Ruta mochilera por Hawái

Nueva Zelanda con la Working Holiday Visa

Irlanda, castillos y verdes colinas

China, 21 días por libre

Amsterdam, la escapada perfecta

jueves, 8 de junio de 2017

La importancia de viajar con un seguro de viajes

Muchos viajeros suelen dudar si incluir o no en su presupuesto contratar un seguro de viajes. Si viajas por Europa puede parecer un asunto menor, pero si vas a viajar a Asia, África o Norteamérica se hace casi obligatorio, ya que los costes médicos en estos países se disparan con cualquier intervención, por mínima que sea, y ninguno estamos a salvo de una mala caída, un virus o una apendicitis. Nosotros siempre usamos y recomendamos IATI Seguros, ya que las coberturas que ofrece, los precios y la atención personal son muy buenas. Por supuesto, la oferta es amplia, pero siempre hay que andar con ojo a la letra pequeña y no dejarse llevar únicamente por el precio.

¿POR QUÉ USAR SEGURO DE VIAJES?

Seamos sinceros, todos pensamos que nunca nos va a pasar nada malo cuando viajamos. Es un pensamiento normal del ser humano: las desgracias siempre le ocurren a los demás, ya que tendemos a apartar de nosotros todo rastro de negatividad y atraer buenas vibraciones. Pero eso no siempre es así. Y cuando se habla de desgracias siempre hay que relativizarlas. No sólo es una cuestión de enfermedades, accidentes o algo peor, sino que puede incluir un simple robo o la pérdida de un vuelo con conexión por culpa de la compañía aérea. Son muchísimos los supuestos en que puedes tener que hacer uso de tu seguro de viajes y hay que plantearse que todos pueden ocurrir.

¿Y si al hacer una foto graciosa caes mal, te doblas el tobillo y tienes que ir al hospital?
Como suele ser habitual, el dinero es lo que normalmente nos mueve a tomar algunas decisiones. Por eso basta con echar un simple vistazo en internet para descubrir hasta qué punto una simple intervención por una apendicitis (algo de lo que ninguno estamos al 100% a salvo) puede costar en nuestro viaje por Estados Unidos. O que suframos algún accidente buceando en Tailandia o haciendo una ruta de senderismo en Nueva Zelanda. El traslado a un hospital, una operación y un post-operatorio en el primer caso se puede ir hasta los 50.000$, que tendrás que pagar al salir del hospital. Con un seguro de viajes adecuado estarás cubierto en este tipo de cosas. Hablamos de cantidades que se pueden ir fácilmente a unas cuantas decenas de miles de euros que probablemente no tengas en tu cuenta el banco.

NUESTRA EXPERIENCIA

En nuestro caso nunca hemos tenido que usar los seguros de viajes que hemos contratado (y que siga siendo así por mucho tiempo) y la única vez que podríamos haberlo hecho no teníamos contratado el seguro adecuado. Cuando nos cancelaron el vuelo desde Calgary a Londres en noviembre de 2016, el seguro que teníamos para ese año con la Working Holiday Visa en Canadá no cubría ningún tipo de gastos derivados de la cancelación del vuelo y todos los gastos que suponía. Además, habíamos perdido los vuelos que nos llevaban desde Londres a Santiago y la noche de hotel allí, así que nos quedamos sin ninguna compensación económica. Por suerte, la compañía aérea sí corrió con los gastos (no todas lo hacen) y pudimos pasar la noche en Calgary y comer, aunque perdimos el vuelo de enlace y tuvimos que comprar otro a última hora.

Nuestro vuelo cancelado en Calgary y que no nos cubría el seguro de entonces
Pero en un viaje largo puede surgir cualquier imprevisto. Los tabúes que nos hemos impuestos nos obligan a no hablar de ello, pero a lo largo de seis meses, un año o dos años pueden ocurrir muchas cosas de las que no queremos ni oír hablar pero que pueden ocurrir. La muerte o enfermedad de un familiar o que incluso no pase algo a nosotros mismos y no queramos que nuestra familia tenga que cubrir todos los gastos. No es cuestión de crear miedo y que al final decidamos no viajar, sino plantear un escenario que, aunque no sea el habitual, puede darse.

Cuando estuvimos planificando todo nuestro viaje por Canadá y Estados Unidos dedicamos unos días simplemente a estudiar qué seguro de viaje nos iba mejor. Teníamos que considerar muchas cosas. En primer lugar, era un viaje que haríamos en coche, por lo que existía el riesgo propio de la carretera. En segundo lugar, si hacíamos alguna ruta de senderismo no sabíamos si nos íbamos a tener que enfrentar a un oso (pelea que ganaríamos, pero por si acaso), una picadura de serpiente o doblarte un tobillo con una raíz. Lo tercero tiene que ver con lo más material. Hoy día todos viajamos con teléfonos móviles, ordenadores, cámaras de fotografía o vídeo, etc, que son susceptibles de que te sean robadas (esto por desgracia te puede pasar en cualquier sitio). Y por último un agravante a los dos primeros puntos: la mayor parte del tiempo íbamos a estar en suelo estadounidense, que ya sabemos cómo se las gastan con el tema de la sanidad.

