los ataques con bombas nucleares en Hiroshima y Nagasaki. Un pequeño detalle que apenas recibe algunas líneas en algún texto. O cómo los japoneses que vivían en territorio estadounidense (algunos de ellos ciudadanos americanos) fueron llevados a campos de trabajo como venganza al ataque. Pese a esos déficits de objetividad, la visita bien merece la pena.

Volvimos de Pearl Harbor a Waikiki Beach con la idea de dar un paseo por la zona y visitar la archiconocida playa. Además, cada martes y sábado a las 18:30 se lleva a cabo un evento gratuito en la playa con música y baile hawaiano (el famoso hula), así que teníamos plan para las últimas horas en la isla. De la playa de Waikiki mejor no hablar demasiado. Suponemos que para un matrimonio de Denver o para la luna de miel de una pareja de Hamburgo aquello puede tener su encanto, pero nosotros no se lo vimos por ningún lado. Por suerte el espectáculo de hula sí lo tuvo y disfrutamos de la hora que dura aproximadamente el evento. Se lleva a cabo junto a la famosa estatua del surfero Duke Kahanamoku y con un césped donde poder sentarse, oír música, disfrutar de baile y ver el anochecer.


Arriba, Alejandro preguntándose qué tendrá la playa de Waikiki y abajo, el espectáculo de hula.
Una vez hubo terminado el hula nos fuimos a una de las recomendaciones que nos dieron los compañeros de Nuestro Diario de Aventuras, el restaurante japonés Marukame Udon, donde tras un buen rato de cola y a un muy buen precio puedes disfrutar de una muy buena cena. Se acababa nuestro día y con él nuestro viaje a Hawái.

La influencia japonesa en toda Hawái se nota en la cantidad de restaurantes japoneses.
Nos fuimos a dormir con la sensación de haber disfrutado al máximo nuestra estancia de diez días en Hawái, pero también con esa pena que sientes cuando sabes que un lugar ha sido especial. Sin duda en nuestros planes de futuro está volver a Hawái, pero ahora afrontábamos una nueva e ilusionante etapa en nuestra vida. Nos esperaba un país de nieve, montañas y animales salvajes. Nos vamos a Canadá.

Recuerda que puedes ver todo nuestro viaje de Hawái en este enlace.

30 de mayo de 2016

El lugar al que prometimos volver

Como si estuviéramos tomando algún tipo de impulso para un gran salto, nuestro primer día en la isla de Kauai había sido uno de los más tranquilos del viaje. Pero lo que estaba por venir iba a ser el colofón perfecto para estos diez días en Hawái, a falta de lo que visitaríamos en Oahu. Como resumen un dato: nunca antes habíamos disfrutado tanto de algo como de aquel vuelo en helicóptero por Kauai.

DÍA 25 DE ABRIL: KAUAI


Para que nos entendáis: todo en Hawái es espectacular. Pero sin duda alguna dentro de cada destino hay un punto que puede destacar por encima de los demás. Para nosotros ese lugar fue la isla de Kauai, donde dividimos nuestro segundo día en tres partes, cada uno de ellos especial por algo distinto al anterior. 

Para comenzar a explicar la belleza de Kauai basta con enumerar algunas películas rodadas en la isla. Parque Jurásico y su última secuela, Jurassic World, En busca del arca perdida, Los descendientes, Hook e incluso Lilo & Sticht, entre otras muchas. Es fácil imaginar, por tanto, qué tipo de paisajes se pueden encontrar en Kauai. Y en este día teníamos pensado descubrirlo casi todo.

Nuestra idea la noche anterior era dormir lo más cerca posible del camino al cañón de Waimea. Después de que el ranger nos despertara para comprobar que habíamos pagado la noche de camping (el día anterior nos escribieron mal la fecha), condujimos hasta el pueblo de Waimea y ahí tomamos la carretera que te adentra en el cañón. Era bastante temprano y por suerte la carretera estaba libre de turistas. Nos habían aconsejado que la mejor hora para ver el cañón y la costa de Napali era esta (empezamos a las 7) y desde luego bien que lo agradecimos. En un principio la carretera simplemente se dedica a subir y girar las decenas de curvas, pero poco a poco van apareciendo los miradores para disfrutar de las vistas del cañón. Mezclando el rojo de la tierra y el verde de la vegetación, los altos acantilados sobre el río Waimea dibujan un paisaje que parece sacado de otros puntos del planeta. Existen numerosas rutas de senderismo para poder disfrutar de otras vistas del cañón, que bien merece la fama que recibe, y también de la pequeña isla de Niihau. Habíamos llegado tan temprano que los pocos puestos de ventas de refrescos y souvenirs en los miradores aún no estaban montados.



Distintas imágenes del cañón de Waimea
Continuamos la carretera parando en cada uno de los miradores donde observar el cañón desde ángulos distintos. La vegetación envolvía un camino que muere en las vistas sobre la costa de Napali, la gran atracción de la isla. Paramos en el centro de información del Parque Estatal, pero la mujer que justo en ese momento abría las puertas del recinto (eran las 8 de la mañana) nos aconsejó que siguiéramos el camino para aprovechar lo que ya nos habían dicho antes, que aquella era la mejor hora para ver la costa, así que seguimos hacia delante.

