lunes, 23 de marzo de 2015

Ruta por Northland: donde bailan los mares

Nuestro primer día como viajeros en Nueva Zelanda nos había llevado a recorrer la Twin Coast Highway y bordear la Whangarei Heads hasta parar en Urquharts Bay, donde a la mañana siguiente despertábamos junto al mar y desayunábamos en la mesa de picnic que se encuentra en la orilla. Aprovechamos para hacer una de las pequeñas rutas de senderismo propuestas, en la que tras caminar entre vacas y verdes colinas desembocamos en una pequeña cala. Por desgracia nos apremiaba el tiempo y nuestra intención era llegar con tiempo suficiente a nuestra siguiente parada, Bay of Islands.

Playa al final de la ruta de senderismo
DÍA 23 DE ENERO: DE WHANGAREI A WAITANGI

Tras recorrer de nuevo en sentido inverso la carretera que llega hasta Whangarei, paramos en las cascadas que encuentras nada más abandonar la ciudad siguiendo la Twin Coast Highway. No entraba en nuestros planes y nos sorprendió gratamente. Continuamos nuestra ruta con la idea de parar en la playa de Matapouri, a donde nos llevaba una interminable carretera sin asfaltar, una de tantas que se encuentran en Northland. Otra playa de arenas blancas y carteles de avisos de qué hacer en caso de Tsunamis. Por si acaso no quisimos tentar a la suerte y volvíamos al asfalto. La idea era llegar a Bay of Island y hacer noche por los alrededores.

El camino hasta Opua y Paihia no destacó precisamente por su belleza ni espertacularidad y tampoco lo hicieron estas dos ciudades, las principales junto a Russell de Bay of Islands. Lo más preocupante llegó cuando buscamos dónde podríamos pasar la noche sin pagar en la región y todos los carteles nos avisaban que estaba terminantemente prohibido. Paihia estaba llena de furgonetas de otros mochileros, pero todo hacía pensar que no estaban ahí para pernoctar, sino aparcadas hasta que sus dueños volvieran de las numerosas islas de la bahía. ¿Qué opción nos quedaba entonces? Pues pagar los caros campings de Nueva Zelanda, ya que el sitio gratuito (y legal) más cercano estaba a más de una hora. Elegimos el de Waitangi, junto al mar y cerca del sitio histórico donde maoríes y las tropas británicas firmaron el famoso Tratado de Waitangi. 40 NZD fue el precio que pagamos, aunque pudimos disfrutar sus duchas y sus cocinas y charlar con unos daneses que estaban de vacaciones.

Cataratas a las afueras de Whangarei
DÍA 24 DE ENERO: DE WAITANGI A CABO REINGA

El objetivo al viajar a Northland es alcanzar la zona más septentrional de las dos islas principales del país. El Cabo Reinga es un lugar sagrado para los maoríes. Aquí es donde los espíritus viajaban hasta Hawaiki, la isla desde donde llegaron los primeros pobladores de la isla. También, entre otras muchas leyendas que rodean la punta norte de la isla, es donde el mar de Tasmania y el Océano Pacífico, representados como un hombre y una mujer, se unen creando olas que simulan un baile entre ellos.

Tras atravesar toda la costa nororiental repusimos en la gasolinera de Kaitaia y compramos en el Pack'n'save. Esta ciudad es la última antes de embarcarse en los últimos kilómetros de la SH 1 y dispone de cadenas de comida rápida, supermercados y una biblioteca con wifi. Es parada obligatoria, sobre todo si el depósito de gasolina no está muy lleno. Más allá de este punto no hay muchas gasolineras y las que hay son muy caras. Y tras esto, conducir hasta el cabo.

La carretera que lleva hasta Cabo Reinga está rodeada de playas y algunas colinas que lo convierten en un paisaje bastante curioso. El viento pega con fuerza en esta zona, incluso en verano, lo que reduce bastante la vegetación en comparación con lo que habíamos visto hasta ahora. Encuentras pocas poblaciones y muchas indicaciones de playas. Y al final de todo, cuando la carretera se empina más de lo habitual, aparece el faro que indica que el camino ha terminado. Un aparcamiento con baños es la parada antes de caminar hasta el faro, observando cómo el mar de embravece y te rodean acantilados y playas plagadas de olas. El camino está lleno de paneles que explican todas las leyendas e historias que rodean a este punto del país, con más fama que belleza.