Precisamente por todos esos motivos estuvimos analizando todas las opciones con detenimiento. Para este viaje en concreto nos decantamos por el nuevo producto que IATI lanzó unas semanas antes, el Seguro IATI Bloggers y Grandes Viajeros, que te cubre entre seis y doce meses, y que nos lo habían recomendado otros viajeros. Sin pincháis en este enlace podéis ver los precios con el 5% de descuento que obtenéis por ser lectores de nuestro blog. Por coberturas y precios nos pareció la mejor opción posible.

A modo de resumen, no hay nada más importante en ocasiones que decir las cosas claramente y tratar de evitar todos esos tabúes sociales que nos hacen pensar que nada de esto va con nosotros. Lo mejor siempre es ser precavidos y pensar que no estamos exentos de formar parte del juego de azar que supone la vida. Nadie nos asegura cuando viajamos por el mundo que una serpiente nos muerda el tobillo en Arizona, que nos caiga un coco en la cabeza en Filipinas o que perdamos un vuelo en Berlín. Nosotros recomendamos que siempre viajéis con seguro de viajes. Y que ojalá no lo tengáis que usar nunca.

Ni saltando de alegría estamos a salvo de un accidente

miércoles, 26 de abril de 2017

Resumen del viaje a Nueva York

Como solemos hacer hemos escrito un post en el que recopilar todas las entradas relacionadas con nuestro viaje de una semana a Nueva York. En este resumen podéis encontrar los diarios de cada uno de los días, así como el presupuesto y otra entrada con el recorrido que llevamos a cabo en cada uno de los días, divididos por barrios. Además, un post en el que damos algunos consejos para ahorrar y disfrutar en Nueva York. Pinchando en cada uno de los títulos podréis acceder a la entrada.


PREVIO


DIARIOS


INFORMACIÓN ÚTIL

jueves, 20 de abril de 2017

Recorrido de una semana por Nueva York

Durante nuestro viaje de una semana por la ciudad de Nueva York tuvimos la opción de visitar bastantes lugares, aunque hay que tener en cuenta que nunca vas a poder verlo todo. Esta es una ciudad que ofrece una cantidad casi indecente de atracciones y que el mero hecho de pasear por una calle es una actividad turísitca en sí. Nosotros para organizar una semana en Nueva York decidimos dividirnos por barrios, de la forma que os mostramos en este post.


En primer lugar os mostramos el mapa inicial que realizamos las semanas previas al viaje. Tomamos nota con detenimiento de todo lo que había para visitar (una fase clave de cada viaje, como os explicamos en los consejos) y los anotamos en un mapa de Google. También tuvimos en cuenta qué días eran gratuitos los museos para organizar ese día en concreto alrededor de ese hecho. Nosotros nos movimos en metro todos los días para ir al inicio de la ruta y para ir hasta al hotel al final del día. Este es el mapa inicial que utilizamos para realizar las rutas de cada uno de los días.

En este primer mapa anotamos todas las cosas que nos apatecía visitar, así como lugares curiosos o de interés a los que podríamos ir si nos pillaba de camino. Entonces dividimos Manhattan en cinco zonas, una para cada día (sin contar el día de visita a la Estatua de la Libertad ni el último día, que sería para pasear alrededor del hotel). Así es como quedaron cada uno de los días:
DÍA 13 DE ENERO
Este día visitamos la zona del Midtown, o lo que en muchas guías llaman el barrio del MoMa. Hay muchas de las atracciones más famosas de la ciudad y la isla de Roosevelt, que no sólo incluye el famoso teleférico sino el hospital abandonado. La estación de Grand Central, Times Square o la subida al Top of The Rock son algunas de las cosas que pudimos visitar.
DÍA 14 DE ENERO
Aprovechamos para visitar la zona oeste de la ciudad, con algunos de los barrios más de moda de Nueva York, comenzando en el parque del High Line: Chelsea, East Village o el SoHo, para acabar en TriBeCa. Ahí cogimos el metro hasta Central Park, que pudimos disfrutar nevando, y visitamos el museo Metropolitano.
DÍA 15 DE ENERO
Domingo, así que el plan estaba bastante claro. Primero iríamos a una misa gospel en Harlem y luego pasearíamos por Central Park. Al pasar el día en el gran parque de Nueva York lo culminaríamos con el Museo de Historia Natural. Preferíamos apreciar la vida del parque un domingo, cuando más neoyorquinos van a hacer vida normal. Acabamos el día en Times Square para poder verlo de noche, en pleno esplendor.
DÍA 16 DE ENERO
Uno de los días que más anduvimos en nuestra semana en Nueva York. Comenzamos la ruta en el barrio de Dumbo, en Brooklyn, y luego cruzamos por el archiconocido puente hasta Manhattan. Tras ello visitas a Chinatown, Little Italy, Nolita, NoHo y finalmente los edificios Flatiron y Empire State. Acabamos el día en el Times Square Garden.
DÍA 17 DE ENERO
El Distrito Financiero tiene que ser visitado un día laborable para apreciar el estrés que implica estar en la capital mundial del capitalismo. Pero además el martes por la tarde es el día gratuito para vistar el Museo del 11-S, una buena excusa.
DÍA 18 DE ENERO
El día de la visita a la Estatua de la Libertad y el Museo de la Inmigración no da para mucho más. Antes de coger el ferry pudimos aprovechar para pasear por la orilla del río Hudson hasta Battery Park.
Creemos que esta ruta puede servir de ayuda si alguien tiene pensado viajar a Nueva York. Hay que tener en cuenta que dependerá de los gustos y de la época del año en que se visite, pero a nosotros nos funcionó muy bien y creemos que exprimimos bien la semana.

