Ruta mochilera por Hawái

Nueva Zelanda con la Working Holiday Visa

Irlanda, castillos y verdes colinas

China, 21 días por libre

Amsterdam, la escapada perfecta

viernes, 14 de julio de 2017

Cómo camperizar un coche

Estamos a punto de iniciar un viaje de muchos kilómetros, muchas millas y mucho tiempo. Es la segunda vez que compramos un coche en el extranjero y después de la experiencia en Nueva Zelanda con nuestra furgoneta Delica, decidimos hacer unos cambios para este viaje. Hemos aprendido de algunos errores e intentaremos no repetirlos.

Durante el año que estuvimos con la Working Holiday Visa para recorrer ambas islas y quizás también como vivienda, hicimos una apresurada compra de una Mithsubishi Delica del 94. Venía con una plataforma de madera y un colchón regular, ambos muy pesados. La furgoneta era muy pesada, con lo que el gasto de gasolina se elevaba mucho, en las cuestas la pobre sufría y no teníamos forma de comer sentados con mesa dentro, así que cuando llovía o hacía mucho frío nos daba mucha pereza salir fuera a preparar la comida y terminábamos comiendo en algún sitio de comida rápida. Se incrementaba por tanto el gasto de nuestro viaje.

La Delica en Nueva Zelanda.
Esta vez era distinto, estábamos en Canadá, en una casa, sin prisa y podíamos ver opciones y construir nuestra vivienda rodante para los próximos cinco meses con calma y estudiando todo con detalle. 

¿Por qué cambiamos de una furgoneta a un coche?

El movimiento “vanlife” va creciendo con el tiempo, haciéndose cada vez más popular. La consecuencia es que los precios se elevan y se están pagando cifras desorbitadas por una chatarra limpia que quedará muy mona en Instagram con el hashtag #vanlifestyle o #vanlife, pero que puede que te dé muchos dolores de cabeza (y de cartera) por averías. Lo decimos por experiencia. En Nueva Zelanda fue la única pega que le ponemos a nuestro viaje. Perdimos todo el dinero de la compra ya que no pudimos venderla porque costaba muchísimo repararla. 

Por lo tanto, esta vez elegimos un coche barato porque sabemos que son viejos y que tendremos averías durante el camino. Así contaremos con ese dinero para imprevistos. Otra razón por la que elegimos un coche es porque consume mucho menos y también porque es más cómodo para la conducción en la montaña y las cuestas. Por supuesto en la furgoneta hay más espacio, pero aprovechando cada centímetro del coche se puede vivir igual de bien que en una furgoneta pequeña.

Elección del coche

En Norteamérica hay muchísimos coches familiares de siete plazas con muy buenas referencias. Al principio no nos importaba qué marca o modelo de coche, sólo lo queríamos barato y espacioso. Estuvimos acerca de dos meses buscando y viendo coches. Estábamos sugestionados de la experiencia en Nueva Zelanda, ya que no queríamos perder de nuevo el dinero. No nos fiábamos de nadie, no queríamos comprar sin antes hacerle una revisión, las revisiones que hacíamos no salían perfectas y estuvimos a punto de abandonar el viaje porque no encontrábamos el coche perfecto. 

Hasta que vimos el anuncio de una familia que vendía su Toyota Sienna del año 2000. Según todas las páginas que habíamos visto era la mejor “minivan”, como la llaman por aquí, del mercado. La más segura, la que mejor rendimiento tenía, el consumo era bueno, espaciosa y la gente mantenía este coche porque aun con 400 mil kilómetros andaba bien. El precio estaba dentro de nuestro presupuesto, incluso por debajo, así que probamos. La familia nos dio buena sensación, nos lanzamos y lo elegimos como compañero de ruta. Abedul. Así se llama nuestra Toyota Sienna de siete plazas.

Abedul en su primer día con nosotros.
Conversión de coche familiar a camper paso a paso

Diseño

Lo primero que hicimos, durante la búsqueda de coche, era ver diseños por internet. Nos poníamos muy celosos al ver algunas furgonetas en Pinterest. Con ducha, parqué en el suelo, calefacción, aislada… Perfectamente pasan por mini apartamentos. Pero vamos a ser realistas: sólo queremos este coche para un viaje de cinco meses y será verano. No necesitamos tanto lujo.

Escogimos un sencillo diseño donde podríamos dormir y comer dentro sentados y con mesa para esos día de lluvia, mosquitos, frío o pereza. También queríamos que tuviera espacio entre los asientos y la estructura para poder poner la nevera y tener almacenamiento a mano.

Al tener ya el coche, lo primero que hicimos fue medirlo para saber con cuánto espacio contábamos. Debemos aclarar que es la primera vez que hacemos esto, la primera vez que diseñamos y la primera vez que construimos algo con madera. Nuestra experiencia se limita sólo a montar el mueble de Ikea, de los fáciles. Así que nos reímos mucho con los planos, los dibujos y las medidas.

Diseño y midiendo

Medidas

Abedul cuenta con 1,2 metros de ancho y 2,23 de largo. Nosotros medimos menos de 1,70 así que la cama medirá 1,80 para no tener que dormir al borde. Entre la cama y los asientos tendremos unos 0,40 cm donde pondremos la nevera que irá conectada al coche para mantenerla fría mientras conducimos y así no estar pendientes del hielo. 

