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domingo, 20 de octubre de 2019

Las huellas del pueblo

Mochileo Low Cost

Oigo los gritos de los niños en la plaza, sus pequeños pies pisando con fuerza en los viejos adoquines, los balones golpeando la pared de la parroquia y al padre Ernesto gritarle a los adultos que reprendan a esos pequeñajos. Lo puedo oír nítidamente, mientras el sol cae a plomo y aprovecho la pequeña sombra que el viejo roble nos sigue regalando en verano. 

Creo que me quedé sordo hace algo menos de un año, pero sigo creyendo oír esos sonidos que me trasladan a mis años de cachorro.

Don Antonio aún habla conmigo, ya con una voz débil, que mis pobres oídos apenas distinguen. Pasamos la mayor parte del día juntos. Y los días se convierten en semanas y las semanas en meses. Ocho en concreto, los que hace que Doña Elvira nos dejó. Tenía 92 años y Don Antonio me acogió en su casa como favor a su vecina de tantos años. Me llama Tote en vez de Rote, pero qué le voy a decir ya.

Hoy es jueves y es el día del libro en el pueblo. Doña Elvira lo llamaba así porque viene esa furgoneta repleta de libros y esas chicas tan majas nos hacen compañía. Doña Elvira sí leía, pero el señor Antonio hace años que perdió el interés en la lectura. Apenas puede ver y le cuesta mucho leer incluso las cartas que le llegan. Las chicas se bajan de la furgoneta y Don Antonio se acerca a paso lento.

- ¿Qué tal todo Don Antonio? ¿No vienen sus hijos y sus nietos este verano?
- Qué va – nunca fue persona de muchas palabras.
- Bueno, a ver si se pasan por aquí unos días y le hacen compañía, que los niños le alegran a uno la vida.
- Veremos.

Los nietos y bisnietos de Don Antonio llevaban dos veranos sin venir al pueblo. Su hijo mayor vino poco después de morir Doña Elvira. Le preocupaba que su padre se quedara sólo y lo quería llevar a algún lugar en la ciudad.

- Sólo no estoy. Estoy con él – le respondió señalándome con sus gruesos dedos.

Le llamaba por teléfono cada noche y siempre le explicaba lo difícil que se le hacía llevar a la familia por culpa del trabajo. Don Antonio contestaba de forma austera.

La furgoneta de los libros se va sin dejar ni recoger ninguno. Nadie lee ya en el pueblo. Igual que ya nadie oye la radio ni charla en la plaza, frente a la iglesia. Tampoco va nadie a misa desde que el padre Ernesto muriera, siendo yo joven. Sólo estamos Don Antonio y yo y el viejo roble, sonando sus hojas en días de viento. Casi ni las palomas nos visitan. Ni los viejos gatos pasean por los tejados. Eran amigos, aunque a veces los quisiera matar de lo molestos que eran. Ahora los extraño. Mucho.

Doña Elvira me cuidó durante casi veinte años. Éramos más perros en el pueblo, pero poco a poco fueron muriendo. El grandote de Leo nos dejó hace un par de años, dejando vacío ese espacio bajo el banco de la plazoleta. Todos los rincones del pueblo tenían vida cuando fui cachorro y ahora no queda más que silencio y tierra. 

Vienen visitantes de un día, turistas los llama Don Antonio. Charlan con él y a mí me acarician el lomo. Sé que él disfruta cuando vienen; puedo ver sus ojos vidriosos cuando los coches se van después de que les haya contado los avatares del pueblo: los bombardeos de la guerra, las hambrunas, que si comían ratas, el tren que dejó de venir, que si la escuela cerró, que si aquella carretera se hizo muy lejos… 

Ya ni siquiera los veranos son como antes. Cuando los vecinos morían sus hijos, nietos y bisnietos olvidaban al pueblo. En las ciudades tienen tantas cosas que hasta se han quedado con los veranos y las risas de los niños. Se han quedado hasta con las palomas de las plazas. En las ciudades tienen tanto que hasta nos han dejado a los pueblos sin las matemáticas en la escuela.

Creo que a Don Antonio y a mí no nos quedan muchas semanas más que pasar juntos. Cuando el último de nosotros se vaya el pueblo se irá con él. Se irán los gritos en la plaza y los balonazos en la iglesia, o el recuerdo que aún guardamos los que aún seguimos aquí.


Este relato participa en el Concurso de historias de animales de Zenda.

Con sigilo

Mochileo Low Cost

Sentía su abdomen contraerse bajo mi cuerpo. Debo admitir que me hacía cierta gracia notarle moverse inquieto e incluso oírle jadear aceleradamente. Él debía pensar que estaba siendo sigiloso, pero me habría despertado incluso de la muerte con tanto temblor.