Puedes leer todas nuestras entradas de Nueva York en este enlace.

lunes, 17 de abril de 2017

Presupuesto del viaje a Nueva York

¿Cuánto nos hemos gastado en comer en Nueva York? ¿Cuánto pagamos por el alojamiento? ¿Y las entradas? ¿En qué hemos gastado más? Siempre nos gusta contar cuál ha sido nuestro presupuesto en un viaje y el de Nueva York no iba a ser menos. Creemos que es una buena manera de que quien nos lea pueda orientarse en caso de querer hacer un viaje similar o que se anime a hacerlo. Siempre dejamos claro que los gastos en un viaje es algo muy personal y nunca comparables al 100%, pero siempre viene bien saber por dónde se pueda ahorrar algunos euros.


Hemos dividido los gastos en seis categorías distintas (vuelos, alojamiento, comidas, transportes, actividades y seguro de viajes) y están en dólares estadounidenses. Así es más fácil identificar dónde se ha gastado o se ha ahorrado más. Normalmente en nuestros presupuestos siempre incluimos una categoría ambigua llamada "otros", una especie de cajón de sastre donde meter esas cosas inclasificables. En Nueva York sólo tuvimos uno de esos gastos, unos pantalones vaqueros, así que lo obviamos al no tratarse de un gasto puramente viajero. Aquí os dejamos cada categoría:

VUELOS


Tomamos un vuelo desde Madrid a Nueva York el 12 de enero de 2017 con Norwegian, una de las compañías más baratas hoy día. Facturamos las dos mochilas como un único bulto y no nos incluía comida a bordo. El vuelo desde Nueva York a Calgary, en Canadá, nos salió gratis ya que la compañía WestJet nos regaló a cada uno 300 puntos (dólares) para viajar con ellos por el retraso sufrido en nuestra vuelta a Europa en noviembre de 2016.



ALOJAMIENTO


En cualquier viaje a Nueva York es la categoría más cara. Al viajar en una época relativamente baja los precios de los alojamientos no eran una locura, pero aun así supone casi un 40% de nuestro presupuesto. Nos alojamos en el Hotel Pod 51, muy bien ubicado, limpio y funcional, en habitación doble con litera y baño compartido. Lo recomendamos completamente.


Booking.com


COMIDAS


En los siete días completos que pasamos en Nueva York siempre desayunamos, comimos y cenamos fuera, así que ha sido otro gasto bastante alto. Fuimos siempre a cadenas de comida rápida, sobre todo al Panda Express (lo teníamos justo debajo del hotel), que nos encantó y nos salía bastante barato. Los pocos homenajes que nos dimos fue en la hamburguesería Shake Burger. En "Otros" aparecen cafés, chocolates calientes o alguna pequeña compra en un supermercado para picar entre horas.



TRANSPORTES

Nos hemos movido siempre en metro, tanto para ir desde el aeropuerto al centro de la ciudad y viceversa como dentro de Manhattan por las mañanas y por las noches. El resto del tiempo siempre andábamos y callejeábamos. El Air Train es el tren que se coge para salir del JFK, que se complementa con un billete de metro sencillo (nosotros por error pagamos uno que no nos valió el primer día). Para el resto compramos un bono de 7 días.


ACTIVIDADES

Una parte indispensable de un viaje a Nueva York es la entrada a museos y atracciones. Como explicamos en nuestros consejos (pinchando aquí), algunos museos son gratuitos y en otros sólo se paga lo que uno quiere, así que es fácil ahorrar. El precio de la Estatua de la Libertad incluye el ferry de ida y vuelta, subida hasta la corona, las taquillas y el Museo de la Inmigración en la Isla de Ellis.