La carretera llega hasta el mirador de Kalalau, junto al río Kalalau, los acantilados de Kalalau y la playa de Kalalau. Por ahí pasa la ruta de, cómo no, Kalalau, de unos 17 kilómetros y una de las más conocidas del mundo. Y un poco más adelante las vistas desde el mirador de Puu O Kila. Las vistas desde los miradores son simplemente impresionantes. Por suerte y gracias a seguir los consejos que nos habían dado, pudimos ver los acantilados de la costa de Napali limpios de nubes. Las montañas, trazadas como si hubieran sido rasgadas por enormes garras, morían casi en un océano de aguas limpias y cristalinas. Poco a poco, como si desde algún punto de la montaña alguien pusiera en funcionamiento una máquina de nubes, una espesa capa blanca empezó a ocuparlo todo, dejando apenas unos segundos de visión de la costa. Todos los visitantes que llegaron tras nosotros alucinaban cuando uno de esos claros dejaba ver aquella maravilla natural. Nosotros habíamos podido verlo en su totalidad.


Los acantilados de Kalalau (arriba) y Ana paseando con la fábrica de nubes al fondo.
Aún tuvimos tiempo de andar por los senderos situados junto al aparcamiento para disfrutar de otras vistas de los acantilados. Hablamos con una mujer, hija de habitantes de Kauai, que nos dijo que habíamos sido unos afortunados por lo que habíamos visto. Y tanto que lo fuimos, no nos cabe la menor duda. Poco después nos volvimos al coche y seguimos con el plan de la ruta. Como os contamos en el anterior post habíamos reservado para este día un vuelo en helicóptero por la isla con la compañía Blue Hawaian Helicopter (249$ por persona durante una hora). Teníamos que llegar unos 45 minutos antes del vuelo para recibir una charla de seguridad y llegamos algo antes para usar el wifi. Conocimos a los que serían nuestros tres compañeros de vuelo (una pareja de neoyorquinos y un señor octagenario de Colorado, al que esperaba su mujer en tierra, suponemos que sin suficiente valor para volar con él), nos explicaron el protocolo de seguridad y nos asignaron nuestros asientos. Por suerte iríamos en la parte delantera del helicóptero. Todo el vuelo, como es lógico, es mejor mostrarlo en imágenes, tanto en video (si puedes, ¡ponlo en HD!) como en fotografías.



Las "Jurassic Falls" y dos escenas del cañón de Waimea desde el aire.

Una vez aterrizamos nuestra primera impresión era que aquello que habíamos visto no podía ser real. Ana ironizó con que nos habían subido a un simulador y lo que habíamos visto era fruto de los efectos especiales. No salíamos de nuestro asombro. Montañas, cascadas, playas, acantilados… El vuelo iba comentado en todo momento por el piloto y en nuestros auriculares podíamos oír sus explicaciones y música (el momento en el que nos acercábamos a la catarata Wanamaiopuna, las Jurassic Falls, con el tema principal de la película fue especialmente emocionante). Sabíamos que había sido caro y que otras compañías son más baratas, pero en el momento que despegamos nos olvidamos del precio y sólo disfrutamos de lo que estábamos viendo. Nuestra experiencia viajera, sin ser enorme pero lo suficientemente amplia como para poder opinar, no nos ha brindado un momento igual.




Distintas vistas de la costa de Napali desde el helicóptero.
Aún con la excitación nos fuimos a comer algo y a no dejar de comentar el vuelo. A la mañana siguiente tomábamos el avión a Honolulu y decidimos dormir en el Parque de Anini Beach, en la costa norte. Desde Lihue a este punto se encuentra la zona más turística de la isla, más resguardada de las lluvias. Se encadenan los pueblos con hoteles, resorts, restaurantes y playas. Paramos en el faro de Kilauea, zona de avistamiento de aves, y seguimos conduciendo hasta la playa donde dormimos. Habíamos tratado de pagar, sin éxito, la acampada para aquel día en la oficina del condado, así que lo debíamos de hacer en la propia playa. Encontramos a la ranger, que nos cobró los 5$ por persona, aparcamos el coche y buscamos un lugar donde poner nuestra tienda. La zona es un amplio césped cubierto de árboles y una pequeña y tranquila playa. Habían bastantes tiendas, la mayoría localizadas lo más cerca posible de la orilla del mar, así que buscamos un hueco y plantamos nuestra destartalada tienda.


El anochecer en la playa de Anini.
Nos quitamos los zapatos y los fundimos con la arena de la playa y el mar. Caminamos, observamos a nuestros vecinos de tienda y nos sentamos a ver el anochecer en el horizonte de Kauai. Era el momento de realizar dos difíciles ejercicios mentales: el primero, procesar toda la belleza que nuestros ojos habían captado ese día; el segundo, el más difícil, era asimilar que nuestros días en Hawái estaban tocando a su fin. Al día siguiente volaríamos a Oahu, la más poblada y saturada de las islas de Hawái. Pero en aquella playa, cuando no quedaba más luz que un fino rayo de sol ni más sonido que las olas del mar, nos prometimos que volveríamos a Kauai.

Recuerda que puedes ver todas nuestras fotos de la isla de Kauai en nuestra página de Flickr y todo nuestro viaje de Hawái en este enlace.