Lo hago siempre que puedo y no es algo de lo que presumir, pero les voy a confesar algo: me gusta dormir sobre los humanos. Las noches en el desierto son frías y el calor de un cuerpo me ayuda a conciliar el sueño. La mejor elección es siempre la de los senderistas que acampan en mitad de la nada, alejados del mundo, donde sus gestos angustiosos no pueden ser vistos por nadie. Me temen.

No saben que soy totalmente pacífica, por eso me temen. Durante el día les notas mirarte con desprecio, pero nunca muestran miedo. Se alejan si te acercas, pero luego se vuelven agresivos, dispuestos a golpearte en la cabeza con lo primero que pillen. Ellos saben que les podría matar con apenas un pequeño mordisco. Un simple segundo y pasarían horas de sufrimiento. Sentir su fina piel crujir bajo mis colmillos, el sabor a sangre en mi lengua, y mi veneno comienza a circular por sus venas. Primero el pánico, luego los sudores, la fiebre y finalmente un sueño del que no van a despertar. Pero no somos así.

Le noto mover los brazos y muevo rápidamente mi cola. Es mi momento favorito. Se paralizan. Un pequeño sshh y sientes que le dominas. Ninguna de nosotras tiene intención de matarles. Tenemos una vida muy sencilla y tratamos de no cruzarnos con ellos. El desierto es muy grande y puedes pasar toda una vida sin verles, pero al final alguno acabará cruzándose en tu camino. Te alejarás y te irás a un lugar tranquilo, a la búsqueda de algo que comer, algún pequeño roedor con el que luchar a muerte para sobrevivir unos días más. Pero tarde o temprano ellos aparecerán. 

Nos desprecian. A nosotras y a muchas más. Nos cazan, nos disparan por diversión, nos despellejan vivas. Por eso disfruto estos momentos, mientras le noto comenzar a gimotear. El pánico le hace llorar. Dicen que cuentan historias sobre nosotras, que siempre somos malvadas, y por eso nos quieren matar. Pero sabemos que matan a muchas más. Lo hacen por diversión. Ah, su corazón se acelera. Empieza a palpar la lona de la tienda buscando la cremallera. La abrirá rápido y huirá. Es la forma más inteligente de deshacerse de nosotras, porque piensan que son rápidos y sutiles. Siempre tan egocéntricos. Podría girarme sobre mí misma y mirarle directamente a sus ojos empapados en lágrimas. Avanzar reptando sobre su pecho húmedo de sudor y posarme sobre su cara. Aprovechar la pequeña rendija que dejó abierta antes de caer dormido y salir tranquilamente a disfrutar del amanecer.

Pero esta es siempre una guerra que perderemos. Todas nosotras. Podría matarle y no lo hago. Simplemente duermo. Durante horas hemos compartido la tienda y su calor, pero siempre me temerá. Saldrá de aquí y me odiará. Pero ya me odiaba antes. Nunca nos había visto y sentía miedo y odio hacia todas nosotras. Hemos perdido.

Creo que va a salir. Le dejaré huir y me marcharé. Ahora sí que su corazón se está acelerando. Noto el sonido de la cremallera subir lentamente. Me quedaré quieta. El sonido ha parado y empieza a mover sus piernas. Las encoge. Es listo. Y sale, rápido, aunque torpe. Me ha empujado con sus manos y ruedo por el suelo de la tienda. Me gustaría agradecerle la noche que me ha hecho pasar. Decirle que dormir en agujeros de arena está bien, pero que su calor es un lujo. Que muchas más como yo querrían compartir este espacio con él. Que, si él quiere, puede dormir totalmente cubierto de muchas como yo. Sonrió para mis adentros imaginando su cara y su respuesta.

Me arrastro por el suelo y salgo a la luz del sol, aún débil. Distingo su silueta y parece que agarra algo. Se lo acerca a la cara. ¡Será desgraciado!

Sé que muchos pensáis que lo merezco, pero yo sólo quería dormir. Me alejo lo más rápido que puedo y oigo el disparo detrás de mí.


Este relato participa en el Concurso de historias de animales de Zenda.

jueves, 18 de julio de 2019

Un desvío

Mochileo Low Cost
Juro que no sé cómo había acabado metido en aquel embrollo. Ana me había pedido su ayuda para una investigación de su doctorado, supuse, y alteré un poco mis planes. Planeaba bajar desde Zacatecas a San Luis Potosí, pero no me importó desviarme hacia Guanajuato un par de semanas antes de lo previsto. Y ahora me veía de repente corriendo por los callejones, acelerando el paso, pendiente de que aquel tipo.


“Qué mejor manera de celebrar que tu tesis ha resultado casi perfecta que seis meses de mochilero por México, sin las obligaciones del investigador”, había pensado un mes antes al aterrizar en San Diego. Visitaría playas, desiertos y junglas, pero sobre todo volvería a esos lugares que había plasmado en dos años de documentación, de escritos y noches de café y libros bajo la luz de un flexo. Relajadamente.