SEGURO


Si vas a pisar suelo estadounidense (y en general, a cualquier lugar del mundo) es recomendable llevar un seguro de viaje. Ya no sólo por los imprevistos relacionados con vuelos o equipaje, sino principalmente por los posibles gastos médicos. En Estados Unidos cualquier intervención médica se va a miles de dólares que tienes que pagar de tu bolsillo, así que compensa pagar por un seguro de viaje. Nosotros elegimos IATI, con el que tenéis un descuento del 5% pinchando en este enlace.



GASTO TOTAL


En resumen el viaje nos costó 1571$ para dos personas. Creemos que no es un presupuesto demasiado elevado comparándolo con otros viajeros que han ido en época de temporada alta y que es cierto que podríamos haber recortado en algunos gastos (comida, principalmente) o haber gastado más (actividades como eventos deportivos o teatrales). En resumen estamos contentos con lo gastado.




Puedes leer todas nuestras entradas de Nueva York en este enlace.

jueves, 13 de abril de 2017

Nueva York: Consejos para ahorrar y disfrutar

En este post os queremos detallar una serie de consejos personales para ahorrar y para que vuestro viaje a Nueva York sea lo más provechoso posible. No queremos entrar en detalles sobre qué visitar o qué no, ya que eso dependerá de qué os apetezca, pero sí contaros desde nuestra experiencia qué creemos imperdible. Os contaremos qué pensamos sobre las famosas tarjetas turísticas (New York Pass, City Pass), entradas gratuitas a los museos, cómo ahorrar en transporte, etc. Esperemos que os resulte interesante.

¿Compensa contratar el New York Pass o el City Pass? No existe una respuesta cerrada, pero nosotros echamos cuentas y no nos compensaba. Lo primero que debéis hacer es ver qué museos y atracciones vais a visitar sí o sí y cómo os vais a mover por Nueva York y comparar los gastos con el precio de estas tarjetas. Los precios van desde los 109$ para un pase de un día a los más de 300$ para uno de diez e incluyen entradas a los principales puntos de interés, pero no el metro. Una vez analizados tus gastos fijos en entradas (más adelante os explicamos cómo ahorrar en los museos), estudia si te compensa o no comprar estas tarjetas.

La entrada al Met está incluida en las tarjetas turísticas
¿Existe la temporada baja en Nueva York? Lógicamente no hemos estado en esta ciudad durante todo un año para saberlo, pero sí hemos podido comprobar que en la época en que hemos ido nosotros (mitad de enero) la cantidad de turistas era mucho más baja de lo que esperamos. Y eso por supuesto se nota también en los precios de vuelos y hoteles.

Ventajas de ir cuando más baja es la temporada
¿Cómo voy del aeropuerto al centro de la ciudad? Tanto desde el JFK como desde LaGuardia hay metro que te deja en Manhattan. Dependiendo de cuántos seáis os puede compensar alquilar un minibús o ir en taxi, pero tenéis que saber que el precio del metro es de 7,75$ por persona para ir del aeropuerto a cualquier parte de Manhattan. Nosotros llegamos a las once de la noche y fuimos sin ningún problema. Es seguro, puntual y en poco más de una hora aproximadamente llegas a tu destino, así que por el precio compensa.

El metro es seguro y eficiente y la manera más barata de ir desde el aeropuerto
¿Cómo me muevo por Nueva York? Esto dependerá de cuál sea tu plan para cada día y dónde te alojes. Nosotros compramos el bono de 7 días y nos costó 32$ y teniendo en cuenta que cada viaje individual cuesta 2,75$, nos permitía hacer dos viajes al día a cada uno y ya nos ahorrábamos dinero. La mejor opción siempre es andar, pero si planeas usarlo al menos dos veces al día en siete días, mejor ese bono.

Usar el metro de Nueva York también es parte del viaje
¿Cómo ahorro en entradas? Esto está muy relacionado con el primer consejo. Si tienes intención de ver los principales museos tienes que saber que algunos son gratuitos en determinados días. Por ejemplo, el Museo de Arte Moderno (MoMA) es gratis los viernes por la tarde y el del 11-S los martes por la tarde. Tanto en el Museo de Historia Natural como en el Met se paga lo que cada uno quiera (siempre que no lo compres por la web), así que tú puedes marcarte el precio de la entrada (siempre valorando justamente qué se va a ver). Por eso es importante planificar bien qué se quiere ver y cuándo para minimizar gastos. Si lo que queréis es ver musicales o teatros, en enero y febrero hay semanas con ofertas 2x1 o podéis probar con los sorteos de entradas a bajos precios el mismo día de la función.

El Museo de Historia Natural es imprescindible
¿Subir al Top of the Rock, Empire State o One World? Una vez más no podemos opinar por los tres observatorios más importantes de Nueva York, pero según habíamos leído de muchos viajeros el Top of the Rock era el que más gustaba. Y pudimos comprobar que realmente las vistas son espectaculares. El motivo principal parece obvio: desde el Empire State no vas a ver el Empire State. Nosotros sin duda recomendamos subir al Top of the Rock.

