lunes, 29 de agosto de 2016

Las eternas postales de la West Coast

Apurábamos nuestros últimos días en la Isla Sur de Nueva Zelanda y encarábamos la subida de la West Coast recorriendo sus carreteras y parando en los numerosos puntos de interés de esta zona del país. No sólo los famosos glaciares Franz Josef y Fox o las Pancake Rocks dejan preciosas escenas en las retinas o los carretes digitales. Ríos, playas, bosques o acantilados. Y siempre rodeados de sandflies.

DÍA 23 DE OCTUBRE: DEL LAGO WANAKA AL GLACIAR FRANZ JOSEF


La West Coast se puede considerar iniciada una vez sales de Wanaka en dirección norte. Y ojo porque entre Wanaka y los glaciares sólo hay una gasolinera, en Haast, y a un precio bastante por encima de la media. Además, la cobertura de teléfono se pierde en ese tramo, así que conviene prevenirse. Desde que dejas Wanaka vas a dirigirte poco a poco a través del Haast Pass hacia el Mar de Tasmania, dando cuenta de cómo el paisaje comienza a tornarse más tropical y abandonas la vegetación montañosa propia de los Alpes neozelandeses. Las lluvias dejan buena muestra de su presencia en esta zona de la isla y se agradece cuando uno disfruta del paseo en la carretera que une Wanaka y Haast. Una de las paradas obligatorias son las Blue Pools, las piscinas naturales de un agua azul turquesa intenso. El lugar, muy frecuentado por los turistas, es zona habitual de baño incluso en esta época del año, cuando el calor no está precisamente presente.

Continuamos conduciendo hasta Haast, momento en que la carretera vuelve por fin a situarse al pie del inmenso océano. Es el momento en el que se aprecia que se está en la West Coast. Grandes playas de arena se alternan con acantilados de decenas de metros de altura. Al lado contrario, la vegetación, dominada por el omnipresente helecho plateado (el Silver Fern, uno de los símbolos del país), se agolpa en las colinas que poco a poco comienzan a erigirse hasta convertirse en montañas. En este recorrido decidimos parar en dos puntos de interés no demasiado publicitados. El primero fue el Ship Creek, una playa de arena blanca enorme donde a su lado se encuentra una ruta de apenas 20 minutos caminando por el bosque de Swamp. En la desembocadura del río, árboles que nacen en el lecho y helechos se mezclan, dejando una estampa más propia de paisajes amazónicos. El agua se torna de un color rojizo y el cantar de las aves te acompañan, rompiendo el silencio que, pese a estar a pocos metros de la carretera, domina la escena.


La ruta por el bosque de Swamp en el Ship Creek con un helecho a punto de nacer
La carretera de la West Coast se puede dividir en tres zonas: dos de ellas discurren junto al mar y otra se adentra en los Alpes hasta los glaciares Fox y Franz Josef. Poco antes de que esto ocurra si se parte desde Wanaka se puede hacer una parada en el Knights Point, un mirador con un paisaje que no por habitual en el país deja de ser atractivo para el que pasa junto a él. Como suele ocurrir en Nueva Zelanda, puede que no sea nada que no hayas visto antes, pero casi de manera automática tienes la inexplicable necesidad de parar y echar un vistazo a los acantilados, las enormes rocas que parecen haber caído al océano y la fuerza del mar chocando contra ellas, empujada por el viento. Si aún se quiere hacer una parada más antes de pasar al paisaje montañoso se puede optar por la playa de Bruce Bay. En esta bahía predomina el color blanco de las rocas de cuarzo que los turistas aprovechan para colocar de forma apilada. O también para dejar sus mensajes, románticos la mayoría de ellos, escritos sobre su superficie. Se ha convertido en una atracción para muchas parejas que viajan por el país (hay muchas lunes de miel atravesando Nueva Zelanda) y llenan sus cuentas de redes sociales de fotografías con sus nombres en las rocas.


Las vistas del mirador del Knights Point y los mensajes en las rocas de cuarzo en Bruce Bay
Para terminar el día nos tocaba la visita al Glaciar Fox. Como ya escribimos en un artículo anterior, si hay que elegir uno de los glaciares es mejor que sea el Fox, sobre todo por el paisaje. Y por supuesto que nadie espere caminar por un enorme glaciar en total soledad. Pero si dejas a un lado las elevadas expectativas puedes disfrutar de una caminata agradable y sencilla con bonitas vistas a tu alrededor y aprender que el cambio climático, ese que muchos niegan, ha hecho reducir cientos de metros en las últimas décadas el tamaño del glaciar. Como siempre decimos, para visitantes nivel usuario de glaciares no tiene porque ser decepcionante.


El Glaciar Fox y la ruta que lleva hasta él
Para dormir elegimos el único lugar gratuito en la zona para vehículos self-contained, el Doherty Creek. Antes paramos en el pueblo de Franz Josef, muy ambientado, y cenamos en uno de los restaurantes gracias a que la tía de Ana nos invitó. Un lugar muy agradable, decorado al estilo alpino, donde la carrillada de ternera es un escándalo. Al día siguiente continuaríamos nuestra ruta por la West Coast neozelandesa ampliando paisajes, guardando escenas.

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