jueves, 5 de mayo de 2016

Siguiendo descapotables en el camino a Hana

Molokai nos había parecido increíble. Cumplía los requisitos que esperábamos de las islas hawaianas (sol, playas de arena blanca, montañas y vegetación tropical), pero éramos conscientes de que el hecho de que no hubiera turistas rompía con la tónica habitual. Ahora nos tocaba adentrarnos en la segunda isla más turística, Maui, la “isla valle”, donde recorreríamos la carretera a Hana, echando de menos las vacías rutas de Molokai.

DÍA 20 DE ABRIL: MAUI


Despegábamos desde el minúsculo aeropuerto de Molokai y dejábamos atrás la tranquilidad de esta pequeña isla con destino a Maui. Nuestra idea aquella misma mañana sería buscar un wifi nada más llegar (en los aeropuertos hawaianos no hay wifi gratuito y hay que hablar con la familia cuando se viaja, nunca os olvidéis) y arrancar en la carretera con destino a Hana. Tras recoger el coche de alquiler (esta vez nos tocaba Thrifty), pagando un extra para un coche de mejor gama (nos lo recomendaron si queríamos subir a la cima del volcán), condujimos unos minutos hasta el Centro Comercial Queen Kaahumanu y conectarnos, ya que pasaríamos el día lejos de la capital de la isla.

Por lo tanto nos poníamos en ruta en la serpenteante carretera hacia Hana más tarde de lo que nos hubiera gustado. Desde el momento en que encaras la ruta notas que ésta es la actividad turística más repetida por los visitantes de Maui. Conduces detrás de coches de alquiler, muchos de ellos descapotables o Jeeps, y tienes que ser consciente que en cualquier momento te toca parar a un lado de la carretera para realizar alguna pequeña ruta o ver las vistas de la costa. Nuestro plan del día sería conducir hasta Hana e ir a dormir al camping situado en el Parque Nacional de Haleakala, en la zona del volcán, así que tampoco debíamos demorarnos mucho.

A lo largo de la carretera a Hana hay varios puntos interesantes para parar. El primero que encuentras son las Twin Falls (Cascadas Gemelas), pero ojo, no está nada señalizado y vas a encontrar de repente, tras una curva, un aparcamiento atestado de coches. Si no eres rápido para encontrar un aparcamiento puede resultar difícil parar. Nosotros, ante la dificultad, decidimos pasar de largo, ya que no somos tan amantes de las cascadas (salvo que sean casos especiales, como ya veréis). Así que nuestra primera parada fue en el Waikamoi Ridge Trail, que tampoco está muy bien indicado y la zona de aparcamientos es incluso más pequeña. La ruta, de unos 15-20 minutos, se interna en una zona de selva tropical y deja varias vistas espectaculares de un inmenso bosque de bambú en la ladera de la montaña.

Las vistas desde uno de los miradores del sendero
La carretera continúa bordeando la costa, dejando a tu derecha la frondosa arboleda y a tu izquierda el Océano Pacífico, salpicada en ocasiones por pequeñas cascadas y riachuelos que pasan debajo gracias a los numerosos puentes de un único carril (al estilo neozelandés). Perdiendo la cuenta de las curvas llegas hasta la península de Keanae, formada tras una erupción del volcán Haleakala, lo que explica el color negro intenso de las rocas contra las que el mar arremete. Buen sitio para tomar unas buenas fotografías y para comer el famoso pan de plátano (Banana Bread) en un pequeño puesto a la entrada de la península.


Las rocas rojas negras de Keanae y el famoso pan de plátano de Hawái.
A lo largo de la Hana Highway se pueden hacer numerosas paradas y va en función de cuánto tiempo se quiera invertir en la ruta. Nosotros paramos de nuevo en el Waianapanapa Beach Park, gestionado por el Condado de Maui (por lo tanto, con zona de acampada para dormir), donde se puede disfrutar de la espectacular playa de arena negra. Estas playas, habituales en Hawái dado su origen volcánico, presentan un contraste de colores que las hace especiales. Ahí pudimos disfrutar de nuestra primera tortuga marina (muy a lo lejos, nadando) y del marco especial que formaba el negro de las rocas, el azul intenso del mar y el verde brillante de la vegetación que salpicaba las rocas. Si el sol brilla con intensidad la escena es increíble. Junto a la playa se encuentra un géiser marino (blowhole, en inglés), donde poder ver cómo el mar salta por los aires al penetrar por los orificios que las rocas dejan en la orilla (menos espectacular que el que habíamos visto en las Pancake Rocks en Nueva Zelanda). Siempre la fuerza del mar, y por tanto la altura y espectacularidad del géiser, serán mayores en los momentos de subida de marea.


La playa de arena negra (arriba) y el géiser marino en plena acción.
Pasamos de largo del pueblo de Hana, donde no hay mucho que hacer, para conducir hasta el pequeño trozo que el Parque Nacional de Haleakala ocupa en la costa sur de la isla. La entrada al Parque Nacional suele ser de 15$ por vehículo válido para tres días, pero por aquellas fechas se celebraba en Estados Unidos la semana especial de los Parques Nacionales, por lo que la entrada era gratuita. Visitamos las Oheo Gulch, las Siete Piscinas Sagradas, cuyo nombre en realidad es una invención turística, y que no es más que una continuación de pozas bajo pequeños saltos de agua donde poder bañarse si el tiempo y las condiciones del mar lo permiten. Junto al aparcamiento, además de baños y un Centro de Visitantes, hay varias rutas de senderismo (una de las cuales haríamos al día siguiente) y zonas donde poder sentarse a ver la inmensidad del océano.

Eran las tres de la tarde y nos planteamos dos opciones: ir a dormir al volcán o dormir allí mismo en el camping dentro del Parque Nacional. Las dos opciones eran gratuitas (sólo se paga la entrada al Parque, aunque no esa semana), pero el camino al volcán llevaba al menos dos horas por una carretera llena de curvas y con tramos sin asfaltar. Lo pensamos durante un rato y decidimos plantar la caseta allí mismo, en un amplio claro de césped.

La zona de acampada del Parque Nacional de Haleakala
Nos fuimos a dormir con las espectaculares escenas que habíamos disfrutado en nuestro camino a Hana, pero también con la sensación de haber acertado empezando nuestro viaje en Molokai. Maui, ya este primer día, nos había parecido objetivamente más bonita, pero la cantidad de turismo que invade cada lugar es el precio que debes pagar. Al día siguiente descubriríamos algunos de nuestros rincones favoritos de Hawái, caminando entre bambús de decenas de metros de altura, atravesaríamos una carretera desértica y coronaríamos la cima de un volcán con las nubes a nuestros pies.

Recuerda que puedes ver todas nuestras fotos de Maui en nuestra página de Flickr y todo nuestro viaje de Hawái en este enlace.

Te ha resultado:

0 comentarios:

Publicar un comentario

Vuestros comentarios nos ayudan a continuar