Nosotros nos quedamos con las vistas del Top of the Rock
¿Qué sitios no tan conocidos recomendamos? En Nueva York está todo descubierto, pero sí que hay determinados rincones que pueden tener menos fama que otros. En la punta sur de la Isla Roosevelt hay un antiguo hospital abandonado y unas buenas vistas de Manhattan y el edificio de Naciones Unidas. Si cruzas en el famoso teleférico aprovecha y date un paseo hasta ahí. Hay lugares curiosos, como el cementerio más antiguo de la ciudad, en la entrada sur de Chinatown, o caminar el High Line desde su punta norte en dirección sur (se aprecia mucho mejor los orígenes de ese parque). Hay varias webs donde se recogen lugares curiosos y menos conocidos de Nueva York.

El hospital abandonado en la isla Roosevelt
¿Ir a la Estatua de la Libertad pagando o verla gratis? Dependerá de vuestro presupuesto, pero el precio no es demasiado elevado y merece la pena verlo de cerca. No estuvimos en el ferry de Staten Island que muchos turistas usan para verla gratis, pero nos dio la sensación de que no se aprecia tan bien y además según hemos visto se llena. Nosotros además pudimos subir a la corona (hay que comprarlo con antelación) y la experiencia nos pareció muy recomendable.

Merece la pena verla más de cerca
¿Cómo organizo el día para aprovecharlo al máximo? Nueva York es una ciudad en la que no te puedes permitir ni un minuto de descanso. Si eres como nosotros y te encanta exprimir al máximo los viajes, recomendamos que las semanas previas hagas una lista de todo lo que quieres ver (museos, atracciones, calles, tours, monumentos, etc) y los organices por barrios. Madruga mucho y toma comidas cortas y rápidas para aprovecharlo al máximo. No te arrepientas de haber perdido ni un minuto de Nueva York por querer dormir una siesta o hacer una sobremesa de una hora. ¡Disfruta la ciudad!

¿Hay que llevar seguro de viajes? Siempre, no sólo a Nueva York, si no a cualquier lugar al que viajes. Los seguros incluyen compensación por robos, pérdidas de vuelos o de equipajes, pero sobre en Estados Unidos cobra más importancia por los costes de la sanidad. A veces nos pensamos que esas cosas no nos pasan a nosotros, pero llegas allí y cualquier problema que tengas (una mala caída, un apendicits repentino o algo peor) te van a cobrar un riñon (hablamos de miles de euros). Nosotros fuimos con IATI y la semana nos costó 97€ (por ser lector de nuestro blog obtienes un 5% de descuento pinchando aquí). No hay ni que pensárselo.

Estos son nuestro humildes consejos, pero si tenéis cualquier duda os las respondemos encantados. 

Puedes leer todas nuestras entradas de Nueva York en este enlace.

lunes, 10 de abril de 2017

Nueva York (VI): La Estatua de la Libertad y nuestro adiós

Nuestra despedida de Nueva York debía ser por todo lo grande, con el que posiblemente sea el símbolo más reconocible de la ciudad, la Estatua de la Libertad. Por eso para nuestro último día completo habíamos dejado la visita a este emblema de la inmigración y de las oportunidades, que no sólo incluye a la estatua, sino también un museo en una isla con mucha historia.

DÍA 18 DE ENERO: ESTATUA DE LA LIBERTAD Y MUSEO DE ELLIS ISLAND


Podríamos comenzar una discusión entre cuál es el emblema más reconocible de la ciudad de Nueva York. Para ello posiblemente acudamos al cine, del que esta ciudad es un eterno plató, y la terna final quedaría con estos candidatos: el puente de Brooklyn, el Empire State y la Estatua de la Libertad. A partir de ahí habría defensores de uno y otro y nunca acabaría con una decisión firme. Lo que pasa es que la ciudad de Nueva York era ya muy importante antes de que existiera el cine como lo entendemos hoy día. Y posiblemente sea ahí donde esta majestuosa figura femenina adelanta a sus rivales.

Sobran las presentaciones, ¿no?
Teníamos reserva para visitar la Estatua de la Libertad en el ferry de las 12, así que nos fuimos bien temprano hasta Battery Park, el más meridional de los parques de Manhattan, para disfrutar de los alrededores de esta zona que en su día alojó un importante fuerte y batería militar (de ahí su nombre). Paseamos por la orilla este del Hudson con vistas a Nueva Jersey a lo largo de un agradable paseo que acaba en la terminal del ferry que lleva hasta la Estatua de la Libertad. En Battery Park no sólo está este muelle, sino que también se puede disfrutar de algunas esculturas bastante interesantes. Nuestra favorita es el monumento a los marinos mercantes, con una composición que merece la pena ver cuando la marea está creciendo o cuando hayan algunas olas.