La mayoría de diseños que veíamos tenían la parte de la cocina detrás, en el maletero, para cocinar de pie estando fuera del coche. Así la teníamos en Nueva Zelanda y no nos parecía nada cómodo. Así que para nuestra cama dividiremos la estructura en dos partes. Una para almacenamiento y otra para la mesa con asientos. 

Pondremos también el “comedor” al lado de las puertas traseras, ya que es la parte alta del coche. Así podremos estar sentados con la espalda recta, acceder mejor a la nevera y si hay que salir corriendo estamos más cerca de los asientos delanteros y las puertas traseras. 

Para la altura de la cama escogimos unos 35 centímetros que nos deja espacio suficiente para guardar las mochilas y las cajas con comida. Contando ese espacio, el grosor del colchón y nuestro tamaño podremos estar cómodamente sentados con la espalda recta.

Espacio suficiente para estar sentados
Madera

Con el diseño claro, elegimos la madera. Estamos en Canadá y, aunque hace casi medio siglo que cambiaron al sistema métrico, en cuestión de materiales se siguen utilizando pies y pulgadas. Esto fue un quebradero de cabeza porque las tablas venían ya con sus medidas y nos veían con cara de no entender nada cuando les decíamos nuestras medidas en centímetros. 

Escogimos una tabla de abedul de media pulgada de grosor, unos 1,27 cm. Nos cortaron la tabla principal en cinco trozos. La cama queda en 1,2 m de ancho por 1,80 de largo. Luego dividimos dos zonas de almacenamiento en el maletero de 0,60 x 0,90. Y el comedor dividido en tres partes: asientos y mesa de 0,40 cm de ancho por 0,90 cm de largo. Espacio suficiente para comer dos personas, cocinar, jugar a las cartas, escribir e incluso tenemos sitio para invitados. 

Para las patas y el marco de la cama escogimos una madera más robusta, para estar seguros de que no se romperá todo en medio de los baches en Yukon. Las patas tendrán una anchura de 9cm x 5,5cm  y el marco de 8,7cm x 2cm . En la tienda nos cobraban 2$ por cada corte, así que aprovechando que nuestro jefe tenía un máquina ya cortamos nosotros las patas y el marco en casa.

Eligiendo, midiendo y comparando precios
Montaje

Con todo colocado en el suelo y viendo qué encaja empezamos a taladrar. En vez de clavos escogimos tornillos, para cuando tengamos que desmontarla. Tuvimos la suerte de tener al hermano de nuestro jefe, que es carpintero, en casa de visita esos días, así que no se nos romperá y no haremos un desastre.

Todo encaja

Empezando a taladrar nuestro hogar

Para el almacenamiento pusimos unas bisagras para poder abrir desde el centro hacia los laterales. Los asientos los dejaremos fijos clavando más patas para que quede más sujeto y dividimos la estructura en dos partes para poder meterla y sacarla más fácil del coche.

Mitad de la construcción hecha 

Nuestro almacenamiento
La mesa nos dio muchos problemas, ya que se complicaba mucho el mecanismo pero al hermano de nuestro jefe se le ocurrió que lo más sencillo era poner una mesa de plástico que vendían en el Canadian Tire por 15$ y encima la madera. Resultó ser una excelente idea ya que cuando quitamos la mesa tenemos mucho espacio para cambiarnos y coger las cosas. Además si hace buen tiempo contamos con dos mesitas para poner fuera.

Probando el espacio
Complementos

Para el colchón no nos lo pensamos dos veces. Escogimos uno de gomaespuma pero grueso y cómodo, ya que serán muchas horas y después de muchos kilómetros nuestra espalda lo agradecerá. Después de varios retrasos en la entrega y cambiando de tienda conseguimos nuestro colchón para dormir, para sentarnos y como respaldo.

Eligiendo nuestro colchón
Tiendas de segunda mano

El Value Village nos ha ahorrado mucho dinero a la hora de complementar el coche. Allí adquirimos una tela enorme que usaríamos como funda para el colchón. Como no teníamos máquina de coser ni tiempo lo colocamos como pudimos con unos imperdibles. El resultado quedó estupendo. Además así podemos quitar las fundas para lavarlas cuando sea necesario.

Colchón, tela e imperdible: cama low cost
Decidimos no aislar el coche, aunque muchos lo recomiendan. Se nos salía de presupuesto, de tiempo y tampoco pensamos que sea imprescindible para nuestro viaje. Veremos con el tiempo, pero para el frio compramos un nórdico en la tienda de segunda mano, llevamos los sacos de dormir y pijamas de invierno. Además será verano, así que nos preocupa más el calor.

Para las cortinas compramos dos telas muy tupidas y de poco peso. El sistema que utilizamos es de lo más sencillo, barato, práctico y entretenido. Encontramos una bolsa enorme de pinzas por 3$ y las usamos cada noche y cada mañana para enganchar la tela al coche. Conduciremos hacia el norte y las horas de luz serán muy extensas así que entre los espejos tintados y la tela que compramos no entrará ni un rayito de sol.

Otros viajeros nos advirtieron de la cantidad de mosquitos enormes que encontraremos en el camino. Vimos que una mosquitera normal costaba 25$ y no nos llegaba para mucho. Solucionamos el problema, una vez más, en la tienda de segunda mano. Unas cortinas casi transparentes y nuestras pinzas y ya no tendremos invitados indeseados decididos a picarnos.

