lunes, 8 de febrero de 2016

Adiós al Portacom y volvemos a viajar

Dejábamos atrás nuestra primera etapa en Felton Road y comenzábamos una ruta de tres semanas por Nueva Zelanda con la tía de Ana, que nos hacía una visita en las Antípodas. En los próximos 21 días visitaríamos lo que considerábamos esencial de la Isla Sur y tocaríamos algunos lugares desconocidos para nosotros de la Norte, todo esto antes de volver a casa por Navidad.

DÍA 14 DE OCTUBRE: DE CROMWELL A CHRISTCHURCH


Los días previos a la llegada de la tía de Ana habíamos comenzado a organizar cuál sería la ruta para no perder nada de tiempo y sobre todo ajustarnos al tiempo. El mes de Octubre en Nueva Zelanda es demasiado volátil (como casi todo el año, la verdad), así que con una mano en los mapas y otro en las aplicaciones móviles para ver el tiempo anduvimos nuestros últimos días en el viñedo.

Pero además nos había surgido otro problema. Como habíamos vendido a Delica unos días antes, buscábamos la mejor manera de llegar desde Cromwell hasta Christchurch. Estuvimos planteando la opción de ir en autobús, aunque el precio nos parecía abusivo (30 NZD por persona) o en autoestop, así que consideramos la opción de realizar una relocalización de vehículos (relocation) a través de la web Transfercar. Encontramos una oferta para llevar un coche desde Queenstown a Christchurch totalmente gratis, incluida la gasolina (sólo pagamos voluntariamente 19 NZD por el seguro). Fue una oferta que vimos apenas un par de días antes de marchar, cuando ya nos veíamos teniendo que hincar las rodillas ante el caro autobús.

La mañana del 14 de octubre Gareth, nuestro jefe, nos recogía en la puerta del Portacom, que dejábamos tras cinco meses viviendo allí y con muchísimos buenos recuerdos encerrados tras aquellas cuatro paredes. Se había ofrecido a llevarnos hasta el cruce entre las carreteras 8B y SH6, la que lleva hasta Queenstown, donde haríamos autostop hasta el aeropuerto de la ciudad y recoger el coche. Decidimos ir con bastante antelación (8 am), con la idea de que tardaríamos algún tiempo en que alguien nos parara. Nos dejó Gareth en el cruce tras darnos algunas indicaciones sobre el autostop en Nueva Zelanda y sacamos nuestro cartel con las palabras Queenstown Airport. Apenas nos dio tiempo a colocarnos, ya que en dos minutos teníamos a un joven neozelandés dispuesto a llevarnos.

Ana posando con nuestro cartel poco antes de que nos recogieran
La hora del trayecto entre Cromwell y Queenstown se nos pasó tratando de comprender a aquel chico. Hablaba demasiado rápido y con acento de la zona de Gisborne, que ya nos dijeron que era el más difícil de entender. Sobre las 9:30 ya teníamos el coche de la compañía Aze y emprendíamos la marcha hacia Christchurch, que nos llevaría unas seis horas (algo más parando en el New World de Cromwell y en el Subway de Geraldine). A las 16 llegamos a la oficina de Jucy en el aeropuerto de Christchurch, con quienes alquilaríamos de nuevo una caravana Condo para los siguientes 14 días por 910 NZD (65 al día con seguro a todo riesgo).

Allí esperamos hasta casi las 23 horas cuando el avión proveniente de Melbourne aterrizó. Tras los abrazos y besos protocolarios condujimos hasta el Coes Ford donde pasamos la noche.

DÍA 15 DE OCTUBRE: DE CHRISTCHURCH AL MONTE COOK



La meteorología decía que este día tendríamos buen tiempo cerca de uno de los lugares que consideramos clave en la Isla Sur: el Monte Cook. Habíamos planteado la opción de comenzar la ruta bajando hacia Dunedin y los Catlins, pero eso nos obligaría a perder muchas horas de carretera para llegar hasta el techo de Nueva Zelanda y esto nos aseguraba buen tiempo. Condujimos hasta Twizel y de ahí hasta el lago Tekapo. Allí visitamos la Iglesia del Buen Pastor, a la orilla del lago y con las vistas de los Alpes nevados. Y muchísimos turistas asiáticos. Posiblemente sea uno de los lugares donde más excursiones de turistas llegan, seguramente por la estampa que presenta esta pequeña ermita con semejante fondo.

Entre el Tekapo y el Monte Cook paramos en el otro gran lago de esta zona del país, el Pukaki. En el Centro de Interpretación, justo en la cabecera del lago, pudimos apreciar que, efectivamente, el tiempo nos había acompañado y se intuía un cielo despejado junto al monte. Tras conducir por la carretera que bordea el lago por su orilla occidental (y las obligadas paradas para fotografiar), llegamos al aparcamiento desde el que se inicia la ruta al lago Hooker. Ya habíamos realizado esta ruta con los padres de Ana y con Rober y Berta en Abril y sabíamos que no es excesivamente dura y no muy larga (dificultad baja y unas 3 horas ida y vuelta). Y que durante el recorrido y, sobre todo, al final el esfuerzo merece la pena. Vimos un paisaje algo distinto. Todo estaba más nevado e incluso en el lago se podían ver algunos pequeños icebergs flotando en la orilla. Lo más positivo era que notábamos que los días en esta época del año te regalan más horas de luz para disfrutar una jornada completa, anocheciendo casi a las 20 horas.

Tramo de la ruta al lago Hooker, con el Monte Cook al fondo
Pasamos la segunda noche en una zona gratuita de acampada en el lago Ruataniwha, a un par de kilómetros de Twizel, donde estuvimos toda la noche rodeados de mosquitos y otros bichos que nos merodeaban, que hacía imposible hacer una foto al cielo estrellado. Al día siguiente conduciríamos por una carretera inédita para nosotros, visitaríamos una de las “grandes” ciudades que nos faltaba por conocer y nos encontraríamos de nuevo con aquellas bellas e inquietantes piedras redondas en la playa.

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