El sobrecogedor monumento a los marinos mercantes de Nueva York
Tomamos el ferry hasta la Estatua de la Libertad, que ya hacía tiempo que oteábamos a lo lejos, y poco a poco nos fuimos acercando. Muchos viajeros prefieren tomar el ferry gratuito a Staten Island para ver de lejos la estatua, pero creímos que por el precio merecía la pena poder verla de cerca. E incluso tocarla. El precio varía en función de lo que se quiera ver y en nuestro caso, que incluía subir hasta la corona, era de 21,50$ cada uno. Y allá que fuimos, poco a poco viendo cada vez más de cerca esa icónica imagen, haciéndose más grande a medida que nos acercábamos, pero nunca lo suficiente. Pensábamos que sería más grande.

Vamos dejando Manhattan atrás
Una vez el ferry te deja en la isla donde se encuentra la estatua tienes libertad de movimiento. Si has comprado algún ticket que permita la entrada al pedestal o a la corona puedes acceder y si no lo has hecho puedes pasear alrededor de ella. Nosotros decidimos aprovechar para subir lo antes posible y luego podríamos verla desde fuera con más calma. En el interior existen dos zonas: una primera, el pedestal, donde hay una exposición sobre la construcción de la estatua, con su historia, maquetas, bocetos o recreaciones a tamaño real de la cara o el pie. Merece la pena visitarlo con calma, aunque lleva su tiempo, por lo que hay que medir bien para no perderse nada.

Recreación a tamaño real del pie de la estatua
La segunda parte es la subida a la corona. Lo primero que hay que destacar es que no hay ascensor para subir, así que tocará subir escaleras. Pero también hay que decir que la subida merece muchísimo la pena, ya que literalmente puedes tocar las paredes. Una estrechísima escalera de caracol te va llevando poco a poco hasta la cima de la cabeza de la estatua, mientras puedes apreciar desde dentro los pliegues de acero y cobre o ver la escalera, cerrada desde hace casi cien años, que lleva hasta la antorcha. Pero sin duda lo que más sorprenderá a quien suba será el tamaño de la corona. Al contrario de lo que muchos pensarán (nosotros incluidos) el espacio es muy pequeño. En la zona más alta de la estatua apenas caben unas 6 o 7 personas y las ventanas para ver las vistas son bastante pequeñas. Desde arriba, sin embargo, no se disfruta de unas vistas espectaculares, ya que la cara apunta hacia al sur y no hacia Manhattan. Pese a eso, sólo por el hecho de sentirte dentro de la estatua y la experiencia de la subida ya merece la pena pagar ese precio extra.


La estructura interior de la estatua (arriba) y Ana mirando desde la ventana de la corona
Una vez bajamos de la corona dedicamos el tiempo hasta el siguiente ferry a fotografiar y disfrutar de las vistas desde el pedestal. Paseamos alrededor de la estatua, sobre todo pensando en que para muchos inmigrantes llegados a esta ciudad durante décadas, era este símbolo de la libertad y la democracia su primer contacto con un mundo con el que habían soñado. En tiempos como los que corren hoy día emociona pensar en qué sentirían todas esas personas que dejaban atrás sus vidas por alcanzar una mejor, con esa icónica imagen, tan majestuosa, dando la bienvenida tras semanas de viaje en barco atravesando el Atlántico. Y hoy, con muchísimos inmigrantes jugándose la vida en el Mediterráneo, las bienvenidas son mucho menos calurosas.



Vistas desde abajo de la estatua
Pero para todos esos inmigrantes la Estatua de la Libertad era sólo un primer paso de un proceso mucho más largo y en ocasiones no siempre divertido ni con final feliz. Por eso la siguiente etapa fue la que más nos sorprendió: el Museo de la Inmigración de Ellis Island. En esta isla, muy cerca de la anterior, se ubicaba el lugar donde todos estos inmigrantes llegaron durante décadas y donde vivían sus primeros días antes de poder ingresar legalmente en el país. El museo ahí ubicado, en un edificio de gran belleza, explica minuciosamente todo el proceso que se llevaba a cabo dentro de dichas paredes, desde análisis médicos a juicios.


El edificio del Museo de la Inmigración en Ellis Island
La visita al museo debe hacerse con calma, puesto que recoge numerosos datos y explicaciones que merecen ser vistos con detenimiento. La imagen de la inmigración a Nueva York desde Europa ha sido vista en ocasiones desde una óptica romántica que los estadounidenses han sabido vender, pero no todo lo que allí pasaba era felicidad. En el museo se puede apreciar cómo era la vida antes de poder cumplir el sueño de pisar tierra americana. La entrada incluye una audioguía que va explicando cada sala del museo, con relatos reales de inmigrantes que llegaron a Ellis Island en los años 20 o 30.