Cocinando sin mosquitos
Probando el tamaño de la mosquitera

Para el tema del baño no nos preocupamos mucho porque pasaremos las noches en los aparcamientos de los supermercados o en zonas de picnic que tienen baños. Pero para emergencias, tanto si hay que hacer pipí en medio de la noche o si hay un oso en la puerta, pues hemos comprado este aparato para Ana y una botella bien verde visible para no confundirnos a la hora de beber. Las duchas las haremos en campings. A veces, aunque no estés alojado, te dejan ducharte por 1$ y después del viaje por Nueva Zelanda nos damos cuenta de que tampoco hace falta ducharse todos los días (aunque suene impopular, es la verdad).

Botella y un orinal portatil
Otra cosa que nos fastidiaba mucho en Nueva Zelanda era fregar los platos, incluso más que las duchas o los baños. Era muy complicado encontrar fregaderos públicos. No parece muy complicado construir uno de forma casera pero una vez más no tenemos espacio ni tiempo para hacerlo. Nos apañamos con una botella, una palangana, un embudo y otra botella. En cuanto vemos un baño tiramos las aguas grises por el váter.

Nuestro fregadero low cost
El resto de cosas necesarias como camping gas, sartenes, platos, ollas, cubiertos, almohadas, sábanas, cajas, etc. las fuimos comprando entre la tienda de segunda mano y ofertas que íbamos viendo poco a poco.

Todo lo necesario para vivir

Presupuesto 

Coche: 2500$                                                          Inspección: 107$
Seguro para seis meses: 752$                                 Impuestos: 425$
Maderas: 83,91$                                                     Bisagras y tornillos: 9,70$
Colchón: 114$                                                         Funda: 4$ la tela y 0,75$ los imperdibles
Nevera: 55$                                                             Linterna que carga en USB: 20$
Sartén: 13$                                                              Cacerola: 6$                                                            
Platos: 6$                                                             Cubiertos: 5$
Palangana: 3$                                                        Garrafa: 19$
Cajas varias: 20$                                                     Cortinas: 5$
Baño: 10,95$                                                           Botella: 3$
Mantel: 3,5$                                                            Tazas de desayuno: 6$
Cocina camping gas: 40$                                    Bombonas: 12$
Almohada: 10$                                                      Sábanas: 15$
Nórdico con funda: 10$                                         Cassette para el móvil y la radio: 20$
Mesas: 30$                                                             Extintor: 30$

Total: 4338,81$ canadienses, al cambio en euros son 2950€

Opción dormitorio










Opción comedor
Seguro que iremos añadiendo más cosas, eliminaremos otras, modificaremos, aprenderemos de los errores y veremos los aciertos. Puedes seguir nuestra ruta por Alaska, Yukon, British Columbia y la costa oeste de Estados Unidos en Instagram o Facebook. Cada día contamos nuestras aventuras por Norteamérica a bordo de Abedul.

En un camping en mitad de Yukon, Canadá

jueves, 8 de junio de 2017

La importancia de viajar con un seguro de viajes

Muchos viajeros suelen dudar si incluir o no en su presupuesto contratar un seguro de viajes. Si viajas por Europa puede parecer un asunto menor, pero si vas a viajar a Asia, África o Norteamérica se hace casi obligatorio, ya que los costes médicos en estos países se disparan con cualquier intervención, por mínima que sea, y ninguno estamos a salvo de una mala caída, un virus o una apendicitis. Nosotros siempre usamos y recomendamos IATI Seguros, ya que las coberturas que ofrece, los precios y la atención personal son muy buenas. Por supuesto, la oferta es amplia, pero siempre hay que andar con ojo a la letra pequeña y no dejarse llevar únicamente por el precio.

¿POR QUÉ USAR SEGURO DE VIAJES?

Seamos sinceros, todos pensamos que nunca nos va a pasar nada malo cuando viajamos. Es un pensamiento normal del ser humano: las desgracias siempre le ocurren a los demás, ya que tendemos a apartar de nosotros todo rastro de negatividad y atraer buenas vibraciones. Pero eso no siempre es así. Y cuando se habla de desgracias siempre hay que relativizarlas. No sólo es una cuestión de enfermedades, accidentes o algo peor, sino que puede incluir un simple robo o la pérdida de un vuelo con conexión por culpa de la compañía aérea. Son muchísimos los supuestos en que puedes tener que hacer uso de tu seguro de viajes y hay que plantearse que todos pueden ocurrir.

¿Y si al hacer una foto graciosa caes mal, te doblas el tobillo y tienes que ir al hospital?
Como suele ser habitual, el dinero es lo que normalmente nos mueve a tomar algunas decisiones. Por eso basta con echar un simple vistazo en internet para descubrir hasta qué punto una simple intervención por una apendicitis (algo de lo que ninguno estamos al 100% a salvo) puede costar en nuestro viaje por Estados Unidos. O que suframos algún accidente buceando en Tailandia o haciendo una ruta de senderismo en Nueva Zelanda. El traslado a un hospital, una operación y un post-operatorio en el primer caso se puede ir hasta los 50.000$, que tendrás que pagar al salir del hospital. Con un seguro de viajes adecuado estarás cubierto en este tipo de cosas. Hablamos de cantidades que se pueden ir fácilmente a unas cuantas decenas de miles de euros que probablemente no tengas en tu cuenta el banco.