Cabo Reinga, donde bailan los mares
Faro de Cabo Reinga
Esa noche habíamos planeado dormir en un camping del Department of Conservation de nombre impronunciable: Tapotupotu. Se llega tras bajar una empinada cuesta sin asfaltar y se encuentra junto a una playa, en un sitio realmente bello y tranquilo. Como llegamos en pleno verano había poco sitio donde dormir y una señora esperaba a los nuevos visitantes dispuesta a cobrar los 6 NZD por persona que cuesta pasar la noche allí (además de 3 NZD por el servicio de recogida de basuras). Lo único negativo es que no dispone de cobertura de teléfono móvil, así que nos pasamos buena parte del día y la noche preocupados porque nuestras familias no sabían dónde ni cómo estábamos. Pese a ello, disfrutamos del sol y de un paseo por la arena antes de volver a realizar el camino inverso.

DÍA 25 DE ENERO: DE CABO REINGA A PUKETI FOREST

Tras alcanzar el norte más al norte de la Isla Norte no quedaba más remedio que dar media vuelta y volver a poner rumbo a Auckland. La idea era hacerlo por la costa occidental en lugar de la oriental. Seguíamos esperando a que nuestro número IRD estuviera disponible y el presupuesto bajaba a mayor ritmo del deseado. Aún así seguíamos disfrutando del viaje con la mente puesta en Hawkes Bay y la recogida de frutas.

A pocos kilómetros de Cabo Reinga giramos a la derecha hasta la carretera que lleva hasta las Dunas Gigantes de la 90 Mile Beach. Esta playa recorre toda la costa occidental de la península durante unos 100 kilómetros, algo menos de lo que indica su nombre. Y en este punto se encuentran unas enormes dunas de arena fina donde poder lanzarse con una tabla (te las alquilan por el módico precio de 15 NZD, aunque las puedes comprar mucho antes de Kaitaia por 5 NZD). Un paisaje espectacular, de los que más nos ha gustado desde que estamos en Nueva Zelanda. Sólo nos faltó algo para lanzarnos.

Dunas Gigantes
Seguimos bajando hasta una de las entradas de la 90 Mile Beach. Aquí los turistas suelen meter sus coches para conducir por la playa, ya que la longitud de ésta y la arena dura lo permite. También es cierto que muchos de ellos se quedan encallados y no se pueden mover, así que preferimos no correr riesgos y verla con los pies en el suelo y tumbarnos un buen rato en la arena. A nuestro alrededor surferos, cafeterías ambulantes y turistas que trataban de sacar su coche de la arena. Y tras esto, a seguir yendo hacia el sur para pasar la noche en el bosque de Puketi.

Coche atascado en la arena de la 90 Mile Beach
El bosque de Puketi tiene dos campings del DOC, uno gratuito y otro de pago. Llegamos al primero de ellos, pero debemos reconocer que no nos dio buena impresión. Muchos menores acampando y bebiendo, así que preferimos hacer un esfuerzo y pagar otra noche más. Bueno, seamos sinceros, no tuvimos intención de pagar en el camping de Puketi Forest, una zona de acampada en mitad de un bosque de kauris, con unos baños bastante asquerosos y una ducha de agua fría a cielo abierto. El precio es de 6 NZD por persona y el método de pago es similar a otros campings del DOC: metes el dinero en un sobre, pones tus datos del coche y lo dejas en un buzón. Digamos que hicimos los dos primeros pasos, pero no el último, el importante. Esperamos hasta que llegara el Ranger que vigila que se realice el pago antes de irnos a dormir, pero nunca lo hizo y no vimos a nadie que pagara, incluida una pareja de estadounidenses a los que le habíamos sacado una foto en Cabo Reinga el día anterior. Pese a todo no estábamos a gusto con la situación e incluso Alejandro llegó a soñar con que llegaba el Ranger y nos multaba. La conciencia.

Y al despertarnos, como era de esperar, vimos un papel en la luna delantera de la furgoneta. El Ranger nos  avisaba que no había encontrado nuestro sobre y que, por favor, lo pusiéramos lo antes posible. Nos habían pillado, así que cumplimos con nuestro deber y metimos el sobre con los 12 NZD en el buzón. Y aprendimos una importante lección: si queremos ahorrarnos pagar, tenemos que madrugar más que el Ranger.

Mensaje de nuestro amigo el Ranger

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2 comentarios:

  1. Se me ha representado en la imaginación una escena en la que las ninfas pueblan el rincón de las cataratas, dándose un baño cuando nadie está mirando.

    Un texto muy informativo y, como siempre, una impecable narración de vuestras pequeñas y grandes aventuras.

    Atentamente.

    P.D.: Me presento como el que anteriormente firmaba "Christian".

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    1. Muchas gracias Christian. La verdad es que todo lo que rodea a la cultura maorí y su mitología es bastante atractivo, aunque el Cabo y el faro en sí no fueran nada que no podamos encontrarnos en nuestra Galicia.

      Muchos saludos!

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