Cuando me reencontré con Ana en Zacatecas la idea era pasar unos días paseando por la ciudad. Frente a la portada de la catedral, contando las hojas de parra talladas en los capiteles, su frase, seca, me desconcertó:

- ¿Y si todo fuera mentira?

- Bueno, son hojas hechas con piedra, no son de verdad – respondí lo que en aquel momento me pareció más lógico.

- Me refiero a la Historia de México, a la que siempre nos contaron. A la que estudiamos tú y yo – se giró hacia mí-. Necesito que me ayudes.

Una hora después trataba de bajar el tono de mi voz. Rodeado de las coloridas mesas de Doña Julia intentaba hacer ver a Ana lo estúpido de su idea mientras ella daba cuenta de media docena de gorditas. Quería dar un nuevo enfoque a su investigación y había un par de documentos en Guanajuato que necesitaba, pero que a ella le sería imposible obtener. Lo que no entendía es por qué pensaba que para mí sería más fácil teniendo en cuenta que debían ser robados.


Tres días después allí estaba yo, siguiendo un mapa, en una de las cunas de la Independencia mexicana, tratando de ayudar a una amiga a desmontar todo a lo que había dedicado mis dos últimos años.

- Hola, tengo pase de investigador. El profesor Marcos me autorizó a visitar la Sala Hidalgo – el bedel de la Alhóndiga me miraba extrañado.

- Ahí no más se puede entrar con un permiso federal, señor.

- Bueno, don Rodrigo me aseguró que un decano de una facultad de la Universidad Nacional Autónoma de México debería valer para visitar esa sala. – seguía los pasos que Ana y el profesor me habían dado. – Entienda que no puedo traer una autorización directa de la Secretaria de Cultura.

Y sorprendentemente allí estaba, en una sala que guardaba legajos que no me habían sido permitidos estudiar en su momento, tratando de abrir una puerta con una llave oxidada. Me habían asegurado que esa puerta se abriría fácilmente, pero obviamente esto no iba a ser tan sencillo. Me habían dado media hora de visita y llevaba ya veinte minutos tratando de abrir la maldita puerta. “Debí haber empezado el viaje en Cancún, joder”, me repetía a cada intento. Cuando la puerta se abrió corrí hacia la pared izquierda, estante tercero por abajo, segunda puerta a la derecha, primer tomo a la derecha. Lo agarré con cuidado y lo guardé en la bolsa sellada que me habían dado y lo introduje en el doble fondo que la americana tenía en la espalda, donde debía disimularse mejor.

Al salir y recoger mi teléfono móvil noté que el bedel me inspeccionaba con su mirada.

- ¿Todo bien allá adentro, señor? ¿Encontró lo que buscaba?

- Más o menos, - respondí firme -. Que tenga usted un buen día.

Y salí a la calle. El calor de la ciudad me golpeó y ya venía acalorado de la experiencia de robar un documento histórico. El mapa me indicaba un camino sencillo que conocía bien de mis visitas a la ciudad. No me gustó pensar que aquella misión debía acabar, como Ana y el profesor Marcos me habían indicado, en un panteón del cementerio. Y al salir de la Alhóndiga le vi a lo lejos. Noté esa mirada directa que las personas fijan en otras cuando saben que han hecho algo malo. Tuve que desviar mi camino y no tomar la Avenida de la Insurgencia, sino girar hacia Positos. Conocía bien la zona de la Universidad y la Basílica y sabía que entre el gentío y un par de callejones podía darle esquinazo.

Confirmé que me seguía y entonces aceleré el paso. Giré al llegar a la escalinata y tomé dirección a la Plaza de San Fernando. Noté en los callejones en torno a la iglesia de San Roque que le tenía a la distancia suficiente para correr y no ser alcanzado, así que tomé la Avenida de Benito Juárez a toda velocidad, seguí por Tepetapa y eché la vista atrás. Había sido atleta de fondo en mi adolescencia, pero confiaba demasiado en mis capacidades físicas; en realidad llevaba años siendo un ratón de biblioteca. Cuando llegué a la calle de los Angelitos giré y comencé a subir la cuesta hacia el cementerio. Apenas 20 metros me separaban de mi perseguidor.

Encontré la puerta del cementerio abierta y giré a la izquierda, buscando un panteón con una cruz y un ángel. “Muy original”, pensé, pero lo cierto es que allí estaba, al fondo. Saqué fuerzas y entré, apenas un segundo antes de cerrarle la puerta en las narices al tipo. Entonces bajé la escalera muy lentamente, tanteando las paredes. Al llegar abajo abrí una pesada puerta y me llevé el mayor susto de mi vida: una cara horrible me miraba de frente con un gesto de dolor. El grito que di alertó a Ana, que apareció en seguida y encendió una luz. Pude ver entonces que estaba en el Museo de las Momias.

- Vámonos - me dijo-. Ahora es cuando la cosa se va a poner bien fea.

“Sí, debí haber empezado por Cancún”.

