jueves, 15 de septiembre de 2016

El rugir del mar en las Pancake Rocks

En nuestra segunda visita a las Pancake Rocks, al norte de la West Coast de Nueva Zelanda, pudimos disfrutar de una de sus más reconocidas características: los géiseres marinos (o blowholes). Además nuestros días de alquiler de la Jucy iban acabando y debíamos cruzar la Isla Sur de costa a costa a través del paso de montaña más famoso del país, el Arthur Pass y sus keas.

DÍA 25 DE OCTUBRE: DE LAS PANCAKE ROCKS AL LAGO PEARSON


Esta mañana tocaba madrugar si queríamos cumplir con el plan del día y, sobre todo, si queríamos aprovechar la pleamar. El porqué de estar presentes en las Pancake Rocks (traducido como rocas filloas o crepes, por su forma) durante la subida de la marea es bien sencillo. Es durante esas horas cuando es más fácil ver los géiseres marinos (blowholes en inglés) que se producen al penetrar el agua con fuerza entre las rocas. Así, el agua sale disparada a metros de altura como si se tratara del lomo de una ballena. Un atractivo más para un paisaje ya de por sí espectacular.

Nada más abrir las puertas el recinto que lleva hasta las rocas, muy bien acondicionado y con explicación muy detallada de la curiosa formación geológica, aparcábamos la caravana e hicimos una parada en la tienda de recuerdos. Después de una breve lluvia nos dispusimos a ver las Pancake y al agua saltar. Pudimos estar cerca de una hora observando la virulencia con que el mar penetra entre las rocas, formadas a base de finas láminas, una encima de la otra. No siempre se forman géiseres (el término no es exacto, porque no se producen de la misma manera), pero el sonido del mar chocando ya es un disfrute en sí. Y cuando una de esas olas entra de la manera perfecta, ves el agua elevarse varios metros y deshacerse simulando una lluvia. No sólo es la belleza del paisaje, con las extrañas rocas en una zona de acantilados, sino el conjunto de sensaciones: el sonido de las olas, el agua caer difuminada, el rugir del mar. Es curioso que algunas de las formaciones geológicas más curiosas que hemos visto estén en Nueva Zelanda, como estas Pancake Rocks o las piedras redondas de los Moeraki Boulders.


Las Pancake Rocks y los blowholes que se forman cuando sube la marea
El día continuaba y no queríamos demorarnos mucho para poder disfrutar del Arthur Pass con suficiente luz. Debíamos entregar la caravana tres días después y aún nos quedaban cosas que ver cerca de Christchurch. Paramos a ver la portuaria ciudad de Greymouth, otro importante centro minero de esta zona del país. No es muy destacable casi nada salvo algunos edificios antiguos en la zona céntrica que recuerdan cómo debía ser este asentamiento en sus años de esplendor, allá por la segunda mitad del siglo XIX. Eso sí, paramos a comer y disfrutamos de un “desayuno del minero”, con salchichas, huevos, patatas y verdura. Un escándalo.

Esto es el "Desayuno del minero", buena fuente de proteínas
A las afueras de Greymouth, cuando la carretera 7 se dirige a los lagos Nelson, se encuentra el sitio histórico de la mina de Brunner. Dimos con este lugar gracias a una humilde recomendación en la aplicación Campermate y pese a que no contaba en nuestro recorrido, fue una agradable sorpresa, aunque esté basada en un hecho trágico. En esta mina de carbón se produjo en 1896 una explosión que produjo la muerte de 65 trabajadores, hasta la fecha la mayor tragedia laboral en la historia de Nueva Zelanda. El impacto en la zona es fácilmente imaginable. Casi todas las familias tenían a algún miembro trabajando para la mina y muchas de ellas sufrieron de una u otra forma alguna pérdida. Lo que hoy queda, además de los memoriales a la víctimas y multitud de paneles explicativos (una vez más sólo queda admirar cómo se organizan los neozelandeses para compartir su patrimonio), son los restos de los antiguos edificios que formaban todo el complejo, además de un puente restaurado sobre el río Grey. Puede llevarte una media hora la visita y, aunque no es el lugar más espectacular del país, tampoco te irás con la sensación de haber perdido el tiempo.

Restos de la mina abandonada de Brunner
Nada más salir de la antigua mina se puede coger la carretera hacia Moana (pequeño pueble a la orilla del lago Brunner) que enlaza con la carretera 73, o lo que es lo mismo, el Arthur Pass. Aunque la zona más espectacular está al final del paso (empezando por la West Coast), siempre merece la pena hacer una parada en el mirador sobre el viaducto y dejarse embelesar por los keas que por allí andan, paseando bajo los coches o subiéndose a sus techos. A partir de ahí la carretera baja hasta el pueblo y por el camino se puede parar a hacer alguna de las rutas que se proponen. En nuestra anterior visita sí que hicimos un par, pero en esta ocasión paramos a tomar algo en el pueblo antes de ir a dormir al camping junto al lago Pearson.

Los omnipresentes keas en el Arthur Pass
Esta zona de acampada está al final del paso de montaña, en una zona algo menos abrupta y por donde la carretera discurre menos empinada, donde también hay bastantes zonas para poder caminar y donde en nuestra opinión las vistas son más espectaculares. Conduces rodeado de montañas, a veces muy nevadas, pero a la vez la anchísima cuenca del río Waimakariri permite una perspectiva muy fotogénica. 

Pasamos la noche junto al lago Pearson en la caravana, justo un día antes de la visita a la Península de Banks y a Ataroa, a pasear por sus diminutas playas al final de las carreteras que desembocan en las rías de este antiguo volcán. 

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