NUESTRA EXPERIENCIA

En nuestro caso nunca hemos tenido que usar los seguros de viajes que hemos contratado (y que siga siendo así por mucho tiempo) y la única vez que podríamos haberlo hecho no teníamos contratado el seguro adecuado. Cuando nos cancelaron el vuelo desde Calgary a Londres en noviembre de 2016, el seguro que teníamos para ese año con la Working Holiday Visa en Canadá no cubría ningún tipo de gastos derivados de la cancelación del vuelo y todos los gastos que suponía. Además, habíamos perdido los vuelos que nos llevaban desde Londres a Santiago y la noche de hotel allí, así que nos quedamos sin ninguna compensación económica. Por suerte, la compañía aérea sí corrió con los gastos (no todas lo hacen) y pudimos pasar la noche en Calgary y comer, aunque perdimos el vuelo de enlace y tuvimos que comprar otro a última hora.

Nuestro vuelo cancelado en Calgary y que no nos cubría el seguro de entonces
Pero en un viaje largo puede surgir cualquier imprevisto. Los tabúes que nos hemos impuestos nos obligan a no hablar de ello, pero a lo largo de seis meses, un año o dos años pueden ocurrir muchas cosas de las que no queremos ni oír hablar pero que pueden ocurrir. La muerte o enfermedad de un familiar o que incluso no pase algo a nosotros mismos y no queramos que nuestra familia tenga que cubrir todos los gastos. No es cuestión de crear miedo y que al final decidamos no viajar, sino plantear un escenario que, aunque no sea el habitual, puede darse.

Cuando estuvimos planificando todo nuestro viaje por Canadá y Estados Unidos dedicamos unos días simplemente a estudiar qué seguro de viaje nos iba mejor. Teníamos que considerar muchas cosas. En primer lugar, era un viaje que haríamos en coche, por lo que existía el riesgo propio de la carretera. En segundo lugar, si hacíamos alguna ruta de senderismo no sabíamos si nos íbamos a tener que enfrentar a un oso (pelea que ganaríamos, pero por si acaso), una picadura de serpiente o doblarte un tobillo con una raíz. Lo tercero tiene que ver con lo más material. Hoy día todos viajamos con teléfonos móviles, ordenadores, cámaras de fotografía o vídeo, etc, que son susceptibles de que te sean robadas (esto por desgracia te puede pasar en cualquier sitio). Y por último un agravante a los dos primeros puntos: la mayor parte del tiempo íbamos a estar en suelo estadounidense, que ya sabemos cómo se las gastan con el tema de la sanidad.

Precisamente por todos esos motivos estuvimos analizando todas las opciones con detenimiento. Para este viaje en concreto nos decantamos por el nuevo producto que IATI lanzó unas semanas antes, el Seguro IATI Bloggers y Grandes Viajeros, que te cubre entre seis y doce meses, y que nos lo habían recomendado otros viajeros. Sin pincháis en este enlace podéis ver los precios con el 5% de descuento que obtenéis por ser lectores de nuestro blog. Por coberturas y precios nos pareció la mejor opción posible.

A modo de resumen, no hay nada más importante en ocasiones que decir las cosas claramente y tratar de evitar todos esos tabúes sociales que nos hacen pensar que nada de esto va con nosotros. Lo mejor siempre es ser precavidos y pensar que no estamos exentos de formar parte del juego de azar que supone la vida. Nadie nos asegura cuando viajamos por el mundo que una serpiente nos muerda el tobillo en Arizona, que nos caiga un coco en la cabeza en Filipinas o que perdamos un vuelo en Berlín. Nosotros recomendamos que siempre viajéis con seguro de viajes. Y que ojalá no lo tengáis que usar nunca.

Ni saltando de alegría estamos a salvo de un accidente

miércoles, 26 de abril de 2017

Resumen del viaje a Nueva York

Como solemos hacer hemos escrito un post en el que recopilar todas las entradas relacionadas con nuestro viaje de una semana a Nueva York. En este resumen podéis encontrar los diarios de cada uno de los días, así como el presupuesto y otra entrada con el recorrido que llevamos a cabo en cada uno de los días, divididos por barrios. Además, un post en el que damos algunos consejos para ahorrar y disfrutar en Nueva York. Pinchando en cada uno de los títulos podréis acceder a la entrada.


PREVIO


DIARIOS


INFORMACIÓN ÚTIL

jueves, 20 de abril de 2017

Recorrido de una semana por Nueva York

Durante nuestro viaje de una semana por la ciudad de Nueva York tuvimos la opción de visitar bastantes lugares, aunque hay que tener en cuenta que nunca vas a poder verlo todo. Esta es una ciudad que ofrece una cantidad casi indecente de atracciones y que el mero hecho de pasear por una calle es una actividad turísitca en sí. Nosotros para organizar una semana en Nueva York decidimos dividirnos por barrios, de la forma que os mostramos en este post.


En primer lugar os mostramos el mapa inicial que realizamos las semanas previas al viaje. Tomamos nota con detenimiento de todo lo que había para visitar (una fase clave de cada viaje, como os explicamos en los consejos) y los anotamos en un mapa de Google. También tuvimos en cuenta qué días eran gratuitos los museos para organizar ese día en concreto alrededor de ese hecho. Nosotros nos movimos en metro todos los días para ir al inicio de la ruta y para ir hasta al hotel al final del día. Este es el mapa inicial que utilizamos para realizar las rutas de cada uno de los días.