Papeles

Mochileo Low Cost
Mi cuñada lo había llamado un “detox” y yo no tenía ni idea de a qué se refería. Que me iba a desintoxicar de redes sociales y aparatos, decía. “¿Intoxicado yo?”, le había preguntado, y me respondió con algo acerca de meditaciones y de monasterios en India, o Indonesia, no sé, o en un pueblo de Madrid, en que estás callado muchos días sin contacto con el exterior. 

- Yo sólo quiero viajar como se hacía hace veinte años, déjame de cosas raras – le respondí, volviendo a tratar de enderezar la conversación a lo que me interesaba, que eran las recomendaciones.



Efectivamente mi intención no era otra que pasar cinco días agradables sin la necesidad de usar para nada las redes sociales ni el teléfono móvil, que por supuesto quedaría guardado en casa. Me armaría de un mapa, una guía e incluso había rescatado una vieja cámara a carrete del trastero de un amigo. “Sentir la adrenalina del miedo a una foto mal hecha”, me dijo.

El primer palo me lo llevé aquella misma tarde, en la reunión de amigos que había organizado para oír consejos y advertencias, al preguntar qué lugares no me podía perder, dónde podría comer sin sentirme atracado y qué barrios era mejor no pasear a según qué horas. Traté de sacar el mapa pero tres pantallas iluminadas me asaltaron. Un montón de dedos se deslizaban sobre ellas, señalando lugares. Mi cuñada abrió esa aplicación de fotos para enseñarme esas fotos tan “cool” (juro que usó esa palabra) de aquella ciudad. Traté, sin éxito, de involucrarles en mi viaje: nada de pantallas, ni internet, sólo palabras, mapas o libros.

Empezaba a apreciar mi reto como algo snob, y no tardé en dudar de su utilidad que ciertamente no era otra, como dije, que alimentar mi ego. Cuatro tiendas de fotografía después me había hecho con cinco carretes fotográficos. Mi tren partía a la mañana siguiente.

Conocía el país y el idioma, así que no me era una plaza desconocida. Bajé del tren y me dirigí a una oficina de turismo a pedir un mapa para orientarme y observé que durante esa semana tenía lugar un concurso de fotografía en la ciudad con un suculento premio de 100€ y cena en uno de los mejores restaurantes del país (eso decía mi guía). Suponía la respuesta a mi pregunta, pero no la cara que las dos jóvenes pusieron cuando les sugerí si el concurso aceptaba fotografías en papel. “

- Tienen que subirse a la aplicación y promocionarlas con el hashtag oficial. La idea es que se compartan y así llamar la atención de la gente para que vengan. 

Lo peor de todo es que tenía todo el sentido del mundo y yo mismo me había buscado esa pequeña humillación en forma de susurros y sonrisas que sentí clavarse en mi nuca (y mi orgullo) al girarme y encarar la puerta de la estación.

Un pequeño hotel del centro de la ciudad era mi objetivo. Coqueto, no excesivamente caro y bien ubicado, según la recomendación de una amiga. Casi me suplicó que hiciera la excepción de probar a reservar por internet. “No te arriesgues”, me dijo, pero quise hacerle entender que no sólo era un viaje en el espacio, si no que también trataba de serlo en el tiempo. 

- Tiene usted suerte – me respondió el recepcionista en un perfecto castellano con un toque de acento local –. Es temporada baja y el hotel no está lleno. ¿Español verdad? Mi madre es de allí, de un pueblo de Andalucía. ¿Sabe qué? Si reserva por nuestra web tiene el desayuno incluido.

- ¿Y si lo reservo aquí no? – la idea del desayuno fue clave.

- Es sólo una oferta web.

- Y no tienen ofertas de recepción – ironicé. Quería el desayuno gratis, lo admito.

- Puedo hacerle la reserva a través de nuestra web, si quiere.

Acepté de buen grado pensando en que no había sido yo quien tecleaba el ordenador y en el desayuno que disfrutaría a la mañana siguiente.

Paseé por la ciudad, visité museos y comí en buenos restaurantes, pequeños, que me pedían que por favor escribiera una reseña en internet. Eso me hizo reflexionar sobre mi objetivo aquellos días. Había tenido una buena atención del recepcionista del hotel y la comida era exquisita y sentía cierta necesidad de devolverles aquello. ¿Podría acabar mi detox al volver a casa y escribir esas reseñas?


La respuesta a todo me llegó a través de una vieja librería. Me interesó mucho su dueña, una anciana de cara sonriente, ordenando unos libros que nadie habría tocado en años. Al verme pasear admirando los estantes llenos de polvo me indicó hacia una puerta que debía dar a otra sala:

- Es arriba – le entendí.

- ¿No es aquí la tienda? – pregunté, pensando en que igual estaba en algún almacén.

- Por la escalera. Arriba – volvió a insistir.

