viernes, 29 de mayo de 2015

Ruta por la Isla Sur: Milford Sound

Apenas habíamos cumplido una semana viajando por la Isla Sur de Nueva Zelanda y la ruta planeada nos dejaba ya en la retina experiencias y paisajes apasionantes. Todavía quedaba por delante casi todo el viaje, pero nos encontrábamos a las puertas del único día que estaba marcado en rojo semanas antes de echar a rodar en la Jucy: la visita al Milford Sound.

DÍA 17 DE ABRIL: DE QUEENSTOWN AL LAGO GUNN

Nueva Zelanda está rodeada de cierta mística viajera. Cuando te informas sobre qué ver y qué visitar aparecen numerosos enlaces y rincones, algunos de ellos parada obligada y otros que han despertado el interés de algun viajero esporádico. Pero casi todo el mundo coincide en uno de ellos como el lugar más especial que resume qué es este pais, el Milford Sound. Por eso habíamos decidido que el día 18 de abril, el cumpleaños de Ana, lo pasaríamos en ese lugar. Así que pusimos rumbo a esa zona aislada de todo.

Pasamos la noche en el parking sur del Rotary Club, a unos diez minutos de Queenstown en dirección Cromwell/Wanaka. Antes de irnos de la ciudad dedicamos un par de horas a lavar ropa en la lavandería que se encuentra junto a la biblioteca. Aparcamos el coche en el parking de pago (0'50 NZD la hora) y aprovechamos para cargar los dispositivos en la propia lavandería y dar un paseo matutino por la ciudad, que a la luz del día nos seguía pareciendo igual de decepcionante que la noche anterior. Una vez la ropa estuvo lavada y seca nos dirigimos hacia el oeste por la SH6, que se dirige hacia el sur para luego enlazar con la SH94 dirección Te Anau.

El camino entre Queenstown y Te Anau discurrió a los pies de montañas lo suficientemente nevadas para darle un toque invernal al otoño. Tras varios valles se llega a la última ciudad antes del Milford Sound, a los pies del lago del mismo nombre. Entre Queenstown y Te Anau hay aproximadamente unas tres horas en coche y de aquí al puerto desde donde parten los cruceros unas dos horas y media. Atentos con llenar el depósito de gasolina antes (en Te Anau hay gasolineras). Más al norte de Te Anau Downs, a unos 20 minutos en coche de la ciudad, no hay lugares gratuitos donde pasar la noche, así que conviene bien elegir dónde dormir, más aun si tu barco es el primero de la mañana (el nuestro salía a las 9). Nosotros elegimos el camping del DOC al sur del lago Gunn, el penúltimo antes del fiordo y aproximadamente a una hora de camino. Un lugar agradable a la orilla del río y del que parte una ruta alrededor del lago. El precio es de 6 NZD por persona y noche. Nos fuimos a dormir temprano para coger fuerzas antes de visitar una de las atracciones turísticas más importantes de Nueva Zelanda.

DÍA 18 DE ABRIL: LAGO GUNN, MILFORD SOUND E INVERCARGILL

Despertaba el día del 30 cumpleaños de Ana con el cielo algo cubierto. El día anterior había sido de fuerte lluvia en la zona del fiordo y para éste las previsiones hablaban de sol y nada de nubes, justo lo ideal. A las 6 de la mañana y sin desayuno en el estómago nos pusimos en rumbo por el camino que desemboca en el puerto del Milford Sound. La carretera en sí ya merece la pena, con valles donde asomaban altas montañas con los picos nevados, ríos que los atraviesan y bosques que envuelven la carretera. Casi sin amanecer cruzamos el túnel de Homer, el más largo de Nueva Zelanda, desde donde comienza la bajada al puerto. Una vez allí un enorme aparcamiento vacío fue el lugar que elegimos para desayunar antes del crucero y donde Ana recibió su primer regalo: un álbum de fotos resumen de sus 30 años.

Imagen del fiordo Milford Sound
El viaje a través del Milford Sound lo reservamos con la empresa Go Orange a 45 NZD por persona en la pagina bookme.com (su coste sin oferta es de 70 NZD). Hay varias compañías más a precios variables, pero nos habían hablado bien de ella y era la más barata. Esperamos en el puerto hasta que llegaron las 9 de la mañana. El cielo había despejado bastante y al barco apenas subimos unas 40 personas, muchas menos de las que cabían en él. Con puntualidad zarpamos rumbo a mar abierto a disfrutar de lo que mucha gente se ha atrevido a llamar "la Octava Maravilla del Mundo".