En este primer mapa anotamos todas las cosas que nos apatecía visitar, así como lugares curiosos o de interés a los que podríamos ir si nos pillaba de camino. Entonces dividimos Manhattan en cinco zonas, una para cada día (sin contar el día de visita a la Estatua de la Libertad ni el último día, que sería para pasear alrededor del hotel). Así es como quedaron cada uno de los días:
DÍA 13 DE ENERO
Este día visitamos la zona del Midtown, o lo que en muchas guías llaman el barrio del MoMa. Hay muchas de las atracciones más famosas de la ciudad y la isla de Roosevelt, que no sólo incluye el famoso teleférico sino el hospital abandonado. La estación de Grand Central, Times Square o la subida al Top of The Rock son algunas de las cosas que pudimos visitar.
DÍA 14 DE ENERO
Aprovechamos para visitar la zona oeste de la ciudad, con algunos de los barrios más de moda de Nueva York, comenzando en el parque del High Line: Chelsea, East Village o el SoHo, para acabar en TriBeCa. Ahí cogimos el metro hasta Central Park, que pudimos disfrutar nevando, y visitamos el museo Metropolitano.
DÍA 15 DE ENERO
Domingo, así que el plan estaba bastante claro. Primero iríamos a una misa gospel en Harlem y luego pasearíamos por Central Park. Al pasar el día en el gran parque de Nueva York lo culminaríamos con el Museo de Historia Natural. Preferíamos apreciar la vida del parque un domingo, cuando más neoyorquinos van a hacer vida normal. Acabamos el día en Times Square para poder verlo de noche, en pleno esplendor.
DÍA 16 DE ENERO
Uno de los días que más anduvimos en nuestra semana en Nueva York. Comenzamos la ruta en el barrio de Dumbo, en Brooklyn, y luego cruzamos por el archiconocido puente hasta Manhattan. Tras ello visitas a Chinatown, Little Italy, Nolita, NoHo y finalmente los edificios Flatiron y Empire State. Acabamos el día en el Times Square Garden.
DÍA 17 DE ENERO
El Distrito Financiero tiene que ser visitado un día laborable para apreciar el estrés que implica estar en la capital mundial del capitalismo. Pero además el martes por la tarde es el día gratuito para vistar el Museo del 11-S, una buena excusa.
DÍA 18 DE ENERO
El día de la visita a la Estatua de la Libertad y el Museo de la Inmigración no da para mucho más. Antes de coger el ferry pudimos aprovechar para pasear por la orilla del río Hudson hasta Battery Park.
Creemos que esta ruta puede servir de ayuda si alguien tiene pensado viajar a Nueva York. Hay que tener en cuenta que dependerá de los gustos y de la época del año en que se visite, pero a nosotros nos funcionó muy bien y creemos que exprimimos bien la semana.

Puedes leer todas nuestras entradas de Nueva York en este enlace.

lunes, 17 de abril de 2017

Presupuesto del viaje a Nueva York

¿Cuánto nos hemos gastado en comer en Nueva York? ¿Cuánto pagamos por el alojamiento? ¿Y las entradas? ¿En qué hemos gastado más? Siempre nos gusta contar cuál ha sido nuestro presupuesto en un viaje y el de Nueva York no iba a ser menos. Creemos que es una buena manera de que quien nos lea pueda orientarse en caso de querer hacer un viaje similar o que se anime a hacerlo. Siempre dejamos claro que los gastos en un viaje es algo muy personal y nunca comparables al 100%, pero siempre viene bien saber por dónde se pueda ahorrar algunos euros.


Hemos dividido los gastos en seis categorías distintas (vuelos, alojamiento, comidas, transportes, actividades y seguro de viajes) y están en dólares estadounidenses. Así es más fácil identificar dónde se ha gastado o se ha ahorrado más. Normalmente en nuestros presupuestos siempre incluimos una categoría ambigua llamada "otros", una especie de cajón de sastre donde meter esas cosas inclasificables. En Nueva York sólo tuvimos uno de esos gastos, unos pantalones vaqueros, así que lo obviamos al no tratarse de un gasto puramente viajero. Aquí os dejamos cada categoría:

VUELOS


Tomamos un vuelo desde Madrid a Nueva York el 12 de enero de 2017 con Norwegian, una de las compañías más baratas hoy día. Facturamos las dos mochilas como un único bulto y no nos incluía comida a bordo. El vuelo desde Nueva York a Calgary, en Canadá, nos salió gratis ya que la compañía WestJet nos regaló a cada uno 300 puntos (dólares) para viajar con ellos por el retraso sufrido en nuestra vuelta a Europa en noviembre de 2016.



ALOJAMIENTO


En cualquier viaje a Nueva York es la categoría más cara. Al viajar en una época relativamente baja los precios de los alojamientos no eran una locura, pero aun así supone casi un 40% de nuestro presupuesto. Nos alojamos en el Hotel Pod 51, muy bien ubicado, limpio y funcional, en habitación doble con litera y baño compartido. Lo recomendamos completamente.


Booking.com


COMIDAS


En los siete días completos que pasamos en Nueva York siempre desayunamos, comimos y cenamos fuera, así que ha sido otro gasto bastante alto. Fuimos siempre a cadenas de comida rápida, sobre todo al Panda Express (lo teníamos justo debajo del hotel), que nos encantó y nos salía bastante barato. Los pocos homenajes que nos dimos fue en la hamburguesería Shake Burger. En "Otros" aparecen cafés, chocolates calientes o alguna pequeña compra en un supermercado para picar entre horas.



TRANSPORTES

Nos hemos movido siempre en metro, tanto para ir desde el aeropuerto al centro de la ciudad y viceversa como dentro de Manhattan por las mañanas y por las noches. El resto del tiempo siempre andábamos y callejeábamos. El Air Train es el tren que se coge para salir del JFK, que se complementa con un billete de metro sencillo (nosotros por error pagamos uno que no nos valió el primer día). Para el resto compramos un bono de 7 días.