Me dirigí a la puerta y me alegré al ver a otros turistas ojear libros y postales. Subí la escalera, dejando pasar a quienes bajaban, sonrientes. Y allí estaba: una terraza con muebles de madera vieja, flores, algunos libros amontonados y unas increíbles vistas a la ciudad. Jóvenes y mayores, posando despreocupados, se fotografiaban. Yo había visto ese lugar antes, en aquella aplicación de fotografías, cuando mi cuñada me dijo que era un lugar cool.

Y entonces entendí que, bajo mis pies, aquella señora tenía la librería más visitada de la ciudad. Mantenía sus estantes polvorientos, pero a su lado vendía postales, fotografías, guías y tenía un pequeño café donde también se fotografiaban los turistas, bien a ellos con los libros de fondo o directamente a sus tazas y pasteles. Alguien se fotografió allí y popularizó el lugar y ahora permite que esa librería, que en circunstancias normales habría cerrado hace años, siga abierta.

Tomé un café, compré un par de libros y me marché. Al llegar a casa iba a escribir una reseña del hotel y de lo amable de su recepcionista.

jueves, 28 de marzo de 2019

Presupuesto del viaje de dos meses por Colombia

Mochileo Low Cost
Hoy os traemos el presupuesto de nuestro viaje de dos meses por Colombia durante mayo, junio y julio de 2018. Como siempre hacemos, desglosamos los gastos en distintas categorías y aclaramos que son gastos para dos personas (salvo que se especifique lo contrario). Y por supuesto, se trata de los gastos de nuestro viaje y de nuestra experiencia personal y estos gastos variarán siempre en función de cada persona. Pero creemos que si alguien decide hacer un viaje similar por Colombia les puede servir de orientación. Este presupuesto forma parte de nuestro viaje de seis meses por Cuba, México, Guatemala, Belice y la propia Colombia, por lo que también está condicionado por la duración de este viaje. Lo que deseamos es que este presupuesto os pueda servir de ayuda para organizar vuestro viaje a este fantástico país y para que, en caso de dudar, animaros a dar el paso.


Ana en las calles de la colorida Guatapé

GASTOS PREVIOS Y POSTERIORES

Siempre hay gastos que no tienen que ver con nuestra estancia en Colombia como tal y que pueden variar dependiendo de cómo llegues al país, así que os lo desglosamos en este apartado:

- Vuelos Cancún-Bogotá: como nuestra llegada a Colombia formaba parte de un viaje más amplio el vuelo de entrada no lo realizamos desde España, sino desde México. La opción que mejor encontramos fue hacerlo desde Cancún a Bogotá, comprándolo apenas unos días antes. El vuelo costó 346,37€ los dos, es decir, 173,18€ por persona.

- Vuelos Medellín-Madrid: Colombia era el último país que visitaríamos en nuestro viaje, así que la vuelta sí la hicimos hacia España. Para poder entrar a Colombia sin ser ciudadano colombiano es necesario que tengas comprado un billete de avión de salida. El vuelo costó 608€ los dos, es decir, 304€ por persona. Para buscar las mejores ofertas de vuelo os recomendamos usar la web de Skyscanner, como hicimos en este caso.

- Seguro de viajes: nosotros teníamos contratado uno por 9 meses que nos costó 915,23€ para dos personas (457,60€ cada uno). Si decides sacarte un seguro de viajes (algo que nosotros siempre recomendamos encarecidamente) sólo para la estancia en Colombia te saldrá muchísimo más barato. Nosotros viajamos con IATI Seguros, con el que tendrás un 5% de descuento contratándolo desde este enlace.

GASTOS COLOMBIA

Este cuadro es un resumen de los gastos que tuvimos en nuestra estancia de dos meses en Colombia separados por categorías: alojamientos, transportes, comida, internet, actividades y otros. Os dejamos los gastos tanto en pesos colombianos como en euros al cambio que obteníamos en el cajero (1 euro=3400 pesos) para dos personas:


- Alojamiento: en Colombia nuestro gasto en alojamiento fue algo menor de lo que esperábamos ya que gracias a la hospitalidad de los colombianos pudimos dormir en casas de amigos en Neiva, Cali y Medellín. Además realizamos colaboraciones con algunos alojamientos que nos redujo el gasto. Mayormente realizamos las reservas en hoteles a través de Booking (si todavía no disfrutaste del descuento de 15€ puedes reservar desde este enlace y ganas 15€ después de tu estancia) y de AirBnB (si no tienes cuenta, hazte una desde este enlace y ganas 25€ de descuento para tu primera reserva).