El crucero de GoOrange internándose en el fiordo
El recorrido a través del fiordo no desmerece en nada su fama. Acompañados por el azul del cielo y la luz que daba el sol, las altas montañas que rodean al fiordo crean un paisaje espectacular. A los lados caen cascadas de agua y no puedes dejar de mirar a tu alrededor. A la media hora de viaje la empresa nos sirvió el desayuno: un vaso de zumo de naranja y un pequeño bocadillo de bacon y lechuga. Justo después comenzamos a conspirar para darle a Ana su tarta de cumpleaños. Pedimos a la empresa algo donde poner las velas y muy amablemente nos ofrecieron una magdalena de arándanos. “Es lo más parecido a una tarta que tenemos”, dijo el chico del bar. Tampoco nos cobraron nada por ella por ser “un día especial”. Pero para que Ana soplara las velas aún faltaba un poco. Antes debíamos salir todos a ver cómo el barco se acercaba a unas focas que había sobre las piedras y a una cascada a la que se acercó tanto que nos pudimos grabar bajo el agua helada que caía. Y tras aquello, por fin, salimos a la cubierta a llevarle a Ana su tarta. Se nos ocurren pocos marcos más bellos para celebrar un cumpleaños.


Las cascadas que caen sobre el mar
Seguimos navegando hasta que salimos del fiordo y llegamos al mar de Tasmania (el barco de Jucy que iba detrás se dio vuelta antes y apenas se acercaba a las cascadas y a las focas). Emprendimos la vuelta y el paisaje seguía siendo espectacular. El tiempo acompañaba y, aunque soplaba un viento frío, no querías dejar de vivir ese momento y seguíamos en la cubierta del barco. Poco antes de llegar a puerto otro par de focas nadaban frente al barco. Atracamos y bajamos con la sensación de haber disfrutado de un paisaje que hace honor a su fama, aunque tal vez aquello de la maravilla sí le quede un poco grande.


Recta final de nuestro crucero por Milford Sound

Como no teníamos dinero en efectivo para pagar los campings del DOC decidimos empezar a bajar hacia el sur del país. Era el cumpleaños de Ana y quería tener una cena especial, así que decidió que fuera en el McDonald's de Invercargill, el más al sur del mundo (ya sabéis lo que nos gusta la comida rápida). Tomamos un capuccino en el bar y realizamos una pequeña ruta de unos 20 minutos junto al aparcamiento. Arrancamos la Jucy y fuimos disfrutando del paisaje de la carretera una vez más, ahora de día y en sentido contrario. Paramos en el Chasm, donde la fuerza del río ha creado formas espectaculares en las rocas; vimos a los famosos keas andar por encima del capó de la caravana, hicimos los primeros veinte minutos de la ruta que lleva al lago Marian (hasta una cascada) y comimos con las vistas del lago Te Anau. Aquella zona merece una vista más larga, de varios días, para hacer rutas y visitar todos los atractivos que hay, pero por desgracia no podíamos quedarnos (era eso o no pagar los campings del DOC), así que condujimos hacia el sur.

Un kea que se posó sobre nuestra caravana
La Southern Scenic Route comienza en Queenstown, continúa hasta Te Anau y de ahí baja hasta la bahía de Te Waewae. Nosotros la iniciamos de nuevo tras el Milford Sound y nos llevaría ese día hasta Invercargill, la principal ciudad del sur. No paramos en el lago Manapouri (otra cuenta pendiente) y lo hicimos en el puente colgante de Clifden, volvimos a tocar la costa y de ahí por la SH99 hasta Invercargill, que nos recibió ya de noche. Hicimos la parada esperada en el McDonald's (donde nada dice que sea el más meriodional del mundo), a Ana sus padres le dieron su regalo y fuimos hasta la cabina Spark para charlar con la familia y seguir con las felicitaciones en horario gallego. De ahí a dormir a Thornbury, junto al puente sobre el río Aparima (no sin antes "sufrir" la primera prueba de alcoholemia neozelandesa).

El puente colgante de Clifton
Se acababa el 18 de abril y habíamos tenido la suerte de ver brillar un sol inmenso en el Milford Sound, donde se dice que llueve 250 dias al año. No creemos que hubiera muchos lugares mejores para soplar velas sobre una magdalena.

La magdalena de cumpleaños de Ana

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