ACTIVIDADES

Una parte indispensable de un viaje a Nueva York es la entrada a museos y atracciones. Como explicamos en nuestros consejos (pinchando aquí), algunos museos son gratuitos y en otros sólo se paga lo que uno quiere, así que es fácil ahorrar. El precio de la Estatua de la Libertad incluye el ferry de ida y vuelta, subida hasta la corona, las taquillas y el Museo de la Inmigración en la Isla de Ellis.


SEGURO


Si vas a pisar suelo estadounidense (y en general, a cualquier lugar del mundo) es recomendable llevar un seguro de viaje. Ya no sólo por los imprevistos relacionados con vuelos o equipaje, sino principalmente por los posibles gastos médicos. En Estados Unidos cualquier intervención médica se va a miles de dólares que tienes que pagar de tu bolsillo, así que compensa pagar por un seguro de viaje. Nosotros elegimos IATI, con el que tenéis un descuento del 5% pinchando en este enlace.



GASTO TOTAL


En resumen el viaje nos costó 1571$ para dos personas. Creemos que no es un presupuesto demasiado elevado comparándolo con otros viajeros que han ido en época de temporada alta y que es cierto que podríamos haber recortado en algunos gastos (comida, principalmente) o haber gastado más (actividades como eventos deportivos o teatrales). En resumen estamos contentos con lo gastado.




Puedes leer todas nuestras entradas de Nueva York en este enlace.

jueves, 13 de abril de 2017

Nueva York: Consejos para ahorrar y disfrutar

En este post os queremos detallar una serie de consejos personales para ahorrar y para que vuestro viaje a Nueva York sea lo más provechoso posible. No queremos entrar en detalles sobre qué visitar o qué no, ya que eso dependerá de qué os apetezca, pero sí contaros desde nuestra experiencia qué creemos imperdible. Os contaremos qué pensamos sobre las famosas tarjetas turísticas (New York Pass, City Pass), entradas gratuitas a los museos, cómo ahorrar en transporte, etc. Esperemos que os resulte interesante.

¿Compensa contratar el New York Pass o el City Pass? No existe una respuesta cerrada, pero nosotros echamos cuentas y no nos compensaba. Lo primero que debéis hacer es ver qué museos y atracciones vais a visitar sí o sí y cómo os vais a mover por Nueva York y comparar los gastos con el precio de estas tarjetas. Los precios van desde los 109$ para un pase de un día a los más de 300$ para uno de diez e incluyen entradas a los principales puntos de interés, pero no el metro. Una vez analizados tus gastos fijos en entradas (más adelante os explicamos cómo ahorrar en los museos), estudia si te compensa o no comprar estas tarjetas.

La entrada al Met está incluida en las tarjetas turísticas
¿Existe la temporada baja en Nueva York? Lógicamente no hemos estado en esta ciudad durante todo un año para saberlo, pero sí hemos podido comprobar que en la época en que hemos ido nosotros (mitad de enero) la cantidad de turistas era mucho más baja de lo que esperamos. Y eso por supuesto se nota también en los precios de vuelos y hoteles.

Ventajas de ir cuando más baja es la temporada
¿Cómo voy del aeropuerto al centro de la ciudad? Tanto desde el JFK como desde LaGuardia hay metro que te deja en Manhattan. Dependiendo de cuántos seáis os puede compensar alquilar un minibús o ir en taxi, pero tenéis que saber que el precio del metro es de 7,75$ por persona para ir del aeropuerto a cualquier parte de Manhattan. Nosotros llegamos a las once de la noche y fuimos sin ningún problema. Es seguro, puntual y en poco más de una hora aproximadamente llegas a tu destino, así que por el precio compensa.

El metro es seguro y eficiente y la manera más barata de ir desde el aeropuerto
¿Cómo me muevo por Nueva York? Esto dependerá de cuál sea tu plan para cada día y dónde te alojes. Nosotros compramos el bono de 7 días y nos costó 32$ y teniendo en cuenta que cada viaje individual cuesta 2,75$, nos permitía hacer dos viajes al día a cada uno y ya nos ahorrábamos dinero. La mejor opción siempre es andar, pero si planeas usarlo al menos dos veces al día en siete días, mejor ese bono.

Usar el metro de Nueva York también es parte del viaje
¿Cómo ahorro en entradas? Esto está muy relacionado con el primer consejo. Si tienes intención de ver los principales museos tienes que saber que algunos son gratuitos en determinados días. Por ejemplo, el Museo de Arte Moderno (MoMA) es gratis los viernes por la tarde y el del 11-S los martes por la tarde. Tanto en el Museo de Historia Natural como en el Met se paga lo que cada uno quiera (siempre que no lo compres por la web), así que tú puedes marcarte el precio de la entrada (siempre valorando justamente qué se va a ver). Por eso es importante planificar bien qué se quiere ver y cuándo para minimizar gastos. Si lo que queréis es ver musicales o teatros, en enero y febrero hay semanas con ofertas 2x1 o podéis probar con los sorteos de entradas a bajos precios el mismo día de la función.

El Museo de Historia Natural es imprescindible
¿Subir al Top of the Rock, Empire State o One World? Una vez más no podemos opinar por los tres observatorios más importantes de Nueva York, pero según habíamos leído de muchos viajeros el Top of the Rock era el que más gustaba. Y pudimos comprobar que realmente las vistas son espectaculares. El motivo principal parece obvio: desde el Empire State no vas a ver el Empire State. Nosotros sin duda recomendamos subir al Top of the Rock.