- Transporte: Colombia ha sido el país al que hemos viajado en el que más hemos utilizado el taxi o servicios como Über. Para otros trayectos en ciudades como Medellín o Bogotá usamos el transporte público y para las largas distancias viajábamos en autobuses. También realizamos un vuelo entre Cartagena y Pereira y otros servicios como Jeeps o incluso una Garrucha, un transporte muy particular en el pueblo de Jardín. Aquí están detallados todos los transportes que tomamos y sus precios por persona:


- Comidas: veníamos de México, donde estuvimos casi siempre comiendo en la calle por un precio muy barato y en Colombia seguimos el mismo patrón. Aquí sin embargo probamos más la comida de restaurantes, como el Crepes and Waffles, un sitio con una comida buenísima. Probamos casi todos los platos típicos colombianos que pudimos y gracias a pasar mucho tiempo con locales pudimos comer en sitios que por nuestra cuenta no habríamos ido.

La bandeja paisa es uno de los platos más famosos de Colombia

- Otros: como siempre, la categoría donde incluir lo incatalogable. Desde regalos a ropa, ir al baño o una taquilla.

- Internet: pagamos una tarjeta prepago de la compañía Claro con la que tuvimos 1,5Gb para navegar (con Facebook, Whatsapp y Twitter ilimitado). Curiosamente este plan nos duró dos meses y sólo pagamos por un mes por algún error.

- Actividades: cuando se viaja hay que visitar cosas y algunas de ellas cuestan dinero, así que siempre os detallamos qué atracciones visitamos y cuánto nos costaron. Alguna fueron gratuitas, como el tour guiado por Bogotá o el Museo Botero, también en la capital. El Tour guiado por Popayán era gratuito, pero decidimos dejar una propina. El Tour a la Guajira con Niños del Desierto fue la actividad más cara, pero duraba tres días y dos noches, con servicio de transporte incluido, una comida y una noche en una hamaca (que es como se duerme en la Guajira).

RESUMEN

En Colombia, al igual que nos ocurrió con México, el mayor gasto del presupuesto fue a parar a la comida, que viendo lo poco que nos gusta cocinar y lo rica que está la comida es totalmente compresible. Gracias a nuestros amigos y a haber logrado colaboraciones con algunos alojamientos, el gasto de dormir fue menos del esperado (además de ser más barato que México o Guatemala). El gasto en actividades sí fue algo superior, ya que en general las entradas eran algo más caras (o menos baratas, para ser exactos).

En Colombia pudimos mantener el gasto medio que habíamos tenido durante los seis meses de viajes, así que estamos contentos de haber vencido a la tentación de gastar más por saber que el viaje acababa ahí. En general nos pareció un país barato para viajar, especialmente el alojamiento saliendo de los lugares más turísticos (Salento, Cartagena, Santa Marta) y sobre todo la comida y los transportes de corta distancia. Esperamos que este presupuesto os pueda ayudar a organizar vuestro viaje por este maravilloso país.

Recuerda que puedes seguirnos en nuestras redes sociales en Facebook, Instagram, Twitter y nuestro canal de Youtube.


lunes, 12 de noviembre de 2018

Presupuesto del viaje de dos meses por México

Mochileo Low Cost


Como siempre hacemos os dejamos nuestras cuentas con todo detalle sobre nuestro viaje por México durante los meses de marzo y abril de 2018. Los gastos son de dos personas y como siempre aclaramos que es nuestro presupuesto, de nuestro viaje con nuestros gustos y nuestras prioridades y no privándonos a la hora de elegir alojamiento o actividades. Este viaje está dentro de un viaje largo de seis meses y fue después de visitar Cuba durante 22 días y antes de visitar Guatemala, Belice y terminamos en Colombia otros dos meses.




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GASTOS PREVIOS Y POSTERIORES

Estos son los gastos que hemos tenido antes de entrar en México, que depende desde dónde vueles serán más elevados o  más bajos.

- Transporte entrada y salida de México: como volábamos desde La Habana el coste del vuelo fue mucho menor que si vuelas desde España u otro punto. El coste de los dos billetes de avión sólo ida La Habana-Cancún fueron de 106,64€ y la última salida de México por aire fue Cancún-Bogotá con un coste de 346,37€.

- Seguro de viajes: nosotros tenemos un seguro que es válido para 9 meses (lo máximo que teníamos planeado viajar este 2018). Pagamos 915,23€ para dos personas, es decir, 457,60€ por persona. Si tu idea es viajar sólo a México, el precio es muchísimo menor.

-Visados: al entrar por aire no hemos tenido que pagar ningún visado. Al salir por tierra entre Chiapas y Guatemala nos intentaron cobrar un impuesto ilegal para los que entramos por aire y que los agentes de aduana casi nos obligan a pagar. Sin embargo sí pagamos un impuesto entre Belice y México al entrar por tierra de 46,79€ los dos. Si te obligan a pagar este impuesto hazlo en el banco de la aduana y que ten recibo del pago.

GASTOS MÉXICO

En el siguiente cuadro detallamos cuales fueron los gastos totales de nuestro viaje por México separados por categorías: alojamiento, transporte, comida, internet, actividades y otros. Os mostramos los gastos tanto en pesos mexicanos como en euros al cambio que había cuando retirábamos dinero del cajero (1 euro = 23, 2 pesos) y resaltar que los gastos son de los dos. 



