sábado, 30 de enero de 2016

Nuestra experiencia con furgoneta en Nueva Zelanda

Antes de llegar a Nueva Zelanda te informas y lees en blogs y foros cuál es la mejor manera de moverte por el país. Obviando que el transporte público es casi nulo, lo más atractivo siempre resulta comprar tu propia furgoneta: dormir y cocinar en cualquier lugar, moverte a tu ritmo. En definitiva, vivir sobre cuatro ruedas. Parece casi como una obligación llegar al país y soltar los dólares para hacerte con tu propia van. Así que después de nuestra experiencia en Nueva Zelanda, queremos contar otras opciones a valorar para quién quiera venir.

FURGONETA

La forma más romántica y la más extendida de moverse por el país. Desde las ferias de coches de Auckland a los numerosos grupos de Facebook donde se anuncian furgonetas en venta la oferta es numerosa. Casi todos los mochileros optan por esta posibilidad, al igual que hicimos nosotros. Pero encierra algunos contras que hay que analizar antes de decidirse.

Cartel de una furgoneta en venta en Auckland
En primer lugar el precio. Una furgoneta rara vez va a bajar de los 2500 NZD (de mayo a octubre) y en temporada alta (noviembre-marzo) no es difícil encontrarlas por más de 4000 NZD. Y eso sólo es el precio de compra. A partir de aquí llegan los gastos extras, sin son necesarios, que pueden ir desde hacerte con lo básico para vivir (cocina, platos, mantas, almohadas, etc) a los arreglos que tengas que realizar. Aquí entraría la segunda variable, los arreglos. Hay que tener en cuenta que las furgonetas en venta son vehículos antiguos con varios dueños en su historial, la mayoría de ellos con casi 20 años e incluso más, por lo que es normal que empiecen a tener problemas y chequeos que te harán pasar por el taller más de lo habitual. Y aquí en Nueva Zelanda cualquier arreglo del coche te dispara el precio. 

En tercer lugar estaría el gasto de gasolina. Las carreteras no son como a las que estamos acostumbrados en Europa, con grandes autovías y autopistas donde conducir es llevadero. Subidas, bajadas, curvas, tramos de gravilla… Todo esto dispara el gasto de gasolina, que en el caso de las furgonetas es más acusado aún (el consumo es mayor que un coche, además de ser motores más antiguos) y trae más problemas mecánicos, sobre todo para la ruedas y los ejes. Además de la rapidez y la potencia que en una furgoneta es menor (ojo con los puertos de montaña). 

En cualquier momento te puedes cruzar con una carretera de grava
En nuestro caso con Delica, que costó 4000 NZD supuestamente en buen estado, en las dos ocasiones que fuimos a pasar el Warranty of Fitness (WOF) hubo que cambiar alguna rueda, que para ese modelo de van no bajan de 100 NZD cada una. Contad que si estáis un año en Nueva Zelanda vais a tener que cambiar cada rueda al menos una vez con un uso normal. Además, tuvimos algún que otro arreglo menor para el WOF que no bajaron de 70 NZD y otro más grave en el último que se iba a los 400 NZD. Y otros dos problemas serios, uno con el aceite que nunca nos confirmaron qué era y que se acercaba a los 1000 NZD y otro final, la bomba de gasolina, que eran 500 NZD y que fue el que terminó de decidirnos por no arreglarlo y venderla casi a precio de desguace. Por suerte no pagamos ni el último WOF (unos 600 NZD), ni el arreglo del aceite ni el de la bomba de la gasolina y nos ahorramos bastante dinero. En total gastamos entre su precio, arreglos y compras unos 5600 NZD y en gasolina unos 1600 NZD en 7000 km. recorridos.

Por supuesto que tiene sus ventajas: comodidad, capacidad para moverte por todo el país y poder dormir en casi todas partes, espacio, etc. Pero hay que analizar bien el gasto que supone y el uso que se le va a dar. Nosotros por suerte tuvimos dos visitas familiares en las que aprovechamos para viajar y lo hicimos alquilando una autocaravana y hemos estado seis meses viviendo en dos casas distintas, así que apenas le hemos dado uso de viaje y vivienda a la Delica. Por tanto, nuestra relación gasto/aprovechamiento ha sido muy desfavorable. Dicho esto, guardamos un grato recuerdo de nuestros días con Delica, aunque quizá ahora optaríamos por otra opción.

Nuestra Delica entre los viñedos de Bannockburn
ALTERNATIVAS: COCHES Y/O TIENDA DE CAMPAÑA

Existen varias alternativas a viajar con furgoneta. La más económica, pero también más incómoda, es el autostop. Te olvidas de gastar dinero en un vehículo, de pagar gasolina, de arreglos y de impuestos. Levantas el dedo y por lo general sueles tener a alguien que te pare y te pueda acercar a tu destino. Viajas más lentamente y no dependes de ti mismo, pero es totalmente viable viajar así por Nueva Zelanda. Otra opción parecida es hacerte con un compañero de viaje con quien compartir gastos de gasolina. O bien visitar las webs como Transfercar o las compañías de alquiler para buscar una furgoneta o coche de relocalización. Puedes tener un vehículo durante algunos días de manera gratuita o a un precio muy bajo si quieres moverte entre grandes ciudades.

También puedes comprar un coche a un precio mucho más bajo que una furgoneta. Los hay de varios tipos y tamaño, desde los más amplios y equipados con cama a otros más pequeños. Normalmente cuestan menos que una van y los arreglos también son más bajos, además de consumir menos, por lo que los gastos disminuyen. Si además tu furgoneta es non-self contained (las que guardan sus propios residuos) tienes las mismas opciones para dormir gratis, ya que se sitúan en la misma categoría. 

Al fondo, mochileros viajando en coche
Y estas dos opciones se pueden complementar comprando una tienda de campaña (las hay de segunda mano por 15-20 NZD) y puedes acampar en los mismos lugares donde pasan la noche coches y furgonetas non-self contained. Como todo tiene sus contras, como las noches de viento, lluvia o frío, o que se te acerque un pósum a olisquearte, pero también verás a muchos viajeros optando por este método.

NUESTRA CONCLUSIÓN

Después de nuestra experiencia reconocemos que viajar en furgoneta tiene su encanto y su comodidad, pero también si tuviéramos que elegir ahora optaríamos posiblemente por la opción coche+tienda (como ya hacíamos en casa, que somos muy de ir de camping). El gasto es menor tanto en precio de compra como de arreglos (o el ferry para cruzar de isla), la conducción es mucho más cómoda y puedes llevar a otros viajeros que hagan autostop, aunque sacrificas algo en espacio. Y cuidado con las furgonetas que se compran: en una charla con un mecánico de Cromwell (que tiene acuerdo con la AA), en verano recogían con la grúa una media de tres furgonetas rotas (de las que no vuelven a andar) a la semana, la mayoría de ellas compradas en Christchurch y que poco antes de llegar a Cromwell (unas cinco horas de trayecto) ya dejaban de funcionar. Por tanto, no cuentes con recuperar el dinero invertido en la furgoneta cuando te vayas del país. Conviene estudiar todo con detenimiento y no optar por la opción más romántica, sino por la más funcional y económica.

Así viajamos cerca de casa: coche y tienda


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