Distintas imágenes del museo
Cuando cerraba las puertas el museo nosotros nos volvíamos a montar en el ferry de vuelta a Manhattan. Dejábamos atrás la silueta de este símbolo de Nueva York y afrontábamos la silueta de la ciudad que comenzaba a iluminarse. Nuestro viaje tocaba a su fin y nada nos podía entristecer más. Al día siguiente, tras un breve paseo por los alrededores del hotel y la sede de Naciones Unidas, poníamos de nuevo rumbo a Canadá.

Así nos recibió Manhattan al volver de Ellis Island
Esta semana había sido muy especial, pudiendo por fin visitar uno de los destinos que más ansiábamos. Nueva York había sido muy especial, uno de esos viajes que consideras perfecto y que nunca querrías que acabase. Echaríamos de menos sus paseos, sus enormes rascacielos diseñados con tanta clase, su nieve en Central Park, sus museos detallistas e inabarcables, su gente, oír ese español caribeño en cada esquina y esa mezcla de culturas, rostros y acentos que la hacen tan especial. Íbamos a echar de menos ser neoyorquinos postizos cada mañana en cada desayuno y cada noche en cada cena. Por suerte, como alguien nos dijo una vez, aunque nos vayamos de Nueva York algo de nosotros siempre se quedará allí.

Puedes leer todas nuestras entradas de Nueva York en este enlace.

lunes, 3 de abril de 2017

Nueva York (V): Caminando entre la historia y la tragedia

Por desgracia nuestro viaje a Nueva York entraba en la recta final. En nuestro quinto día visitaríamos el centro histórico de la ciudad, el corazón financiero del mundo, Wall Street. Y como no podía ser menos nos acercamos a conocer más de cerca la tragedia que sacudió al mundo un 11 de septiembre, en un museo que te deja con un nudo en el estómago. Y es que no todo en Nueva York es sinónimo de alegría y felicidad.

DÍA 17 DE ENERO: DISTRITO FINANCIERO Y MUSEO DEL 11-S


Si hay una calle que evoque inmediatamente al capitalismo más salvaje, ese que ha hecho de Nueva York la oficiosa “capital del mundo”, es Wall Street. En esta calle y su entorno se encuentra la Bolsa de Nueva York, desde donde se mueve el destino de millones de personas. Pero quedarse en ese dato y con esa imagen, la de los yuppies ochenteros con corbata y maletín vendiendo acciones a grito pelado, es limitar la importancia histórica del Distrito Financiero de Nueva York.

Nuestro día comenzaba en la zona portuaria situada en el río East, justo al sur del puente de Brooklyn. Desde la parada de metro del ayuntamiento caminamos hasta el faro en memoria del desastre del Titanic, junto al cual aún quedan algunos edificios del antiguo puerto, hoy reconvertidos en tiendas. El día era desapacible por la lluvia, pero a pesar de ello nos acercamos al muelle 15, donde existe un mirador al puente de Brooklyn. Una zona bastante tranquila si tenemos en cuenta el ajetreo que se intuye a unos cientos de metros. Muy cerca de ahí, en el número 55 de la calle Water, está el Elevated Acre, un parque situado entre rascacielos con vistas al río y a Brooklyn, donde imaginamos que en un día soleado irán a comer todos los trabajadores de la zona. Otro pequeño remanso de tranquilidad que no piensas que exista en Nueva York.

Las vistas del puente de Brooklyn desde el Muelle 55
Pero nuestro objetivo para este día era pasear. Recorrer el Distrito Financiero de Nueva York es hacerlo además a través de su historia. Fue en esta zona donde los neerlandeses fundaron Nueva Amsterdam, y en su arquitectura se puede apreciar que es aquí donde reside el espíritu colonial que una vez tuvo Nueva York. Nada, o casi nada, queda de los primeros años tras la fundación, pero el trazado de las calles lo delata. Caminando por Wall Street no sólo te topas con el archiconocido edificio de la Bolsa, sino también con la estatua a Washington, justo en el lugar donde fue investido primer Presidente de los Estados Unidos en 1789. Y todo alrededor de ese lugar desprende un aire histórico: edificios con aire de Europa central, calles que parecen sacadas de Dublín o una pared agujereada por los restos de metralla del atentado anarquista de 1920. Mucha historia por su calles, incluso la que no se puede ver: fue desde estos edificios donde muchísimas personas se lanzaban al vacío tras perderlo todo en el Crack bursátil que cambió el siglo XX, que surgió precisamente aquí, en aquel jueves negro de octubre de 1929.