- Alojamiento: este gasto fue algo reducido al quedarnos ocho días en casa de unos buenos amigos en León. Decir que cuando llegamos nos sorprendió el precio de los hoteles u hostales que buscábamos en Booking.com siendo más altos de lo que imaginábamos. Así que nos salvó Airbnb, donde reservamos casi en la mayoria del viaje porque era más barato y más cómodo.



- Transporte: nos aconsejaron alquilar coche para la Península de Yucatán y esto hizo que se elevara nuestro presupuesto por la Riviera Maya, pero también que tuviéramos más libertad. En el resto del país nos movimos siempre en autobús, siendo estos muy confortables y seguros. Nunca tuvimos ningún problema y viajábamos muy cómodos. En la capital utilizamos siempre el metro y la segunda vez que volvimos a la Península de Yucatán utilizamos las combis, que son furgonetas pequeñas más económicas que los autobuses ADO, pero más lentas.


- Comidas: la comida mexicana es deliciosa y muy barata. Puedes comer en la calle por 1,5€ por persona o un menú del día por 2,5€ por persona. También tomamos algunos Frapuchinos en el Starbucks por 3€ cada uno, y es que a veces apetece refrescarse con wifi en un lugar conocido. En general comimos muchos tacos y mucha comida callejera hasta que llegamos a San Cristóbal de las Casas, que teniendo un alojamiento tan barato (9,20€ la noche) compensamos probando los distintos restaurantes que hay en la ciudad chiapaneca.

Tacos de pescado en Ciudad de México
- Otros: ese cajón desastre donde tenemos gastos personales como regalitos, lavandería o el pago por ir al baño en las estaciones de autobuses.

- Internet: escogimos la mejor opción que vimos el primer día en el Walmart de Ciudad del Carmen. Una tarjeta prepago de la compañía AT&T que ya habíamos probado en nuestro viaje por la Costa Oeste de Estados Unidos el año anterior y tan bien nos fue. Escogimos el plan de 2GB de internet, redes sociales con datos ilimitados y una duración de un mes por 13€.

- Actividades: ruinas Mayas, Teotihuacanas, Aztecas o Zapotecas. Un tour para visitar el Cañón del Sumidero, entradas a museos o incluso las entradas al cine para ver la última película de Los Vengadores. Os dejamos detallado los precios de los sitios arqueológicos más populares.

RESUMEN

La mitad del gasto que hemos tenido en México se ha ido a la comida, lo cual es comprensible viendo lo rica que está la comida mexicana y que prácticamente en cada esquina había un sitio donde comer. El alojamiento nos pareció caro, pero aún así usando AirBnB nos salió bastante bien de precio. Por último, las entradas en México son muy baratas si lo comparamos con el valor que tienen los sitios arqueológicos o los museos, que son de bastante calidad. 

En general estamos contentos con los gastos que hemos gastado, aunque hemos estado por encima del presupuesto inicial que nos marcamos de 35€ por noche para dos personas. La idea era gastar 1000€ al mes por pareja y al final han sido casi 1200€, por lo que tampoco nos hemos desviado mucho y no nos hemos privado de nada en cuanto a alojamiento, actividades y comidas.




🇲🇽🇬🇹 23-04-18. Día 83. Cada vez que terminamos el viaje por un país nos gusta sentarnos y hacer resumen de nuestros gastos. Hoy hemos cruzado la frontera entre México y Guatemala, tras esquivar los intentos de cobro ilegal de una tasa por parte de un policía de aduanas mexicano. Nuestro lema es: “ahorrar en lo prescindible (como una tasa ilegal) para gastar en los imprescindible (ruinas arqueológicas).” . ¿Viajando os marcáis presupuesto? ¿Apuntáis todos los gastos? . . . . #budget #budgettravel #travelbudget #travel #traveling #traveller #travelblog #travelblogger #travelbloggers #travelingram #instatravel #instatraveling #travelgram #mexico #guatemala #visitmexico #visitguatemala #explorandoguatemala #notebook #travelersnotebook #travelbug #wanderlust #trip #instapassport
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Esperamos que este presupuesto os haya resultado útil. Cualquier duda o consulta que tengáis podéis escribirnos un comentario en esta entrada, mandarnos un email o poneros en contacto con nosotros a través de las redes sociales.

Para leer más entradas de nuestro viaje a México pincha aquí.

DESCUENTOS Y AYUDA PARA TU VIAJE A MÉXICO

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Si reservas a través de nuestro blog, eso nos ayudará a seguir viajando gracias a una pequeña comisión que ganamos. Gracias por tu ayuda.

jueves, 8 de noviembre de 2018

Nosotros

Mochileo Low Cost
¿Quiénes somos? ¿Adónde vamos? ¿De dónde venimos? Estas preguntas suenan muy filosóficas, pero hemos pensado que, si has llegado a nuestro blog, a lo mejor te interesa saber algo de nosotros: nuestra vida, nuestra formación, nuestros viajes, curiosidades... Os resumimos todo en diez puntos para que nos conozcáis un poco mejor.