Nosotros nos quedamos con las vistas del Top of the Rock
¿Qué sitios no tan conocidos recomendamos? En Nueva York está todo descubierto, pero sí que hay determinados rincones que pueden tener menos fama que otros. En la punta sur de la Isla Roosevelt hay un antiguo hospital abandonado y unas buenas vistas de Manhattan y el edificio de Naciones Unidas. Si cruzas en el famoso teleférico aprovecha y date un paseo hasta ahí. Hay lugares curiosos, como el cementerio más antiguo de la ciudad, en la entrada sur de Chinatown, o caminar el High Line desde su punta norte en dirección sur (se aprecia mucho mejor los orígenes de ese parque). Hay varias webs donde se recogen lugares curiosos y menos conocidos de Nueva York.

El hospital abandonado en la isla Roosevelt
¿Ir a la Estatua de la Libertad pagando o verla gratis? Dependerá de vuestro presupuesto, pero el precio no es demasiado elevado y merece la pena verlo de cerca. No estuvimos en el ferry de Staten Island que muchos turistas usan para verla gratis, pero nos dio la sensación de que no se aprecia tan bien y además según hemos visto se llena. Nosotros además pudimos subir a la corona (hay que comprarlo con antelación) y la experiencia nos pareció muy recomendable.

Merece la pena verla más de cerca
¿Cómo organizo el día para aprovecharlo al máximo? Nueva York es una ciudad en la que no te puedes permitir ni un minuto de descanso. Si eres como nosotros y te encanta exprimir al máximo los viajes, recomendamos que las semanas previas hagas una lista de todo lo que quieres ver (museos, atracciones, calles, tours, monumentos, etc) y los organices por barrios. Madruga mucho y toma comidas cortas y rápidas para aprovecharlo al máximo. No te arrepientas de haber perdido ni un minuto de Nueva York por querer dormir una siesta o hacer una sobremesa de una hora. ¡Disfruta la ciudad!

¿Hay que llevar seguro de viajes? Siempre, no sólo a Nueva York, si no a cualquier lugar al que viajes. Los seguros incluyen compensación por robos, pérdidas de vuelos o de equipajes, pero sobre en Estados Unidos cobra más importancia por los costes de la sanidad. A veces nos pensamos que esas cosas no nos pasan a nosotros, pero llegas allí y cualquier problema que tengas (una mala caída, un apendicits repentino o algo peor) te van a cobrar un riñon (hablamos de miles de euros). Nosotros fuimos con IATI y la semana nos costó 97€ (por ser lector de nuestro blog obtienes un 5% de descuento pinchando aquí). No hay ni que pensárselo.

Estos son nuestro humildes consejos, pero si tenéis cualquier duda os las respondemos encantados. 

Puedes leer todas nuestras entradas de Nueva York en este enlace.

lunes, 10 de abril de 2017

Nueva York (VI): La Estatua de la Libertad y nuestro adiós

Nuestra despedida de Nueva York debía ser por todo lo grande, con el que posiblemente sea el símbolo más reconocible de la ciudad, la Estatua de la Libertad. Por eso para nuestro último día completo habíamos dejado la visita a este emblema de la inmigración y de las oportunidades, que no sólo incluye a la estatua, sino también un museo en una isla con mucha historia.

DÍA 18 DE ENERO: ESTATUA DE LA LIBERTAD Y MUSEO DE ELLIS ISLAND


Podríamos comenzar una discusión entre cuál es el emblema más reconocible de la ciudad de Nueva York. Para ello posiblemente acudamos al cine, del que esta ciudad es un eterno plató, y la terna final quedaría con estos candidatos: el puente de Brooklyn, el Empire State y la Estatua de la Libertad. A partir de ahí habría defensores de uno y otro y nunca acabaría con una decisión firme. Lo que pasa es que la ciudad de Nueva York era ya muy importante antes de que existiera el cine como lo entendemos hoy día. Y posiblemente sea ahí donde esta majestuosa figura femenina adelanta a sus rivales.

Sobran las presentaciones, ¿no?
Teníamos reserva para visitar la Estatua de la Libertad en el ferry de las 12, así que nos fuimos bien temprano hasta Battery Park, el más meridional de los parques de Manhattan, para disfrutar de los alrededores de esta zona que en su día alojó un importante fuerte y batería militar (de ahí su nombre). Paseamos por la orilla este del Hudson con vistas a Nueva Jersey a lo largo de un agradable paseo que acaba en la terminal del ferry que lleva hasta la Estatua de la Libertad. En Battery Park no sólo está este muelle, sino que también se puede disfrutar de algunas esculturas bastante interesantes. Nuestra favorita es el monumento a los marinos mercantes, con una composición que merece la pena ver cuando la marea está creciendo o cuando hayan algunas olas.


El sobrecogedor monumento a los marinos mercantes de Nueva York
Tomamos el ferry hasta la Estatua de la Libertad, que ya hacía tiempo que oteábamos a lo lejos, y poco a poco nos fuimos acercando. Muchos viajeros prefieren tomar el ferry gratuito a Staten Island para ver de lejos la estatua, pero creímos que por el precio merecía la pena poder verla de cerca. E incluso tocarla. El precio varía en función de lo que se quiera ver y en nuestro caso, que incluía subir hasta la corona, era de 21,50$ cada uno. Y allá que fuimos, poco a poco viendo cada vez más de cerca esa icónica imagen, haciéndose más grande a medida que nos acercábamos, pero nunca lo suficiente. Pensábamos que sería más grande.