Edificios históricos, restos del atentado de 1920 y la estatua de Washington
Paseando por estas calles incluso se puede apreciar la dicotomía entre lo moderno y popular y lo antiguo y desapercibido. Apenas a unos pocos metros de distancia se juntan dos símbolos del Distrito Financiero; uno es moderno y es el famoso toro con actitud de embestir (Charging Bull, en inglés). Posiblemente sea por su gesto y su tamaño, tal vez por su color cobre o bien porque no hay nada más representativo del capitalismo salvaje que un toro que se lleva todo por delante, pero esta estatua es uno de los lugares más fotografiados de Nueva York. Dicen que trae buena suerte acariciarle sus partes nobles, y del brillo intenso de tan voluptuoso atributo viril se desprende que la gente busca esa buena suerte constantemente. Aquí también nos volvimos a dar cuenta de lo siempre provechoso que es viajar en temporada baja: apenas cuatro o cinco turistas estábamos junto a él. Pero si se llega aquí hay que dedicar unos segundos a apreciar el parque de Bowling Green, ese trozo verde que hay detrás de todas las fotos. No sólo es el parque público más antiguo de la ciudad, sino que la verja que lo rodea es la misma que ya lo hacía en el siglo XVIII. Pura historia.


Arriba, la escultura del toro y abajo, el parque de Bowling Green
En la misma plaza se encuentra el Museo Nacional de los Indios Americanos, de entrada gratuita, donde se hace un repaso histórico y antropológico de los diferentes pueblos que pueblan y poblaron el continente americano, desde el norte hasta el sur. Hay objetos, trajes, armas y muchísima información, desde los incas a los inuit pasando por los cherokees, los mayas o los iroqueses. Merece la pena invertir un par de horas en ver con detenimiento este museo gestionado por el Instituto Smithsonian.

Por la compleja estructura de su callejero y por lo valioso del lugar, el paseo por el Distrito Financiero te sacude de un lugar a otro, donde es mejor esconder el mapa y dejar que sean los edificios y lugares icónicos los que te sorprendan. En un paseo de apenas diez minutos se puede ver la iglesia de la Trinidad y su vetusto cementerio y de repente estar a los pies del nuevo One World Trade Center y su modernísimo centro comercial y estación de metro y tren, obra del arquitecto español Calatrava (que a nosotros nos gustó bastante, la verdad). Y junto a ellos, el memorial del 11-S.


El cementerio de la iglesia de Trinidad (arriba) y el nuevo centro comercial
Todos los que teníamos conciencia aquel 11 de septiembre de 2001 recordamos exactamente qué estábamos haciendo cuando aquellos aviones se estrellaron contra las Torres Gemelas. Con aquel atentado dio comienzo el siglo XXI tal y como lo entendemos ahora y resulta abrumador estar en el lugar donde ocurrió aquella tragedia. Y si veníamos a Nueva York no podíamos faltar a la cita con el museo que relata lo ocurrido aquel día. El memorial en sí es sencillo: dos enormes piscinas donde una vez estuvieron los rascacielos más altos de la ciudad y los nombres de los fallecidos escritos alrededor, junto a un parque con árboles austeros y sencillos. Un lugar recogido y generoso.



Arriba, el nuevo edificio y abajo, una de las piscinas del memorial a la víctimas del 11-S
La entrada al museo cuesta 24$, pero es gratuito si se va un martes por la tarde y se reserva el día antes. El espacio, enorme, se ubica bajo tierra, donde una vez estuvieron las Torres Gemelas. Eso en sí ya te deja huella. Pero a medida que avanzas en la visita el sentimiento de aflicción crece: restos de vigas donde impactaron los aviones (que hay que confiar en que sean exactamente lo que dicen que es) o una escalera por la que muchísimas personas salvaron su vida. Pero es en la sala principal (no se pueden tomar fotos) donde se puede apreciar todo sobre el atentado: además de un cronograma detallado con todo lo que ocurría en todos los lugares implicados, hay pertenencias de fallecidos y supervivientes, camiones de bomberos destrozados, restos de los aviones, grabaciones de audio de los terroristas, llamadas telefónicas realizadas desde los edificios o los aviones e incluso una (pequeña) zona dedicada a la conspiración. La visita, que puede llevar unas dos horas, es inevitablemente triste. Sentirte rodeado por diferentes piezas (unas pequeñas y otras enormes) de un acontecimiento de ese calibre, con un sonido sólo roto por las voces grabadas de personas que unos minutos después habían muerto, todo a unos metros bajo el suelo donde aquel 11 de septiembre se derrumbaron dos rascacielos de 400 metros de altitud, te hace sentir muy pequeño.


Distintos elementos del museo del 11-S
Salimos con la sensación pesada de haber vuelto a revivir aquel día y el desagradable pensamiento de que, en el tiempo que nos ha tocado vivir, no nos queda más remedio que vivir con esa carga que puede aparecer detrás de cada esquina. La historia de Nueva York concentrada en un distrito al que llaman Financiero pero que ciertamente es el núcleo histórico de la ciudad, del país y, por qué no decirlo, del mundo. El siguiente día nos contaría la historia de las manos que ayudaron a construir América.

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