Lake Louise, Canadá 2016
1️⃣ Nos conocimos en el verano de 2006 en Port Aventura. Cada uno por separado nos fuimos a trabajar allí y lo que parecía que iba a ser un amor de verano se fue extendiendo y continúa doce años después. Allí nos dijeron por primera vez que parecíamos hermanos, algo que también sigue ocurriendo doce años después y en distintas partes del mundo. 

2️⃣ Ana es diplomada en Turismo y tiene un Máster en Dirección Hotelera. Empezó la carrera en A Coruña y en 2007 pidió un traslado a Sevilla. Allí Alejandro se licenció en Geografía. En 2010 nos mudamos a Tui, en Galicia. Ese mismo año nos mudamos a Madrid, donde Alejandro estudió Periodismo y Ana trabajó como recepcionista en uno de los hoteles más icónicos de Madrid. En 2013 nos fuimos a Sabadell donde Alejandro terminó Periodismo y Ana siguió como recepcionista. En 2013 y 2014 Alejandro trabajó en el periódico deportivo As. 

Porriño, Algeciras, Sevilla, A Coruña, Tarragona, Vila-seca, Tui, Madrid y Sabadell. Esas son las ciudades españolas en las que hemos vivido. Y nos parecen pocas.

3️⃣ En 2015 estábamos hartos de la situación que vivíamos en España y nos pedimos la Working Holiday Visa para Nueva Zelanda. Allí vivimos más de un año, conociendo el país y trabajando dos meses recogiendo peras y manzanas y 6 meses en un viñedo. En 2016 nos pedimos el mismo visado para Canadá, donde hemos pasado la mayor parte del año en un viñedo y también un mes limpiando habitaciones en un hotel. Estando en Canadá decidimos comprarnos un coche, camperizarlo e irnos de viaje por la Costa Oeste de Canadá hasta Alaska y luego bajamos hasta California por la costa Pacífica y desde ahí volver a subir por el interior de Estados Unidos en un viaje de cuatro meses. En 2018 nos fuimos seis meses a recorrer Cuba, México, Guatemala, Belice y Colombia. 

Puedes revisar todos los países que hemos visitado en este post. Hemos descubierto una forma de vida que nos apasiona y nos llena, trabajando y viajando por el mundo, descubriendo lugar y conociendo a gente maravillosa, y ya buscamos cuál será nuestro destino de 2019.


4️⃣ Alejandro no tiene carnet de conducir (ni intención de tenerlo) y no bebe alcohol. Ana sí tiene el carnet de conducir y sí bebe alcohol, pero tampoco mucho y nunca las dos cosas al mismo tiempo. Así que cuando hay una fiesta ya os podéis imaginar dónde está la anomalía.

5️⃣ Como una es gallega y el otro es andaluz, pues a veces nos mimetizamos y mezclamos nuestros acentos. Ana se ha aficionado al "no ni ná" y Alejandro al "home no!", una al "teskillá" y el otro al "maloserá". Y cuando cada uno pasa un tiempo con la familia se desmelan. Alejandro hablando más rápido y suelta un "Iyo" cada tres palabras. Ana hablando más gallego que nunca entre frase y frase. 


Entrando en Alaska. Verano 2017
6️⃣ Cada vez tenemos más claro que preferimos el frío al calor. Odiamos (sobre todo Ana) estar a 40º y nos encanta abrigarnos y tomar algo calentito cuando estamos a 0º. También somos más de montaña que de playa, sobre todo para Alejandro, que la ve aburrida y encima se le mete la arena entre los dedos de los pies. 

7️⃣ Ale es muy friki de la Historia y no visita un lugar sin documentarse lo máximo posible. También es un fanático del deporte, sobre todo del baloncesto y el fútbol, aunque practicar sólo practicó el atletismo; hace unos años fue campeón de Andalucía de Marcha Atlética y participó en un Campeonato de España cadete.

8️⃣ Ana tiene miedo a muchas cosas, pero sobre todo le aterra la rutina, establecerse en un lugar y dejar de vivir experiencias en lugares nuevos. Por eso, pese a pasarlo realmente mal en un avión o no abrir la ventanilla del coche con un oso a 100 metros, las ganas de viajar siempre vencen a los temores.

9️⃣ Al viajar sólo tenemos una cosa clara: nos pille en el rincón del mundo que nos pille, las Navidades las pasamos en casa con nuestra familia, cada uno en una punta de España, aunque eso suponga no vernos en dos meses.

🔟 Ale estuvo a punto de matar a Ana haciéndole reír mientras comía. Tres veces que se atragantó seriamente. Y no es exageración.

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