Vamos dejando Manhattan atrás
Una vez el ferry te deja en la isla donde se encuentra la estatua tienes libertad de movimiento. Si has comprado algún ticket que permita la entrada al pedestal o a la corona puedes acceder y si no lo has hecho puedes pasear alrededor de ella. Nosotros decidimos aprovechar para subir lo antes posible y luego podríamos verla desde fuera con más calma. En el interior existen dos zonas: una primera, el pedestal, donde hay una exposición sobre la construcción de la estatua, con su historia, maquetas, bocetos o recreaciones a tamaño real de la cara o el pie. Merece la pena visitarlo con calma, aunque lleva su tiempo, por lo que hay que medir bien para no perderse nada.

Recreación a tamaño real del pie de la estatua
La segunda parte es la subida a la corona. Lo primero que hay que destacar es que no hay ascensor para subir, así que tocará subir escaleras. Pero también hay que decir que la subida merece muchísimo la pena, ya que literalmente puedes tocar las paredes. Una estrechísima escalera de caracol te va llevando poco a poco hasta la cima de la cabeza de la estatua, mientras puedes apreciar desde dentro los pliegues de acero y cobre o ver la escalera, cerrada desde hace casi cien años, que lleva hasta la antorcha. Pero sin duda lo que más sorprenderá a quien suba será el tamaño de la corona. Al contrario de lo que muchos pensarán (nosotros incluidos) el espacio es muy pequeño. En la zona más alta de la estatua apenas caben unas 6 o 7 personas y las ventanas para ver las vistas son bastante pequeñas. Desde arriba, sin embargo, no se disfruta de unas vistas espectaculares, ya que la cara apunta hacia al sur y no hacia Manhattan. Pese a eso, sólo por el hecho de sentirte dentro de la estatua y la experiencia de la subida ya merece la pena pagar ese precio extra.


La estructura interior de la estatua (arriba) y Ana mirando desde la ventana de la corona
Una vez bajamos de la corona dedicamos el tiempo hasta el siguiente ferry a fotografiar y disfrutar de las vistas desde el pedestal. Paseamos alrededor de la estatua, sobre todo pensando en que para muchos inmigrantes llegados a esta ciudad durante décadas, era este símbolo de la libertad y la democracia su primer contacto con un mundo con el que habían soñado. En tiempos como los que corren hoy día emociona pensar en qué sentirían todas esas personas que dejaban atrás sus vidas por alcanzar una mejor, con esa icónica imagen, tan majestuosa, dando la bienvenida tras semanas de viaje en barco atravesando el Atlántico. Y hoy, con muchísimos inmigrantes jugándose la vida en el Mediterráneo, las bienvenidas son mucho menos calurosas.



Vistas desde abajo de la estatua
Pero para todos esos inmigrantes la Estatua de la Libertad era sólo un primer paso de un proceso mucho más largo y en ocasiones no siempre divertido ni con final feliz. Por eso la siguiente etapa fue la que más nos sorprendió: el Museo de la Inmigración de Ellis Island. En esta isla, muy cerca de la anterior, se ubicaba el lugar donde todos estos inmigrantes llegaron durante décadas y donde vivían sus primeros días antes de poder ingresar legalmente en el país. El museo ahí ubicado, en un edificio de gran belleza, explica minuciosamente todo el proceso que se llevaba a cabo dentro de dichas paredes, desde análisis médicos a juicios.


El edificio del Museo de la Inmigración en Ellis Island
La visita al museo debe hacerse con calma, puesto que recoge numerosos datos y explicaciones que merecen ser vistos con detenimiento. La imagen de la inmigración a Nueva York desde Europa ha sido vista en ocasiones desde una óptica romántica que los estadounidenses han sabido vender, pero no todo lo que allí pasaba era felicidad. En el museo se puede apreciar cómo era la vida antes de poder cumplir el sueño de pisar tierra americana. La entrada incluye una audioguía que va explicando cada sala del museo, con relatos reales de inmigrantes que llegaron a Ellis Island en los años 20 o 30.



Distintas imágenes del museo
Cuando cerraba las puertas el museo nosotros nos volvíamos a montar en el ferry de vuelta a Manhattan. Dejábamos atrás la silueta de este símbolo de Nueva York y afrontábamos la silueta de la ciudad que comenzaba a iluminarse. Nuestro viaje tocaba a su fin y nada nos podía entristecer más. Al día siguiente, tras un breve paseo por los alrededores del hotel y la sede de Naciones Unidas, poníamos de nuevo rumbo a Canadá.

Así nos recibió Manhattan al volver de Ellis Island
Esta semana había sido muy especial, pudiendo por fin visitar uno de los destinos que más ansiábamos. Nueva York había sido muy especial, uno de esos viajes que consideras perfecto y que nunca querrías que acabase. Echaríamos de menos sus paseos, sus enormes rascacielos diseñados con tanta clase, su nieve en Central Park, sus museos detallistas e inabarcables, su gente, oír ese español caribeño en cada esquina y esa mezcla de culturas, rostros y acentos que la hacen tan especial. Íbamos a echar de menos ser neoyorquinos postizos cada mañana en cada desayuno y cada noche en cada cena. Por suerte, como alguien nos dijo una vez, aunque nos vayamos de Nueva York algo de nosotros siempre se quedará allí.

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